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Le Pen saca partido del caos

Los percances del centroderecha nutren las expectativas del Frente Nacional en las municipales y las europeas

Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, este sábado en Henin-Beaumont. Ampliar foto
Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, este sábado en Henin-Beaumont. ap

La semana trágica de Nicolas Sarkozy y de la derecha gala ha sido la peor en meses. A dos semanas de las municipales que deberían sellar la recuperación de su partido —Unión por un Movimiento Popular (UMP)— y trasladar el descontento popular con el Ejecutivo socialista de François Hollande, el discutido líder de la oposición, Jean-François Copé, también se ve implicado en un escándalo de corrupción.

Copé ha sido acusado por la revista Le Point de haber pagado ocho millones de euros a una empresa llamada Bygmalion, controlada por dos amigos y exempleados suyos, que organizó los mítines de Sarkozy en 2012. La investigación afirma que la titularidad real de la empresa se pierde en una marea de testaferros y sociedades pantalla con sede en Luxemburgo, y que participa en ella un fondo catarí que compró bienes del Estado francés cuando Copé pilotó esas ventas en calidad de ministro de Hacienda.

El jefe de los desnortados conservadores galos (derrotados también el viernes en Dublín a escala europea) compareció el lunes pasado ante la prensa sin aceptar preguntas para dar explicaciones sobre lo que parece un caso Gürtel a la francesa. No pudo desmentir una sola imputación y se limitó a proponer leyes que ya existen y una ocurrencia exótica: guardar la contabilidad completa del partido bajo llave hasta que los demás grupos políticos publiquen la suya. Problema: las cuentas de los partidos ya son públicas y las controla, con bastante más celo que en España, el Tribunal de Cuentas.

El actual líder de la UMP está acusado de desviar fondos de los actos del partido

Los desastres encadenados de la UMP han creado el caldo de cultivo ideal para el Frente Nacional (FN). El viernes, su líder, Marine Le Pen, aprovechó un almuerzo con periodistas para anunciar que su partido batirá su propio récord en las municipales del 23 y el 30 de marzo presentando listas en 597 municipios de más de 1.000 habitantes.

Le Pen asume que la implantación local del partido es todavía frágil, “solo un 30% del territorio nacional”, pero pronostica que el Frente Nacional puede volver a ganar algunas alcaldías tras su batacazo de 2008, cuando no obtuvo ninguna.

Desde su creación en 1972, el Frente Nacional siempre ha tenido problemas para encontrar candidatos en las municipales, y a veces tuvo que recurrir a poner anuncios por palabras en la prensa. Su mejor momento llegó en 1995, cuando presentó 537 listas y ganó tres alcaldías en la Provenza (Tolón, Orange y Marignane), y su peor resultado fue en 2008, coincidiendo con su crisis financiera: solo presentó 85 candidatos y se quedó sin alcaldes.

Desde que sustituyó a su padre en 2011, Le Pen hija ha emprendido una operación doble de renovación, destinada a hacer más presentable ideológicamente al partido y a implantarlo mejor en el territorio. Si en la primera tarea está teniendo un éxito discreto, porque de vez en cuando se oye a dirigentes del Frente Nacional lanzar los mayores disparates racistas —hace unos días, uno de sus candidatos por París propuso concentrar a los gitanos en campos—, la segunda parece haber dado mejores resultados.

En los últimos meses, el FN ha captado y formado a jóvenes y a sindicalistas desencantados por todo el país para ampliar el número de listas, aunque también ha recaído en el viejo truco de apuntar como candidatos a personas que luego denuncian al partido afirmando que no habían dado su permiso.

De cualquier forma, Le Pen sabe bien que el gran momento del Frente Nacional serán las europeas de mayo. “Creo que seremos el primer partido de Francia”, aventuró el viernes. “Y esperamos poder formar grupo propio en el Parlamento Europeo con los nacionalistas belgas, holandeses, austriacos y suecos”.