Israel ataca con artillería el sur de Líbano tras impactar varios cohetes su territorio

Ningún grupo ha reivindicado el ataque contra Israel, aunque la zona es bastión de la milicia Hezbolá

Soldados israelíes en alerta, este domingo en Kiryat Shmona.
Soldados israelíes en alerta, este domingo en Kiryat Shmona. BAZ RATNER (REUTERS)

Cinco cohetes han sido lanzados contra el norte de Israel desde posiciones en el sur del Líbano a primera hora de la mañana de este domingo. Sólo uno de ellos, un katyusha, logró impactar en suelo israelí, al oeste de la ciudad de Kyriat Shmona (23.000 habitantes), a unos cinco kilómetros de la frontera. Micky Rosenfeld, el portavoz de la Policía israelí, confirmó que no había causado daños personales ni materiales, al caer en campo abierto. Nissim Malka, alcalde de la localidad israelí, reconoció al diario Yedioth Ahronoth que se han vivido momentos de “pánico” en la zona, pero la situación actualmente es de calma, no se han interrumpido ni los colegios ni la rutina laboral.

El Ejército de Israel respondió con fuego de artillería, lanzado contra las posiciones desde las que, según sus datos, procedían los cohetes. Según un portavoz oficial, han sido tres los proyectiles disparados en represalia, pero los medios libaneses informaron de al menos una veintena, caídos sobre las localidades de Al Marea y Rashaya al Fakhar. En este caso tampoco se reportaron víctimas aunque la Agencia Nacional de Noticias libanesa dio cuenta de “daños” por el “fuerte ataque”. Al menos cuatro katyushas que no llegaron a cruzar la frontera hacia Israel cayeron en la zona de Sarda, sin consecuencias.

Israel ha presentado ya una queja ante la UNIFIL, la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para Líbano, cuyos cascos azules están investigando sobre el terreno lo ocurrido, con ayuda del Ejército libanés. La oficina de UNIFIL ha pedido “moderación” a las partes mientras se conocen más datos.

Nadie ha reivindicado el ataque contra Israel por el momento. El sur de Líbano es un bastión de la milicia chií Hezbolá, con quien Israel estuvo en guerra durante 34 días en el verano de 2006. Desde entonces, la frontera ha permanecido tranquila, salvo incidentes aislados. Sin embargo, en la zona también se encuentran desplegadas otras facciones palestinas que han atacado esporádicamente a su vecino. Hacía cuatro meses que no llegaban cohetes a Israel, desde que en agosto cuatro proyectiles, también katyushas, fueron lanzados contra el oeste de Galilea, sin daños. Hace dos semanas, un soldado israelí moría mientras patrullaba la frontera, pero se debió a disparos de un militar libanés, un “accidente”.

Pese a las incógnitas sobre la autoría de la agresión de hoy, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha señalado que es el Gobierno de Beirut el “responsable” de no parar a los culpables. Y, él sí ha citado expresamente a Hezbolá. “Lo que está sucediendo en Líbano es que Hezbolá está poniendo misiles y cohetes en apartamentos y cometiendo dos crímenes de guerra a un tiempo: el primero, disparando cohetes contra la población civil; el segundo, escondiéndose tras la población civil. Es un doble crimen cometido bajo la vigilancia del Gobierno libanés”, ha denunciado en la reunión semanal del Consejo de Ministros.

Moshe Yaalon, su ministro de Defensa, ha emitido un comunicado en el que avisa de una campaña mayor si la amenaza prosigue. “No vamos a volver a lo de siempre. Si es necesario, el Ejército responderá con una fuerza mucho mayor que la de esta mañana”, ha prometido. El teniente coronel Peter Lerner, portavoz del Ejército, ha calificado el lanzamiento de cohetes como una “flagrante violación, inexcusable e inaceptable, de la soberanía de Israel”, que “pone en peligro miles de vidas de civiles”.

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A principios de este mes de diciembre, Hezbolá acusó a Israel de la muerte de Hassan al Laqqis, el jefe del área de tecnología y comunicaciones del partido-milicia, asesinado por unos hombres armados cuando se montaba en su coche en el suburbio beirutí de Hadath. Irán, declarado enemigo de Israel, se sumó a la acusación. El Gobierno de Netanyahu rechazó de plano cualquier relación con el caso.

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