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OBITUARIO

Glafkos Kliridis, el adalid de la reunificación de Chipre

El expresidente grecochipriota defendió el plan de la ONU

Glafkos Kliridis, en Nicosia, en 2007.
Glafkos Kliridis, en Nicosia, en 2007.

En la primavera de 2003, durante la presidencia de Glafkos Kliridis, muerto el viernes a los 94 años en un hospital de Nicosia, la apertura del paso de la calle Ledra, en plena línea verde, fue saludada por los habitantes de la parte norte de la ciudad con el alborozo de un día de recreo. Las autoridades turcochipriotas suavizaban por primera vez desde la invasión de la isla, en 1974, las restricciones al cruce al lado griego, y el tráfago de transeúntes hacía presagiar aires de cambio y deshielo en torno al último muro de Europa, coronado hasta entonces por un irregular hilván de alambradas, sacos terreros y rozagantes tiestos de geranios. La apertura obedecía al principio de acuerdo alcanzado entre las partes tras un arduo proceso de negociación dirigido por la ONU. Algo parecía estar cambiando en Chipre: la isla se disponía a celebrar apenas un año después, en abril de 2004, un referéndum sobre el plan de reunificación de la ONU y, un mes después, su ingreso como Estado miembro en la Unión Europea.

Pero el rechazo masivo de la comunidad grecochipriota a la consulta, que aprobaron con ardor los vecinos del norte, acabó con la principal ilusión, y la carrera política, del entonces presidente grecochipriota. La oportunidad frustrada asestó la puntilla a una carrera política de más de cinco décadas, la última de ellas como presidente del país, reflejado en el espejo de su rival —y buen amigo— el mandatario turcochipriota Rauf Denktash, a quien le unían tantas vivencias comunes como diferencias sobre la solución del contencioso. Pero la vida de Kliridis, a quien sus críticos siempre reprocharon una excesiva proximidad a los turcochipriotas, dio para mucho más, pues abarcó algunos de los sucesos más convulsos del siglo XX: la II Gran Guerra, el proceso descolonizador, el desafío de la énosis, o unión con Grecia, y, finalmente, la invasión turca en 1974 y la posterior guerra no siempre fría entre dos comunidades que se habían criado juntas.

Kliridis, nacido en 1919 en Nicosia en el seno de una familia burguesa, heredó la vocación política de su padre, que en 1960, año en que la entonces colonia británica logró la independencia, compitió por la presidencia del país con el arzobispo Makarios. Abogado de formación, el joven Glafkos se enroló en la Fuerza Aérea británica durante la II Guerra Mundial. Su avión fue abatido en 1942 cuando sobrevolaba Hamburgo y el artillero chipriota fue hecho prisionero, pero logró escaparse tras un año prácticamente encadenado. Tales fueron los estragos que la experiencia dejó en él que, una vez libre y en Londres, donde retomó sus estudios de leyes, la que iba a ser su esposa le concedió la primera cita por lástima. Vivieron juntos hasta la muerte de ella, en 2007.

Kliridis asumió la presidencia del Parlamento chipriota en 1963, en un periodo marcado por los crecientes enfrentamientos entre ambas comunidades; volvió a hacerlo en julio de 1974, tras el golpe de Estado contra Makarios de los nacionalistas partidarios de la énosis. El sonido de las botas del Ejército turco tardó solo días en retumbar en el tercio norte de la isla, donde se mantiene, aunque ahora lo que resuenen sean las insistentes noticias sobre una reactivación del proceso de diálogo, al calor de la explotación del gas natural en sus aguas.

Los grecochipriotas rechazaron

el plan en el referéndum

celebrado en 2004

Kliridis, fundador en 1976 del partido conservador Disy —al que pertenece el actual presidente, Nikos Anastasiadis—, fue elegido presidente en 1993 al frente de una alianza hostil a las negociaciones de paz, pero para 2002, cuando finalizó su segundo mandato, había cambiado de opinión, de ahí el diálogo directo con su viejo compadre Denktash, que calificó el proceso como “el último tango” que bailaban ambos. A los dos les llevaron la contraria sus respectivas comunidades —los turcochipriotas, entusiastas con una reunificación que Denktash rechazaba; los grecochipriotas, oponiéndose al sueño de Kliridis—, pero la semilla estaba sembrada.

En 2006 Kliridis franqueó la línea verde para reunirse con su homólogo Mehmet Ali Talat —sucesor de Denktash— en la residencia de este en la parte turca de Nicosia. Poco más se volvió a saber de él públicamente, al margen de su maltrecha salud. Pero en el rosario de transeúntes que cada día, las 24 horas, atraviesan en ambas direcciones el paso de Ledra —y los otros puntos de paso abiertos— queda algo de su empeño personal y político.