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Albania rechaza desmantelar las armas químicas de Siria

La decisión ha retrasado la planificación para destruir unas 1.300 toneladas de gases letales en poder de El Asad

Edi Rama anuncia el rechazo de su Gobierno a la proposición de EE UU.
Edi Rama anuncia el rechazo de su Gobierno a la proposición de EE UU. AFP

Albania ha rechazado este viernes destruir parte del arsenal químico de Siria a cambio de una compensación económica. La petición había sido cursada por Estados Unidos, pero las protestas populares contra el envío de las armas guardadas por el régimen de El Asad ha forzado a Tirana, una de las más firmes aliadas de la OTAN, a declinar. “No podemos involucrarnos en esta operación. Carecemos de medios para asumirla”, ha dicho, al final de la tarde, el primer ministro albanés, el socialista Edi Rama. Ayer, miles de manifestantes se manifestaron en la capital contra un pacto que consideran “una forma de explotación”. Hoy, las calles se han vuelto a llenar de ciudadanos diciendo que el país “necesita dinero, pero no unas armas peligrosas para la salud”. “No” era la palabra más repetida en pancartas y rostros pintados.

Albania acabó en 2004 con sus propias armas químicas a domicilio —unas 16 toneladas heredadas de la época comunista— con ayuda de Washington. Su negativa actual, ha retrasado durante varias horas la reunión de la Organización para la Prohibición de la Armas Químicas (OPAQ), que tenía lugar en su sede de La Haya. Su Comité Ejecutivo ha cerrado este viernes, de todos modos, los detalles del plan para destruir las 1.300 toneladas de gas sarín, mostaza y otras sustancias que atacan el sistema nervioso, almacenadas por Damasco. Tienen que haber desaparecido para el 30 de junio de 2014. Según Ahmed Uzumcu, director general de la OPAQ, "la siguiente fase es la que presenta mayores retos porque para llevarla a cabo se necesita un entorno seguro para el transporte del armamento".

Estados Unidos quería que Tirana aceptara el cargamento a cambio de ayuda económica

La espantada de Albania obligará a pensar en otra alternativa, han señalado fuentes internas. Desde Tirana, la Embajada estadounidense confirmó en un comunicado que “seguiremos buscando con nuestros aliados, con la OPAQ y Naciones Unidas, una forma de eliminar el arsenal sirio”. 

No será fácil. Destruir armas químicas es una labor peligrosa y complicada cuando se efectúa en el país que las posee. Si carece de instalaciones selladas para evitar la fuga de gases tóxicos, y el cargamento debe cruzar la frontera, las cosas se complican. De momento, Estados Unidos ha ofrecido unidades móviles para explosionar, o bien pulverizar el armamento en compartimentos estancos. Noruega también ha prometido enviar un carguero y una fragata a Siria para llevarse las armas a otro lugar. Dado que la guerra civil sigue abierta, sin embargo, la posibilidad de que todo caiga en manos de los rebeles, sea robado, o incluso vendido al extranjero es real. De ahí que el pacto sellado entre Estados Unidos y Moscú para que Damasco destruya todo su arsenal haya impuesto plazos estrictos.

Mientras Tirana se decidía —y el primer ministro Rama criticaba a la oposición por el rechazo popular— Sigrid Kaag, la diplomática holandesa que coordina la misión conjunta de la OPAQ y la ONU en Siria, recordó que trabajan “en una situación extrema”. “Por la guerra civil y los problemas de seguridad que acarrea”. El borrador propuesto por la OPAQ antes de la negativa albanesa, señalaba que las sustancias químicas debían haber salido de Siria en el plazo de seis semanas. La destrucción del resto de la infraestructura utilizada para la fabricación se alargaba hasta marzo. “Estamos seguros de que acabaremos con el arsenal sirio a tiempo”, concluye el comunicado estadounidense publicado en Tirana. Si nada más se tuerce, a mediados de 2014 Siria tiene que estar limpia de armas químicas.