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LOS DESAFÍOS DE LA UNIÓN

Pragmatismo británico

La agresividad que exhibe Rusia se percibe como una señal de debilidad

Hace tiempo que está claro que Vladimir Putin, el diminuto presidente de Rusia y hombre fuerte nacionalista, no es un caballero. La mayor agresividad de Rusia en la escena internacional se atribuye en parte a su actitud tosca, combativa y despiadada.

Pero las apariencias pueden ser engañosas. Según algunos diplomáticos y expertos en Rusia británicos, el poder y la influencia tanto de Putin como del país desde los puntos de vista político, económico y demográfico, sufren un menoscabo constante, mientras que la influencia de Estados Unidos va en aumento. Cuanto más ruido hace Moscú, mayor es la sensación de que se está esforzando por enmascarar la evidencia de su declive.

“La idea de que Rusia se ha vuelto más agresiva es correcta”, opina sir Andrew Wood, embajador británico en Moscú desde 1995 hasta 2000. “¿Debido a su debilidad, o a su fortaleza? Seguramente a su debilidad. Cada vez tiene más problemas con la economía, conflictos internos y tensiones. La cúpula está intentado restablecer el control”.

“Reino Unido ha seguido siempre una política relativamente firme y sólida”, añade Wood. “Creo que estamos contemplando una nueva visión realista de Rusia en toda la Unión Europea, sin falsas ilusiones acerca de una relación especial entre Washington y Moscú. Actualmente, la Unión Europea es el tercer pilar”.

David Clark, presidente de la Fundación Rusia, un organismo independiente, afirma que las relaciones entre Gran Bretaña y Rusia han experimentado un “pequeño reinicio” con el Gobierno conservador que ha comportado un acuerdo tácito para pasar página sobre el asunto Litvinenko, un mayor énfasis en los lazos empresariales y comerciales, y la cooperación en temas de interés común. Uno de los resultados ha sido el acuerdo sobre el petróleo por valor de 5.300 millones de dólares cerrado la semana pasada entre BP y Rosnef. A pesar de ello, puntualiza, las relaciones siguen estando “algo atascadas”.

Por su parte, Nixey asegura que el antiguo ministro de Asuntos Exteriores, David Miliband, estaba muy afectado por el asesinato de Litvinenko porque había tenido lugar “durante su mandato”. Sus sucesores en el Ministerio no se han comprometido tanto. “Este Gobierno puede ser ladino cuando se trata de derechos humanos … Manifiesta una tibia preocupación. Es bastante manso”.

Charles Grant, director del Centro para la Reforma Europea (CER, por sus siglas en inglés), con sede en Londres, señala que aunque todos saben que la relación personal de Putin con la canciller alemana, Angela Merkel, es mala, David Cameron pasa por haber desarrollado una relación de trabajo pragmática con el líder ruso. Los ministros de Exteriores William Hague y Serguéi Lavrov también “se llevan bien”.

Para Wood, el gran número de rusos que viven en “Londongrado”, entre los que se encuentran los llamados oligarcas y la clase media pudiente que han comprado los clubs de fútbol, han hecho subir los precios inmobiliarios y compiten por las plazas en los colegios de élite de los barrios de moda, como Knightsbridge, son un indicio de la “fortaleza subyacente” de la relación bilateral.

Pero añade que la detención el pasado mes de los activistas de Greenpeace es un ejemplo de cómo los rusos son capaces de cavar el suelo bajo sus pies. “Es evidente que lo hicieron para demostrar algo. Putin se ha distanciado de la acción, aunque a él le conviene. No apunta a la Unión Europea en particular, pero sí que pretende afirmar la primacía del papel de Rusia en el Ártico”.

“Los rusos son muy contradictorios. Contratan a gente para mejorar su imagen y luego hacen cosas como las de Greenpeace o Pussy Riot. A lo mejor eso les hace sentirse fuertes y poderosos, pero no les beneficia en el exterior”.

 El director del CER, Charles Grant, asegura que la Unión Europea dispone de otros instrumentos para contrarrestar la excesiva agresividad rusa. Incluyen la insistencia de Bruselas en que Moscú respete las reglas del mercado energético de la Unión Europea y el posible inicio por parte de la Comisión Europea de un proceso millonario antimonopolio contra el gigante energético ruso, Gazprom.

Clark afirma que la motivación de Putin sigue siendo el temor a quedar rodeado y a que Occidente imponga a Rusia sus agendas política y de derechos humanos. A pesar del éxito diplomático en Siria, su postura es básicamente defensiva.

“La posición económica de Rusia es muy frágil debido a su dependencia del precio mundial del petróleo; se encuentra muy desprotegida, es muy vulnerable. A pesar de lo que dice Putin, no se ha avanzado en la modernización ni en la diversificación”, remacha Clark.

Según Brenton, a pesar de la contracción de la economía y del descenso de su popularidad, Putin sigue siendo un oponente temible. “Putin es un gran profesional. Está muy bien informado. Tiende a lanzarse a la yugular si ve la ocasión; no es un diplomático. No es el tipo al que invitarías a tomar el té; pero tenemos que hacer negocios con él”.

Simon Tisdall es columnista de The Guardian.

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