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REPORTAJE

La fiebre del Tea Party no amaina entre las bases más conservadoras

La Cumbre Anual de Valores de los Votantes se considera un termómetro del conservadurismo en EE UU

Uno de los puestos promocionales de la Cumbre de Valores de los Votantes.
Uno de los puestos promocionales de la Cumbre de Valores de los Votantes.

James Pyke es un estudiante de postgrado de la universidad de Maryland extremadamente preocupado por la dirección que está tomando Estados Unidos en materia de libertades individuales. Robert y Rosemary Schuler son una pareja jubilada que cree en la necesidad de una nación más fuerte asentada en los principios que se recogen en la Constitución que “les fue otorgada por Dios hace más de 200 años”. Dee Wampler es un empresario interesado en preservar la “verdadera historia americana fundada en el cristianismo” y que, sostiene, últimamente “se está diluyendo en aras de lo políticamente correcto”. Carla D’Addesin acaba de publicar un libro para enseñar a los “futuros votantes entre cinco y 10 años” la importancia de proteger el derecho a la vida ya que, sostiene que a sus hijos "les están enseñando que el aborto es bueno y no hay nadie que les eduque en los valores de Dios”.

Pyke, los Schuler, Wampler o D’Addesin forman parte del centenar de personas que este fin de semana se han dado cita en Washington apara asistir a la Cumbre Anual de Valores de los Votantes que cada año organizan súper PAC y organizaciones ultraconservadoras que defienden, principalmente, la libertad religiosa, el matrimonio tradicional o el derecho a la vida. El objetivo de este foro sobre la fe y los valores es analizar cómo esos principios afectan a la política en todos sus extremos, económico, social, de seguridad nacional… En él se dan cita políticos republicanos, periodistas neoliberales y activistas. Pyke, los Schuler, Wampler o D’Addesin sienten que sus principios están siendo amenazados en la América de hoy en día y esa sensación de cerco intolerable es lo primero que se percibe en el ánimo de los asistentes a la reunión de este fin de semana.

El objetivo de este foro sobre la fe y los valores es analizar cómo esos principios afectan a la política en todos sus extremos, económico, social, de seguridad nacional…

La cumbre se considera un termómetro sobre el estado del conservadurismo de la nación y este año en el recinto se ha propagado la fiebre del Tea Party. “Es el único que defiende realmente los verdaderos principios en los que se ha fundado esta nación”, aseguran los Schuler. A los asistentes no parece importarles que, tras la pérdida de las elecciones en 2012, el Partido Republicano decidiera alejarse de las posiciones extremistas que abandera el Tea Party para atraer a las minorías. La sensación de derrota que recorrió las filas del ala más reaccionaria de los conservadores hace unos meses parece hoy completamente enterrada.

“Nunca ha perdido fuelle. Los valores del Tea Party son los valores eminentemente americanos y se está demostrando estos días, son sus miembros los que han desafiado al resto de su partido y a la Casa Blanca para acabar con la Obamacare”, insisten los Schuler, en referencia a los acontecimientos que han precipitado el cierre de la Administración en EE UU, por la negativa de los republicanos de la Cámara de Representantes a financiar el Gobierno si no se prorrogaba un año la entrada en vigor de parte de la reforma sanitaria.  El fervor de los Schumer es compartido por la mayor parte de los asistentes, la mayoría blancos y de mediana edad, que se pasean absortos entre los stands que se suceden a la entrada del salón de conferencias.

La fiebre del Tea Party no amaina entre las bases más conservadoras

Los puestos son de lo más variopinto: universidades ultracatólicas que buscan captar alumnos; agrupaciones que reclutan a estudiantes universitarios para que propaguen por los campus los principios provida; organizaciones que ofrecen ayuda para curar la homosexualidad, con varios exgais repartiendo pegatinas para probarlo; editoriales de libros para abandonar el ateísmo; empresas que ofrecen servicios de telefonía e internet para propagar el Evangelio, tours a los “enclaves cristianos de América”, o servicios para comprobar en qué invierten las compañías –campañas a favor del aborto, del matrimonio homosexual…- para que los inversores sepan realmente a dónde se destina su dinero; o voluntarios que asesoran a qué candidato votar en las elecciones a gobernador de Virginia –ningún consejo se decanta a favor del candidato demócrata-…

Entre la explosión de telas blancas, rojas y azules que recubren las paredes y las mesas de los puestos, se asoma la cara de Ronald Reagan, las pegatinas en contra de la reforma sanitaria de Obama y en contra del propio Obama o los formularios para hacer un donativo a favor de candidatos o de las organizaciones que patrocinan el evento.

Pese a la variedad, la oferta es mucho más reducida que el año pasado. En plena campaña electoral, los puestos a favor de la candidatura republicana y de la familia tradicional y en contra de la reforma sanitaria de Obama eran mucho más numerosos. Entonces, el aspirante a la vicepresidencia, Paul Ryan, fue la estrella de la cumbre, este año sólo ha estado presente a través de una grabación de menos de quince minutos.

El fervor y los aplausos los ha acaparado en esta ocasión el senador Ted Cruz, que en estos días se ha erigido en la cara más beligerante del Partido Republicano, y cuyo discurso del viernes, populista y plagado de llamadas para acabar con la Obamacare, ha convencido al 42% de los asistentes, que lo han elegido el mejor político de todos los participantes. Un pequeño triunfo, ya que entre los oradores se encontraban otros dos favoritos del Tea Party y cabezas de serie para la candidatura a la Casa Blanca en 2016, los senadores Rand Paul y Marco Rubio.

Nunca ha perdido fuelle. Los valores del Tea Party son los valores eminentemente americanos y se está demostrando estos días, son sus miembros los que han desafiado al resto de su partido y a la Casa Blanca para acabar con la Obamacare"

“Puedes estar de acuerdo con Cruz o no, pero tiene el coraje de defender sus convicciones, y el hecho de que lo haga públicamente lo convierte en un caballero. Está abierto a un diálogo abierto y honesto”, asegura Jackie Spedding mientras sale del salón de conferencias donde acaba de terminar una ponencia sobre la “Erosión de la libertad religiosa en el Ejército”. Allí, el capellán Ron Crews había señalado directamente a la Casa Blanca como responsable de la “agenda para sacar la gritos de entusiasmo por parte de unos asistentes dispuestos a aplaudir cualquier referencia negativa a las políticas del actual presidente.

La Casa Blanca y, por extensión, el Gobierno federal, son los responsables, para la mayoría de los asistentes, de todas las amenazas a los valores tradicionales y principios que ellos consideran inapelables. “El tamaño de la Administración cada vez es más grande, nos están tratando de intimidar para que nos mantengamos callados y desistamos de actuar a favor nuestros principios”, denuncia Andrew Beckwith, un empresario que se define como “defensor del matrimonio tradicional, las libertades religiosas y el derecho a la vida de todos los americanos, incluidos los nonatos”.

Cuando se pregunta por casos concretos en los que esas libertades fundamentales están siendo atacadas, es más difícil encontrar respuestas claras y coincidentes. La unanimidad, sin embargo, regresa a la hora de señalar quién puede solucionar el problema: El Tea Party.

Si en 2012 los discursos se centraron en la creación de empleo, la merma de las libertades, y en especial la religiosa, parece ser lo que más preocupa a los asistentes a la reunión de este año. El propio Paul en su discurso aseguró que “los cristianos están siendo atacados en todo el mundo” pero que “no escuchamos mucho de ello en las noticias porque no es acorde con la narrativa que nos han contado sobre el radicalismo islámico”.

El fervor y los aplausos los ha acaparado en esta ocasión el senador Ted Cruz, que en estos días se ha erigido en la cara más beligerante del Partido Republicano

La intervención de Paul, sin embargo, no cautivó a quienes lo escucharon. “No estuvo mal, pero hubo oradores mejores”, dice Pyke. “Si venía a posicionarse como aspirante a la Casa Blanca, creo que deberá esforzarse más de aquí en adelante”. A Pyke, como a muchos de los asistentes, quien más le ha convencido es el doctor Ben Carson –de hecho quedó segundo en la encuesta que ganó Cruz, un voto por delante del excandidato republicano Rick Santorum-. Carson es un cirujano afroamericano, antiguo senador estatal de Pensilvania. “Él es el único capaz de terminar con la brecha que separa a los estadounidenses”, señala Vernon Robinson, jefe de la campaña de la súper PAC Run Ben Run, para impusar la candidatura de Carson a la presidencia.

Robinson lleva en la solapa una pegatina con el lema: El aborto no es reforma sanitaria. Nadie pone en duda esa afirmación en la Cumbre de Valores de los Votantes. Como tampoco nadie cuestiona que la responsabilidad de esa polarización política, así como del actual cierre del Gobierno no sea exclusivamente de la Casa Blanca. De hecho, el problema de la parálisis de la Administración apenas se ha abordado en el encuentro, más allá de las referencias de Cruz y de su compañero de bancada Mike Lee o de la intervención grabada de Ryan. Las preocupaciones de las bases más conservadoras del Partido Republicano son otras.