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La ONU envía a la jefa de su equipo de desarme a Damasco

El régimen asegura que ha hallado "elementos químicos" en zona rebelde

Angela Kane, responsable de desarme en la ONU, a su llegada a Damasco
Angela Kane, responsable de desarme en la ONU, a su llegada a Damasco REUTERS

La máxima representante de Naciones Unidas para asuntos de desarme, Angela Kane, ya está en Damasco. De nuevo. A finales de julio viajó a la capital siria y, tras cuatro meses de negociaciones, logró que el Gobierno de Bachar el Asad permitiese a una decena larga de médicos y científicos acceder al país para investigar el supuesto uso de armas químicas en el conflicto, una acusación que se cruzan las tropas leales al régimen y los rebeldes armados. Hoy Kane regresa con otra meta compleja: convencer a El Asad de que amplíe la misión inicial que acordó con los inspectores y les deje visitar Ghuta, el suburbio al este de Damasco donde, supuestamente, el miércoles murieron más de 1.400 personas tras un ataque con gases nerviosos del que la disidencia acusa al Ejecutivo.

La alta funcionaria, de nacionalidad alemana, se encerró ayer en el hotel Four Seasons de Damasco y allí iba a comenzar a recibir visitas de personal del régimen, a celebrar reuniones con altos cargos a los que trasladar la petición del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y de las grandes potencias internacionales, Rusia incluida, para que deje que los especialistas aclaren lo ocurrido. Sin embargo, a su recibimiento lo que encontró fue a un portavoz del Gobierno, Bassam abu Abdulá, repitiendo en la prensa local que esa investigación no iba a ser posible. “Está fuera del área que se acordó previamente”, dijo.

El Gobierno no niega que Ghuta estuviese bajo los efectos de un ataque con gases como el sarín, pero culpa de ello a los rebeldes

El pacto contemplaba que el equipo visitase tres lugares donde se pudieron usar estas armas ilegales en primavera. Nada más. Ya fue dura la discusión, teniendo en cuenta que la ONU maneja 114 expedientes de supuestas agresiones similares.

Abdulá no niega que Ghuta estuviese bajo los efectos de un ataque con gases como el sarín, pero culpa de ello a los “grupos terroristas”, como llama el régimen a la oposición. A sus palabras se remitió ayer el Ministerio de Información sirio.

Hay pocas esperanzas, de partida, para la misión de Kane. Dentro, en el hotel, le esperaban los especialistas de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), comandados por el sueco Ake Sellstrom. “Todo está aún por comenzar”, reconoce uno de los enviados sanitarios, aunque la ONU les ha prohibido hacer declaraciones. Sus palabras no pasan de relatar el cansancio por la espera y la frustración por el trabajo que no pueden hacer. “Estamos aquí para algo”, añade.

El Gobierno sostiene que la seguridad no está garantizada, así que tampoco están pudiendo llevar a cabo con normalidad las tres investigaciones para las que sí están autorizados. “Todos los preparativos están listos”, insiste en una conversación telefónica.

Su trabajo debe consistir en tomar muestras —fluidos, tierra, agua, etcétera— y entrevistar a supervivientes de los supuestos ataques. La labor de laboratorio se efectuará fuera de Siria y se tardarán semanas en conocerse sus resultados, confirman en la sede de OPAQ en Holanda.

La Coalición Nacional Siria, que coordina a la oposición al régimen de El Asad, ha ofrecido a los inspectores una escolta del Ejército Libre de Siria (ELS) para acudir a Ghuta, en una zona controlada por los rebeldes, con el objetivo de que puedan recoger por su cuenta las pruebas. Pero esta opción no cumple los requisitos de seguridad de la ONU y contraviene el acuerdo con el régimen, por el que personal del Gobierno debe acompañarlos en sus salidas, como ya hiciera durante las dos anteriores visitas de observadores internacionales.

Coincidiendo con la llegada de Kane a Damasco, el régimen denunció ayer que sus soldados han observado “elementos químicos” y han sufrido “síntomas de asfixia” al entrar en refugios de los insurgentes situados en túneles del barrio de Jobar. Se trata precisamente de uno de los puntos de la periferia de Damasco donde, según los opositores, se produjo el ataque con armas químicas el miércoles. La información fue revelada por la televisión oficial del régimen, que citaba fuentes oficiales.

“Los héroes de las Fuerzas Armadas entraron en los túneles de los terroristas en Jobar y vieron [restos] químicos”, insistió la misma fuente. Las ambulancias, añadió el canal, estaban desplegadas en la zona por si los civiles las necesitaban. La fuente advirtió, además, de la amenaza de las tropas de El Asad de atacar ese distrito.

 

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