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El cierre de la televisión pública lleva de nuevo a las calles la protesta griega

Dos de los tres partidos de la coalición de gobierno piden que siga emitiendo

Una de las empleadas de la televisión se limpia las lágrimas en una de las salas de control, ayer en la sede en Atenas.
Una de las empleadas de la televisión se limpia las lágrimas en una de las salas de control, ayer en la sede en Atenas. REUTERS

Una bandera griega colgaba ayer desde las rejas de la principal entrada de ERT. Sobre el blasón, escrito en rojo, se leía: “Despertad. No os quedéis sin hacer nada. Lo están vendiendo todo”. Miles de personas se han sumado a la invitación desde que el Gobierno anunciase el martes el cierre de la emisora pública. La decisión tomada por decreto ha sido la mecha que ha reactivado la indignación de la población griega. Hasta el punto de que ayer muchos se preguntaban cómo ha podido el Ejecutivo aprobar una medida tan drástica sin tener en cuenta el riesgo de volver a calentar la calle justo cuando la movilización social parecía haber aflojado. “El primer ministro [Antonis] Samarás quiso demostrar que sabe usar la mano dura y que podía hacer lo que quiero. Pero el tiro le va a salir por la culata”, comentaba Dimitris, un economista en paro de 39 años en los pasillos de la sede de la emisora.

El cierre de ERT ha vuelto a ampliar las grietas en una coalición de Gobierno —entre nueva Democracia, el partido de Samarás, Pasok e Izquierda Democrática— que nunca fue muy fuerte pero que, como en los mejores matrimonios de interés, estaba decidida a aguantar el tirón para no pagar el precio político de nuevas elecciones, algo que ahora ya no se descarta. Los líderes de los dos partidos minoritarios, Evánguelos Venizelos y Fotis Kouvelis, expresaron su malestar y pidieron que se trabaje para una reestructuración de la emisora, pero sin que deje de emitir. La respuesta del primer ministro llegó pasada las siete de la tarde en un discurso en la Cámara de comercio de Atenas en el que volvió a repetir lo que había dicho el portavoz del Gobierno al anunciar la medida: que ERT era un despilfarro y una institución sin transparencia. Samarás atacó también a los sindicatos que han convocado para este jueves una huelga general de 24 horas. A las once de la mañana está convocada una manifestación de protesta frente a la sede.

“El procedimiento que han usado es inaceptable. Estamos totalmente en contra de la medida, lo que no quiere decir que nos oponemos a una reestructuración en nombre de la independencia y de la transparencia”, afirmaba Nikos Tellis, hasta el martes presidente del Consejo de administración de la emisora. “Ya no lo soy. Tras el decreto puede escribir que soy expresidente”, añadía sentado en su despacho en la planta alta del edificio.

Artemis, de 20 años, estudiante de ingeniería en la Politécnica de Atenas, vino junto a otros compañeros para protestar contra lo que para él es un ataque a todo el país. “Ni siquiera la Junta militar apagó de esta manera la televisión pública”, decía. Había muchos jóvenes como él en el jardín, frente a la entrada de la emisora. Algunos de los que se habían quedado toda la noche intentaban dormir un rato al raso, con los cascos de las motos como cojín.

Dentro de la sede de la emisora, los trabajadores encerrados se preparaban para otra jornada de resistencia. No todos. María, una documentalista que llevaba 27 años trabajando en la televisión pública recogió sus enseres y se los llevó en una pequeña maleta. “No quería correr el riesgo de perder mis carpetas. Esto ha sido como un golpe de Estado. Estamos en estado de shock”, repetía meneando la cabeza. “Ver a la gente que se llevaba sus cosas en los cajones me ha entristecido porque parece que ya es una batalla perdida y yo creo que no lo es”, comentaba consternado Babis Kokosis, periodista del servicio exterior de ERT. El departamento transmite en 10 idiomas y es responsable de las ediciones para los griegos en el extranjero. “Para ellos es un importante punto de contacto con Grecia”, añade.

Prokopis Angelopoulos pasó 17 años trabajando en ERT. “Siempre con contratos temporales hasta el pasado febrero cuando ya no me renovaron”. Desde entonces, este periodista, que en sus últimos meses en la emisora se había encargado de reportajes sobre los efectos sociales de la crisis, está en el paro. “A veces bromeo y digo que con las historias que cubría me fui preparando para lo que me espera”, dice. Tiene dos niños pequeños y su mujer solo recibe el subsidio de maternidad de 560 euros al mes. “Los que han hecho esto son los mismos que han llevado la televisión pública a esta situación”, decía Angelopoulos. Y añadía: “Hay que entender que esto no es algo que afecte solo a Grecia. Es una cosa que concierne a todos, a toda Europa”.