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Unidos por la austeridad

Los programas electorales muestran que los partidos alemanes coinciden en los recortes

La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece un discurso durante el día de la Empresa Familiar, el viernes en Berlín.
La canciller alemana, Angela Merkel, ofrece un discurso durante el día de la Empresa Familiar, el viernes en Berlín. EFE

Las recetas de austeridad y reformas para los socios del sur encuentran un respaldo sin muchas fisuras en la Unión Demócrata Cristiana de la canciller Ángela Merkel (CDU) y en la oposición socialdemócrata del SPD. También Los Verdes han votado a favor de todos los rescates europeos, con sus respectivos programas de recortes y austeridad, desde que empezó la crisis de la deuda hace más de tres años. El centroizquierda alemán está en una posición complicada respecto a los recortes propuestos como panacea contra la crisis en Europa: fueron ellos, en la coalición que presidió Gerhard Schröder entre 1998 y 2005, los que inventaron la Agenda 2010, que introdujo los minijobs y podó el frondoso sistema social alemán. Muchos alemanes, con Merkel por delante, consideran que aquello fue la base para capear la crisis mucho mejor que sus socios.

El SPD, liderado por políticos que como el jefe parlamentario Frank-Walter Steinmeier prepararon aquellas medidas, no puede distanciarse mucho sin desconcertar a parte de sus votantes. Menos cuando ahora se trata de aplicarlas fuera.

La discusión sobre política interna es más diversa. Las generosas promesas electorales que esta semana pusieron a Merkel en el blanco de duras críticas desde su propia coalición de centroderecha, podrían socorrer a los socios europeos golpeados por la crisis. En su afán de ocupar todas las posiciones del centro ante la incipiente campaña para las elecciones del 22 de septiembre, Merkel habla de subir las subvenciones que el Estado paga por cada hijo a las familias, aumentar las pensiones de las madres que dejaron de cotizar para criar a sus niños y de invertir 4.000 millones de euros más en infraestructuras de transporte y telecomunicaciones. Según cálculos oficiosos, serían unos 28.500 millones de euros en total, alrededor del 1% del PIB. Un programa, quizá discreto y oportunista, pero que estimularía la reptante economía alemana y, por ende, la de sus socios hundidos en la recesión. El aumento del consumo en Alemania ayudaría a compensar los desequilibrios comerciales y mitigaría parcialmente algunos de los efectos de la austeridad.

Una encuesta reciente de la televisión pública ZDF señala el apoyo masivo de los alemanes a estos gastos, criticados por algunos dirigentes democristianos y por sus socios en el actual Gobierno, los liberales del FDP. El SPD descalificó las promesas de “estafa”, porque según su presidente, Sigmar Gabriel, Merkel no cumplirá. Su problema es que la canciller ha mejorado parte de las propuestas del SPD, que, por ejemplo, quiere aumentar las desgravaciones fiscales por hijo, lo que supondría una ventaja menor para las familias.

Otro plan democristiano, el de imponer un freno a los alquileres en las grandes ciudades, es un hurto del programa electoral del SPD. Además, Merkel ha dado pasos hacia la introducción de un salario mínimo en Alemania. Hace más de dos años se apropió de la principal aspiración ecológica de Los Verdes y ordenó el cierre de las centrales nucleares en la próxima década. Ahora prepara, a instancias del Tribunal Constitucional, una ley para equiparar antes del verano el trato fiscal dado a los matrimonios tradicionales y a las uniones civiles entre personas del mismo sexo. La fagocitosis ideológica como estrategia.

El FDP podría quedarse fuera del Bundestag. Ante la preponderancia de la CDU (40-42% frente al 27% del SPD), Los Verdes podrían resultar cruciales para formar Gobierno con su actual 13-15% de intención de voto. Ante la crisis, el presidente verde Cem Özdemir hace suya la frase de Merkel: “Necesitamos más Europa”. La cuestión es cuál. Özdemir respondía por escrito a este periódico criticando el “curso de austeridad cruda” fijado por Merkel por “socialmente desequilibrado” y centrado en el modelo alemán. Propone “un pacto europeo para combatir la evasión fiscal en el continente” y una Convención para avanzar en una unión política que armonice las políticas económicas y fiscales en toda la Eurozona.

Además de la nueva formación conservadora y antieuro Alternativa Para Alemania, cuyo nombre es una parodia de un latiguillo de Merkel sobre la “ausencia de alternativas” de su política, los más alejados de ella son el partido La Izquierda. Quieren “mantener el euro como moneda única” pero expresa “enérgicas críticas” a las políticas de austeridad de Merkel.