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El exguerrillero Mujica será recibido en el Vaticano

El presidente de Uruguay ha asegurado que respeta a los creyentes y a la Iglesia Católica

El presidente de Uruguay, José Mujica, durante una visita reciente a China.
El presidente de Uruguay, José Mujica, durante una visita reciente a China. EFE

El presidente de Uruguay, José Mujica, se reunirá este sábado 1 de junio con el papa Francisco, un encuentro que llevará al exguerrillero a entrar en territorio Vaticano, sede de la Iglesia Católica en la que no cree pero a la que ha dicho que “admira” y de la que espera abrir vías de cooperación para avanzar en materia social en su país.

No asistió a la misa de inauguración de su pontificado, proviene de un país laico y no cree en Dios, pero Mujica visitará al papa argentino con el que se le ha comparado, por la austeridad y la sencillez de ambos, y del que en un principio dijo que sólo tenían en común su pasión por el tango y el mate.

“Aunque me estoy acercando a la muerte todavía no he podido creer en Dios", dijo el mandatario uruguayo de 78 años a Radio Cero antes de emprender una gira internacional de dos semanas que le llevará a China, España e Italia.

Mujica ha asegurado que respeta a los creyentes y a la Iglesia Católica “porque es uno de los dos ejes de América Latina" y cree importante tener un diálogo abierto con el Vaticano porque “un papa latinoamericano y de acá del barrio no es frecuente".

El papa es rioplatense y tiene una visión social parecida a la del presidente Mujica, eso puede abrir posibilidades de trabajo conjunto entre el Gobierno nacional y la Iglesia”

El politólogo Ignacio Zuasnabar consideró en declaraciones a este periódico que la distancia que quiso poner Mujica al principio pudo ser por “el tipo de información que llegó inicialmente a Uruguay” sobre el cardenal Jorge Mario Bergoglio del que se dijo que acusó a varios curas que fueron secuestrados por militares durante la dictadura argentina, algo que posteriormente se desmintió.

Por otro lado, subrayó que Uruguay es un país “muy laico” en comparación con el resto de Latinoamérica, pero consideró que “no sólo el presidente Mujica sino que Uruguay entero es capaz de ver un papa, un Bergoglio más complejo y más interesante que lo que la leyenda negra inicial indicaba”.

La gira internacional tiene un marcado carácter económico pero la visita al Vaticano “tiene una dimensión distinta”, según explicó el canciller Luis Almagro en una rueda de prensa previa al viaje. “El papa es rioplatense y tiene una visión social parecida a la del presidente Mujica, eso puede abrir posibilidades de trabajo conjunto entre el Gobierno nacional y la Iglesia”.

Ambos tratarán, entre otros temas, la posibilidad de la participación de la Iglesia en el plan de vivienda social (Plan Juntos) que ha puesto en marcha el gobierno uruguayo y que no se ha consolidado como el presidente hubiera querido. En una carta abierta, el obispo de Salto, monseñor Pablo Galimberti, consideró que además de la vivienda - un tema con el que ha manifestado sus discrepancias-, para la Iglesia uruguaya hay otros temas “más urgentes” como la educación y la familia.

Mujica visitará la Santa Sede en un momento en el que en Uruguay se han aprobado dos polémicas leyes que han contado con una fuerte oposición de la Iglesia; la del Matrimonio Igualitario, que permitirá a partir del 3 de agosto las bodas de parejas homosexuales, y la ley que despenalizó el aborto, que el próximo 23 de junio los uruguayos decidirán si es sometida a referéndum.

Está previsto que Su Santidad reciba a Mujica a las 11.00 de la mañana (hora local). El papa Juan Pablo II visitó Uruguay en 1987 y 1988. Está por ver si Mujica extiende una invitación al papa Francisco como jefe de Estado.

Mujica, conocido como el presidente más pobre del mundo, lleva una modesta vida y continúa viviendo en la misma chacra (granja) situada en una zona humilde a las afueras de Montevideo. Además renuncia al 90 % de su sueldo que dona a su coalición Frente Amplio (bloque de izquierda) para obras sociales y la construcción de viviendas dignas y vive sin mayores lujos junto con su esposa la senadora Lucía Topolansky, quien también dona parte de su sueldo oficial. Ambos formaron parte en los años sesenta del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) en el que participaron de manera activa por lo que fueron encarcelados en duras condiciones durante la dictadura cívico-militar (1973-1985) y liberados gracias a una ley de amnistía con la vuelta de la democracia.