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Los radicales del UKIP siembran el desconcierto en la política británica

El partido antieuropeo espera ganar posiciones en las municipales que se celebran este jueves

Nigel Farage, líder de UKIP, el martes durante un mitin.
Nigel Farage, líder de UKIP, el martes durante un mitin. Getty Images

La irrupción del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), nacionalista, antieuropeo y antiinmigración, ha puesto patas arriba la política británica. Aunque es materialmente imposible que pueda alcanzar el control de algún consejo municipal, el UKIP es ya la gran estrella de las municipales de este jueves en una treintena de municipios de Inglaterra: presenta tres veces más candidatos que en las elecciones de 2009 y los sondeos le atribuyen hasta un centenar de concejales, lo que sería para ellos un éxito sin precedentes.

La presencia del UKIP incomoda a todas las grandes formaciones políticas británicas. A los liberales-demócratas por el pánico a ser desplazados al cuarto puesto en términos de porcentaje de votos. A los laboristas porque, en contra de lo que pensaban hace unos meses, se están convirtiendo en una formación atractiva para tradicionales votantes de clase obrera atraídos por su programa antiinmigración y porque se ha convertido en el receptor del voto-protesta: tradicionalmente contra el Gobierno, ese voto de protesta amenaza en las actuales circunstancias de crisis inacabable con convertirse en voto de protesta contra toda la clase política.

Pero no hay duda de que los más perjudicados por la emergencia del UKIP son los conservadores. Hasta ahora lo despreciaban como un partido de “gente rara, bobos y racistas que no han salido del armario”, como les definió David Cameron en 2006, a los pocos meses de hacerse con el liderazgo conservador y mucho antes de ser primer ministro. Pero el partido protesta, que nació en 1993 con el objetivo de conseguir que Reino Unido abandone la Unión Europea y que hasta ahora solo emergía en las elecciones europeas, unos comicios que los pocos británicos que se toman la molestia de participar se toman a cachondeo, se ha convertido en un problema serio desde que ha optado por centrar en la inmigración su mensaje político. Serio porque ha sido la estrella de las últimas by-elections, las elecciones parciales que cubren las bajas que se van produciendo en la Cámara de los Comunes. Y eso ya es hablar de política nacional.

La irrupción del UKIP en la política británica tiene importancia por dos razones: primero, porque es un indicador del desconcierto con el que vive el país la larga crisis financiera, un fenómeno que se da en muchos otros países europeos. Y, segundo, por el efecto distorsionador que tiene en un sistema electoral mayoritario a una sola vuelta como el británico.

El primer ministro, David Cameron, hace como si no existieran, pero a la vez endurece su política inmigratoria

Es muy difícil que se convierta algún día en una fuerza parlamentaria importante, al menos con el sistema electoral actual de el primero que llega, pasa: tantas pequeñas circunscripciones como escaños a elegir que se lleva el candidato más votado, con independencia de que esos votos supongan o no la mayoría absoluta de los emitidos. El UKIP está llamado a ganar muy pocos escaños en unas generales, pero puede dividir el voto tory y acabar otorgando a laboristas y liberales escaños que sin el UKIP serían normalmente para los conservadores. Ese efecto se puede dar también en unas municipales, que utilizan el mismo sistema electoral para elegir a los concejales.

Eso puede explicar los nervios de los conservadores ante unas municipales que tienen en sí mismo una importancia muy relativa. Los municipios ingleses se van renovando cada cuatro años pero de forma escalonada; una treintena este año, unos 165 el siguiente, 280 en 2015 y 125 en 2016. El voto de este año es, además, en una zona tradicionalmente conservadora: los tories controlaron hace cuatro años 30 de los 34 municipios en los que se votó y obtuvieron 1.531 concejales, frente a 484 de los liberales, 178 laboristas, 97 independientes, 18 verdes y 47 de otras candidaturas.

Los analistas han situado en una pérdida de 300 concejales la barrera entre el éxito y el fracaso para los conservadores: cuantos menos pierdan por debajo de esa cifra, más éxito; cuanto más aumente esa cifra, más fracaso. Los sondeos otorgan al UKIP en torno a un centenar de concejales, un gran salto para ellos pero muy poca cosa a nivel nacional.

El auge del UKIP se ha traducido en una campaña nerviosa de los grandes partidos. Pero, sobre todo, de los tories. Mientras políticos veteranos como Kenneth Clarke o William Hague atacan al UKIP y les comparan con payasos, David Cameron parece hacer como si no existieran, al tiempo que va endureciendo su política de inmigración.

Este miércoles reiteró que en las próximas semanas presentará propuestas para limitar los derechos de los recién llegados desde países de la UE. Su objetivo es exigir un seguro médico, para evitar que se instalen en Reino Unido inmigrantes de Rumanía y Bulgaria para aprovecharse del sistema de bienestar británico. Es uno de los mitos que han nacido en los últimos meses: el del turismo social. Es un mito porque nadie, tampoco el Gobierno, ha probado con cifras que ese abuso existe realmente.