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Los choques sectarios causan unos cien muertos en dos días en Irak

Los últimos incidentes ponen en riesgo el frágil equilibrio entre suníes y chíes

Funeral por uno de los manifestantes fallecidos este martes en Kirkuk.
Funeral por uno de los manifestantes fallecidos este martes en Kirkuk. EFE

Al menos una docena de miembros de las fuerzas de seguridad han muerto este miércoles en varios ataques en las cercanías de Hawija, la localidad del norte de Irak donde la víspera murieron 24 manifestantes suníes (y tres soldados) cuando agentes de operaciones especiales intentaron desalojarlos. Al parecer, se ha tratado de una represalia por esa actuación, que ya el martes desató una oleada de disturbios en las regiones donde se concentra la población árabe suní y que en estos dos días han causado un centenar de muertos, según un recuento de la agencia France Presse. El incidente pone en peligro el frágil equilibrio sectario del país en un momento en el que la guerra civil en la vecina Siria amenaza con incendiar toda la región.

Las autoridades de Bagdad aseguran en un comunicado que “hombres armados entre quienes participaban en la sentada dispararon contra las fuerzas de seguridad y mataron a tres soldados”. Testimonios recogidos por medios periodísticos locales insisten en que fueron los uniformados, miembros de los SWAT (fuerzas especiales que responden directamente al primer ministro Nuri al Maliki) quienes dispararon contra los manifestantes de Hawija, cerca de Kirkuk, sin que mediara provocación.

Según el Ministerio de Defensa murieron 27 personas: Tres soldados y “una mezcla de manifestantes y militantes”, pero fuentes de la protesta elevan a 50 los fallecidos en su campo, además de 120 heridos. La cifra aumenta además si se añaden quienes murieron en los enfrentamientos que estallaron en otros puntos del país nada más conocerse el asalto.

Human Rights Watch (HRW) ha pedido al Gobierno que investigue las acusaciones de que los agentes del orden hicieron “un uso excesivo y letal de la fuerza”. Al Maliki, un chií que no ha logrado tender puentes con la minoría suní, anunció el propio martes la formación de un comité ministerial para investigar lo sucedido. Sin embargo, los analistas se muestran escépticos. Los comités que estableció tras incidentes parecidos el pasado enero en Faluya y en marzo en Mosul, no han producido ningún resultado tangible, ni identificado a los responsables.

“Hacer la vista gorda a los abusos previos ha ayudado a crear el clima de violencia que hoy amenaza con extenderse a todo Irak”, ha advertido Sarah Leah Whitson, la directora de Oriente Próximo de HRW.

Desde el pasado diciembre, la comunidad suní ha instalado campamentos, al estilo de los que popularizaron las revueltas de la primavera árabe, para expresar su malestar con las políticas del Gobierno central al que acusan de discriminarles y marginarles del poder. En Hawija, unas mil personas participaban en la protesta, iniciada hace tres meses en la rebautizada como plaza del Orgullo y el Honor.

Aunque no había noticias de violencia, las fuerzas de seguridad rodearon el lugar el pasado día 19 tras un ataque contra un puesto de control conjunto de la policía y el Ejército en el que un soldado resultó muerto, tres heridos y los asaltantes se hicieron con sus armas. Según el Ministerio de Defensa, luego se escondieron entre los acampados y, solo se procedió a intervenir, al fracasar las negociaciones con los responsables de la protesta para que los entregaran y ser objeto de un intenso tiroteo que mató a los tres soldados.

Inmediatamente, las protestas se extendieron a Faluya, donde al menos un millar de personas se echaron a las calles, según las agencias de noticias, y otras localidades de Al Anbar. En esta provincia, como en la de Nínive, la inestabilidad hizo imposible organizar las elecciones a las respectivas asambleas que en el resto del país se celebraron el pasado sábado. El Gobierno central ha anunciado sus comicios para principios de julio. Si antes no logra desactivar esta crisis, está por ver que vayan a poder celebrarse.

En un nuevo gesto del desencanto de los suníes con el Gobierno mayoritariamente chií, otro de sus (escasos) representantes, el ministro de Educación Ali Tamim presentó su dimisión. Es el tercer ministro de esa comunidad que deja el Gabinete en lo que va de año. También Osama al Nujayfi, el presidente del Parlamento y el más alto cargo suní, advirtió al Gobierno de que está llevando al país al desastre. Durante una reciente visita a Bagdad, Al Nujayfi manifestó a esta corresponsal que “la comunidad suní se siente excluida” y responsabilizó al primer ministro de esa situación.