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Se busca un papa más joven

Los más de 70 años de Angelo Scola, arzobispo de Milán, y Jean-Louis Tauran, alto cargo de la Curia, reducen sus posibilidades de salir elegidos

Postales en la plaza de San Pedro, en El Vaticano.
Postales en la plaza de San Pedro, en El Vaticano. EFE

Las quinielas sobre los papables son la principal distracción periodística en vísperas de un cónclave. Y también una forma discreta de poner en circulación un nombre, o quemar definitivamente otro. Pero más allá de lo discutible de las apuestas, una cuestión parece clara: después del Pontificado de Benedicto XVI, marcado por una cierta incomunicación con las masas de fieles, especialmente las de Latinoamérica, y un aire decadente (no se puede olvidar su pasión por la vieja liturgia, y los paramentos religiosos antiguos), la Iglesia universal necesita un papa joven. ¿Hay candidatos que respondan a esta primera exigencia? Por supuesto que sí, siempre que por joven se entienda alguien en la década de los sesenta (mejor al final). En esta situación, es decir, entre los 60 y los 70 años, se encuentran 40 cardenales. Hay, además otros cinco, entre los 50 y los 60 años. Por supuesto, el grueso de los purpurados que participarán en el cónclave —exactamente 72— están en el límite alto de edad (entre los 71 y 79 años). Después de todo, la Iglesia —sus altas esferas—, al menos desde la Edad Moderna, ha sido un gran geriátrico.

Pese a que la edad es clave, no es, desde luego, el único requisito que se tendrá en cuenta para la elección del sucesor de Ratzinger. La nacionalidad, por extraño que parezca, sigue jugando un papel. Los italianos, que dirigen la Curia vaticana desde tiempo inmemorial, han tenido que ceder protagonismo para acomodarse a la naturaleza multinacional de la Iglesia. Desde hace 35 años no hay un papa italiano, pero no hay que subestimar su poder ni su preponderancia en el cónclave. Con 28 cardenales son el mayor bloque nacional.

Estos datos explican que el arzobispo de Milán, Angelo Scola, de 71 años, se haya convertido en uno de los candidatos más citados para suceder a Benedicto. Scola, nacido en la provincia de Lecco, en Lombardía (la región más rica y desarrollada de Italia), es un teólogo que estudió en la Universidad de Friburgo con Ratzinger, y como a su antiguo profesor le falta vitalidad, y capacidad, para generar entusiasmo. Un compatriota y estudioso como él, el filósofo Massimo Cacciari, le descartaba al recordar que la Iglesia, sumida en una crisis profundísima, “necesita un pastor”. Dicho en otras palabras: alguien que comunique vida, sentimientos humanos, y no puro conocimiento teológico.

Scola cuenta con el apoyo de Comunión y Liberación, un movimiento religioso muy activo en Italia, y tiene un currículo eclesiástico perfecto: ha sido patriarca de Venecia (como lo fue Juan XXIII), y arzobispo de Milán (como Pablo VI). La diócesis milanesa es una de las más ricas e importantes del mundo, y entre sus pastores históricos está el cardenal Carlo María Martini, muerto el año pasado y que fue el candidato in pectore al papado de la Iglesia progresista.

En Italia no son pocos los medios que especulan con la posibilidad de que Ratzinger se haya despedido después de dejar atado y bien atado el próximo cónclave. Y apuntan incluso el nombre del cardenal que le heredaría: el francés Jean-Louis Tauran, que cumplirá en abril 70 años. Tauran, alto cargo de la Curia romana —preside el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso—, es un diplomático políglota al que Juan Pablo II nombró obispo y después, cardenal. Como cardenal protodiácono, confirmado por Benedicto XVI en este cargo, en 2011, le corresponderá a él anunciar al mundo al nuevo Pontífice. Es de suponer que algún colega le sustituiría en caso de ser él el elegido.

Más o menos de la misma edad que Tauran es el arzobispo de Tegucigalpa, Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, salesiano de 70 años y uno de los papables más citados en el anterior cónclave. Esta vez, Maradiaga ha dejado claro que no se considera apto para ocupar la sede de Pedro. En el cónclave de 2005, este hondureño afable y accesible, fue citado una y mil veces como el candidato progresista perfecto para liderar la Iglesia. Solo había una pega, con 62 años era demasiado joven. Y esa pega se mantiene en el caso del arzobispo de Manila, Luis Antonio Tagle, que tiene 55 años.

Casi ocho años después, Maradiaga puede ser demasiado mayor. Y quedar fuera de juego como ya le ocurrió —aunque no sólo por su juventud— en el cónclave de 2005, donde fue derrotado por el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 años de edad, segundo en la votación final, y por el propio Ratzinger.

Si, como apuntan algunos especialistas, ha llegado la hora de desplazar el poder de la Iglesia fuera de Europa, los candidatos mejor situados serían el canadiense Marc Ouellet, de 68 años, que preside el ministerio de los obispos, el ghanés Peter Appiah Turkson, de 64 años, que dirige el Consejo de Justicia y Paz, en el Vaticano y el brasileño Pedro Odilo Scherer, arzobispo de São Paulo, de 63 años de edad. La quiniela se resolverá, probablemente, a finales de marzo.

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