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Ver especial Elecciones Generales Italia 2013

La izquierda encabeza los sondeos pese a las embestidas de Berlusconi

Il Cavaliere excluye de su lista a personajes turbios para recuperar terreno

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El ex primer ministro Berlusconi, el pasado 13 de enero. AFP

Silvio Berlusconi quiere que Kaká, el jugador brasileño del Real Madrid, regrese al Milan, donde jugó hasta 2009. ¿Para reforzar el ataque del equipo rojinegro? No exactamente. Según los sondeos que maneja el político y magnate, el fichaje mejoraría en dos puntos las expectativas electorales de su partido, el Pueblo de la Libertad (PDL). La operación no parece muy factible —entre otras cosas porque la situación financiera de sus empresas no está muy boyante—, pero el anterior primer ministro está dispuesto a cualquier cosa para achicar distancias con el centroizquierda, favorito en los sondeos de cara a las elecciones del 24 y 25 de febrero. De hecho, si Berlusconi ha optado por dejar en la estacada electoral a alguno de sus más viejos colaboradores relacionados judicialmente con la Mafia —“Los Impresentables”, en el argot periodístico—, no ha sido por un golpe súbito de decencia política, sino porque los sondeos le indican que así puede ganar (o no perder) un millón de votos.

A un mes justo de las elecciones, el panorama político italiano se presenta, una vez más, como una maraña difícil de desenredar. Todos los sondeos dan ganador al Partido Democrático de Pier Luigi Bersani, con una horquilla que va del 30% al 33% de los votos, al que hay que sumar los entre cuatro y cinco puntos que obtendrían sus aliados en la coalición de centroizquierda. En segundo lugar se halla la coalición de centroderecha, compuesta por el partido de Berlusconi (entre el 17% y el 19%), la Liga Norte (alrededor del 5%) y otras formaciones menores. El tercer puesto se lo disputan, con alrededor del 15%, la coalición de partidos de centro que propugnan un segundo mandato de Mario Monti y el Movimiento 5 Estrellas del cómico Beppe Grillo. Pero un mes de campaña en Italia es una eternidad y tampoco hay que perder de vista que, según el último sondeo de la cadena SkyTG24, el 37% de los votantes aún no han decidido qué hacer.

En cualquier caso, si los sondeos tuvieran razón, el candidato del centroizquierda no tendría más remedio que apoyarse en una segunda opción —sobre todo en el Senado— para poder gobernar. Descartados Berlusconi y Beppe Grillo, Pier Luigi Bersani estaría abocado a pactar con Mario Monti, quien —no está de más recordarlo— ha inventado una habilidosa forma para permanecer en primera línea de la política italiana: apadrinar a una coalición de partidos que lo apoyan pero sin aparecer en las papeletas para no perder su condición de senador vitalicio. Monti ha demostrado así que nadar y guardar la ropa es posible, y mientras en Davos representa el papel de político moderado que tantos beneplácitos mundiales le ha reportado en los últimos 13 meses, al regresar a Italia se convierte en un político de verbo afilado. Ni la izquierda ni la derecha se salvan de sus ataques, e incluso cuando un editorialista de Financial Times cuestionó el pasado lunes que él fuese el hombre adecuado para seguir dirigiendo los destinos de Italia, hizo valer su poder y logró que el diario puntualizara sus comentarios.

Así las cosas, el espectáculo de la política se representa en todo su esplendor, y tal vez la cuestión más difícil de entender fuera de Italia —y a veces también dentro— es cómo Silvio Berlusconi, a sus 76 años y después de dos décadas ensuciando la vida política italiana, puede tener posibilidades aún de obtener un buen resultado electoral y condicionar el futuro del país. Su capacidad para hacer girar el debate en torno a él es asombrosa, y aunque Bersani y Monti traten de ignorarlo o descalificarlo, el viejo político siempre tiene preparado un titular para enhebrar una nueva polémica. Tras deshacerse —en el último minuto, para no darles tiempo a reaccionar— de sus amigos relacionados con la Mafia, echó la culpa de su decisión —“me ha dolido como cortarme una mano”— a los jueces que, según repite, utilizan la toga como un arma política contra él. Berlusconi pretende hacer calar en los italianos la idea de que si votan a Bersani o a Monti se verán obligados a más recortes y a más impuestos, mientras que con él volvería a correr el dinero. “Soy un empresario de éxito y, al contrario que el profesor [Mario Monti], sé de lo que hablo”, insiste.

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