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Los nuevos líderes chinos se enfrentan a crecientes demandas de reforma política

El gigante asiático no ha avanzado en el plano político en los 10 años que ha estado en el poder Hu Jintao, quien el jueves fue sustituido por Xi Jinping como secretario general del PCCh

Xi Jinping y Li Keqiang, tras ascender el jueves a números uno y dos, respectivamente, del Partido Comunista Chino.
Xi Jinping y Li Keqiang, tras ascender el jueves a números uno y dos, respectivamente, del Partido Comunista Chino. EFE

Cada vez que tiene lugar un congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), surgen voces y especulaciones sobre la posibilidad de que China acometa reformas políticas que emulen las profundas reformas económicas que ha llevado a cabo desde que Deng Xiaoping lanzó el proceso de apertura en diciembre de 1978. Poco ha avanzado el país asiático en el plano político en los 10 años que ha estado en el poder Hu Jintao, quien ayer fue sustituido por Xi Jinping como secretario general del partido y en marzo próximo será relevado como presidente del país al finalizar su mandato. Xi Jinping tendrá que hacer a lo que no hizo Hu en este campo, empujado por las crecientes -aunque aún tímidas- demandas de la población y el agotamiento de un modelo económico, que, según algunos expertos, exige para su modificación también cambios políticos.

Cuando Hu Jintao llegó al poder, algunos vieron en él un líder reformista. Pronto se esfumó el espejismo, con un Hu totalmente centrado en impulsar la economía y agostar cualquier atisbo de disidencia y petición de reformas; hasta el punto que, según algunos intelectuales como Deng Yuwen, redactor jefe en Tiempos de Estudio, una revista publicada por la Escuela Central del Partido, el fracaso de Hu Jintao a la hora de dar pasos significativos hacia un cambio político y la democratización ha llevado al Partido Comunista a tener que afrontar “una crisis de legitimidad”.

En un análisis detallado del legado de la Administración de Hu y del primer ministro Wen Jiabao, Deng Yuwen afirma que, “hablando en general, China ha avanzado de forma considerable durante este tiempo”, pero que los problemas que se han generado “sobrepasan los logros”. “El problema mayor y más urgente al que tiene que hacer frente el partido comunista, en el proceso de creación de una sociedad acomodada, es la crisis sobre la legitimidad de su gobierno, resultado de su fracaso a la hora de tratar la creciente brecha de ingresos, el empeoramiento de la corrupción, la incapacidad para lograr de forma efectiva la integración social y el fracaso a la hora de responder a las peticiones públicas de mayor democracia”. El ensayo, titulado Los 10 graves problemas, fue publicado en Internet en la influyente revista Caijing a principios de septiembre, pero fue rápidamente censurado.

Xi Jinping llega al poder con una China más fuerte que hace 10 años desde el punto de vista de la economía y la política exterior, pero con más tensiones y algunos problemas más enraizados. Entre los desafíos a los que tendrá que hacer frente, están las desigualdades sociales, la corrupción rampante y los problemas medioambientales; cuya solución pasa, según los expertos, por la puesta en marcha de reformas.

Los problemas que ha generado el crecimiento de China en los últimos años “sobrepasan los logros”, afirma un analista

Muchos economistas chinos y extranjeros consideran que es urgente que Pekín emprenda reformas económicas porque la vía actual, basada en la inversión y las exportaciones, se ha agotado. “China debe cambiar el modelo actual de desarrollo económico y prestar más atención a la construcción de la economía doméstica, mejorar la calidad del crecimiento y permitir que la gente comparta los resultados del crecimiento”, asegura Li Jing, profesora en la Universidad de Economía y Negocios de Pekín. “Las dos reformas más importantes que debe emprender China son mejorar la pauta del reparto de los ingresos y reducir la brecha de riqueza. Esto inyectaría un nuevo ímpetu a la economía”. Li afirma que, para seguir creciendo a un ritmo fuerte, Pekín debe disminuir las desigualdades, crear un sistema de seguridad social, mejorar el consumo de los hogares, romper los monopolios industriales y perfeccionar el entorno del mercado. “China necesita crecer menos rápido, pero con mayor calidad”, señala.

Algunos académicos creen que hay que ir mucho más allá, hacia los cambios políticos. “Hay una crisis potencial en el modelo chino de crecimiento económico. Uno de los motivos es la falta de emparejamiento entre la economía y la política”, dice Yao Zhongqiu, profesor universitario y presidente del Instituto de Economía Unirule, un centro de pensamiento privado en Pekín, que promulga las políticas de libre mercado. “Lo más importante no son las reformas económicas sino las reformas políticas. Creo que los líderes lo comprenden perfectamente. Ahora en China, a nadie le preocupan las reformas económicas, preocupan las reformas políticas. Si los nuevos líderes son inteligentes y quieren hacer algo por la gente, más vale que comiencen por las reformas políticas”.

Roderick MacFarquhar, profesor en la Universidad de Harvard especialista en China, coincide: “Los grandes desafíos para los nuevos dirigentes serán luchar contra la corrupción y la degradación ambiental, y hacer frente a las crecientes demandas de liberalización política”.

Los expertos piensan que los nuevos líderes son conscientes de que China ha alcanzado un punto de inflexión en su desarrollo económico y político, y la presión a favor de reformas está subiendo. Los académicos chinos hablan abiertamente de ello.

¿Puede continuar China con el sistema político actual? “Dado que la inercia es una fuerza poderosa, el sistema podría continuar durante algún tiempo, a pesar de su fragilidad”, afirma MacFarquhar. “El problema es que reforma política significa desmantelar la dictadura del partido, y sus 83 millones de miembros se opondrían a ello con fuerza porque significaría que pierden sus privilegios, ventajas y medios para ganar dinero de forma corrupta”.

El debate está también en la prensa oficial. Según una encuesta publicada a principios de mes por Tiempos Globales, periódico ligado al Diario del Pueblo –órgano oficial del PCCh-, ocho de cada 10 habitantes en las grandes ciudades chinas son partidarios de que se lleven a cabo reformas políticas.

La clave, al final, reside en el significado detrás del término y en la velocidad de implantación. En el discurso de apertura del congreso, el 8 de noviembre, Hu Jintao tuvo palabras cautas para los posibles cambios. “La reforma de la estructura política es una parte importante de la reforma global china. Debemos continuar haciendo esfuerzos activos y prudentes para llevar a cabo la reforma de la estructura política, y hacer la democracia del pueblo más extensiva, de alcance más completo y práctica más sólida”.

La frase alambicada viene a decir que Pekín podría introducir medidas para ampliar la denominada democracia dentro del partido, implantar medidas experimentales para promover un mayor debate dentro de las estructuras del PCCh sin modificar el régimen de partido único, garante, según consideran las autoridades, de la estabilidad social necesaria para proseguir el desarrollo económico. Para quien tuviera esperanza de ver la llegada en un futuro de un sistema democrático multipartidista, Hu fue tajante: China “nunca copiará un sistema político occidental”.

Cai Mingzhao, portavoz del 18 Congreso del PCCh, lo justificó en una rueda de prensa previa al inicio del cónclave con esta frase: “La posición protagonista del Partido Comunista en China es una decisión hecha por la historia y por el pueblo. La reforma del sistema político debe adaptarse a la realidad nacional china. Debemos mantenernos de forma inquebrantable en la senda adecuada abierta por el partido”.

Deng Yuwen considera que esa posición podría frenar el ascenso chino. “Hay un largo camino antes de llegar a la idea de devolver el poder al pueblo. Este es el mayor problema y el que plantea mayor desafío. De la experiencia de modernización en otros países, se desprende que es evidente que no se puede resolver de una sola vez. Debe hacerse de forma metódica y con precaución”, escribe en su ensayo. “Sin embargo, el Estado debería hacer al menos algún gesto y mostrar que el partido es sincero en sus esfuerzos para dar a la gente esperanza, en lugar de vacilar frente a las dificultades”, afirma, para añadir, a continuación, que la solución a las dificultades que sufre China “se encuentra en la reforma del sistema político, y en lo profunda que sea la reforma”. “Una era acaba y otra comienza”, dice Deng, y añade que la forma en que avancen los sucesores de Hu Jintao y Wen Jiabao en el manejo de los problemas a los que se enfrenta el país “determinará el ascenso pacífico de China y la velocidad del ascenso, e incluso si el ascenso puede continuar”.