La oposición siria intenta poner orden en sus filas

Activistas en el terreno, exiliados, jefes militares y religiosos buscan consenso El mayor grupo disidente eligre a un cristiano comunista como líder EE UU maniobra para influir en la composición del frente político

Un combatiente rebelde, en una casa destruida de Ras al-Ain, tras un enfrentamiento.
Un combatiente rebelde, en una casa destruida de Ras al-Ain, tras un enfrentamiento. BULENT KILIC (AFP)

Ahora le toca el turno a un cristiano. El Consejo Nacional Sirio (CNS), grupo que representa a alrededor del 60% de la oposición al régimen de Bachar el Asad, eligió este viernes como nuevo presidente a George Sabra, de 65 años. Su primer objetivo: evitar un nuevo fracaso en la trinchera política de la primavera siria. Cristiano, viejo comunista y profesor de geografía retirado, Sabra tomó el relevo de manos de Abdulbaset Seida, político sirio kurdo que desde el pasado mes de junio ha tratado de encauzar el rumbo del CNS sin grandes avances, pero con un sonado guantazo, el que le propinó recientemente la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, al retirarle de forma explícita su apoyo incondicional y abrir sus brazos a nuevas figuras de la oposición siria, tanto de dentro como de fuera del país.

Quizá pudo ser más alto, pero no más claro, el primer mensaje de Sabra desde Doha (Catar), donde esta semana se celebró la asamblea del CNS: necesitan “armas para frenar la sangría” que desde marzo de 2011 ha costado la vida a más de 36.000 personas, entre soldados, civiles y desertores, de acuerdo a los cálculos del grupo activista Observatorio Sirio de Derechos Humanos. Piden armas a la comunidad internacional, pero no para ellos, sino para las brigadas del Ejército Libre de Siria (ELS) que comanda las operaciones contra las fuerzas del régimen y administra amplias zonas del noroeste liberado. “Por desgracia”, manifestó Sabra en declaraciones recogidas por la cadena catarí Al Yazira, “no hemos logrado nada de ellos [la comunidad internacional], salvo algunas declaraciones y muestras de aliento”.

Antes de Sabra, natural de Qatana, en la provincia de Damasco, vino Seida y antes, el suní (rama del islam mayoritaria en Siria) Burhan Ghaliun, primer líder de la organización opositora nacida seis meses después del estallido de las primeras manifestaciones prodemocráticas. A Ghaliun le criticaron por no saber unir a las diferentes familias que forman el CNS y dejarse llevar por el fuerte empuje de los Hermanos Musulmanes. La sombra de la Hermandad no ha desaparecido durante el mandato de Seida, una presidencia que si bien ha logrado establecer vínculos con el terreno, a través del ELS y los Comités Locales de Coordinación, se ha ganado el portazo de Washington. Para limar cualquier atisbo de guerra sectaria, el CNS ha aupado al mando a un activista que ya conoció la cárcel, tanto en tiempos de Bachar el Asad, como en los de su padre, Hafez, por sus actividades en el Partido Comunista, ahora llamado Partido Popular Democrático Sirio. La vicepresidencia del CNS, eso sí, la ocupará Faruk Tayfur, miembro de la Hermandad.

La renovación de la cúpula del CNS coincide, no obstante, con las reuniones mantenidas desde el pasado domingo también en Doha por el resto del abanico que forma la oposición al régimen, entre activistas del interior de Siria —que lograron viajar a través de las porosas fronteras—, políticos del exilio y líderes rebeldes. Es en este cónclave en el que, en verdad, tiene puestas sus miras Estados Unidos. Como expresó recientemente Clinton, tras cargar contra el CNS, el objetivo de Washington es unir a cuantos más grupos de la oposición mejor. La espiral de violencia está enquistada y es momento, para Washington, de apostar por la trinchera política. Para ello, y ante el fracaso del CNS, el embajador de EE UU en Siria Robert Ford ha estado trabajando los últimos meses en una lista de individuos, de fuera y dentro de Siria que, en su opinión, “han mostrado liderazgo”. El equipo de Ford ha llevado esa lista a Doha, entre acusaciones de los Hermanos Musulmanes por considerar “inaceptable” la “tutela y dictados” de Washington.

Con o sin lista, sobre la mesa del cónclave de Doha está la formación de la Iniciativa Nacional Siria (INS), una mesa de diálogo de grupos de la oposición que podría tener el plácet de EE UU, Catar y la Liga Árabe. La INS, de llegar a puerto, estaría formada por unos 60 miembros, entre ellos, hombres del CNS, activistas en el terreno, mandos de los grupos armados y representantes religiosos. De aquí saldría una suerte de Gobierno que comenzase a implicarse en la gestión de las zonas arrebatadas por el ELS a El Asad. Pero aún queda que todas las voces se pongan de acuerdo y que, desde dentro, lo sientan así.

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Sobre la firma

Óscar Gutiérrez Garrido

Periodista de la sección Internacional desde 2011. Está especializado en temas relacionados con terrorismo yihadista y conflicto. Coordina la información sobre el continente africano y tiene siempre un ojo en Oriente Próximo. Es licenciado en Periodismo y máster en Relaciones Internacionales

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