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Dos niñas sobreviven a una misteriosa matanza a los pies de los Alpes franceses

Una de ellas, de cuatro años, se salvó al esconderse bajo los cadáveres durante ocho horas

Tres de las cuatro víctimas mortales fueron asesinadas de un tiro en la cabeza

Cuatro personas fueron asesinadas el miércoles en Chevaline, cerca del lago Annecy, en la Alta Saboya francesa, en un misterioso crimen que tiene en jaque a las policías de Francia y Reino Unido. Tres de las víctimas -dos mujeres y un hombre- serían miembros de una misma familia, posiblemente británica, que pasaba sus vacaciones en un camping de esa zona boscosa del sureste de Francia, a los pies de los Alpes y muy cerca de la frontera suiza. Los tres fueron hallados muertos en un BMW, con matrícula británica, en un aparcamiento para excursionistas. La cuarta víctima es un ciclista francés que pasaba por la zona.

Dos niñas de corta edad sobrevivieron a los asesinatos. La mayor, de seis o siete años, fue hallada inconsciente, fuera del coche, herida de gravedad en la cabeza. El jueves permanecía ingresada en el hospital, pero su vida no corre peligro. “Tenemos la sensación de que se encarnizaron con esta niña e imaginaron que moriría”, dijeron los investigadores.

La más pequeña, de cuatro años, resultó ilesa, aunque según los investigadores permaneció escondida en el vehículo junto a los tres cadáveres durante largas horas, “en las faldas” de su madre fallecida, acurrucada entre bolsas y maletas, mientras las fuerzas de seguridad acordonaban la zona. Ni los bomberos, ni los gendarmes, ni tan siquiera un helicóptero equipado con cámaras térmicas se percató de la presencia de la niña. Estaba “totalmente invisible, muda”, justificó el fiscal de Annecy, Eric Maillaud.

Los crímenes fueron descubiertos hacia las cuatro de la tarde del miércoles, pero los bomberos y policías que llegaron al lugar no se percataron de la presencia de la niña hasta la medianoche, cuando los forenses procedían a levantar los cadáveres. Los agentes contaron que la pequeña estaba “haciéndose la muerta”, y que al ser cogida en brazos, se puso contenta, empezó a hablar en inglés y contó que había escuchado disparos y gritos. "Y poco más. Solo tiene cuatro años", indicó uno de los policías.

Según el diario local Dauphiné Libéré, el ciclista que resultó muerto al pasar junto al coche era originario de la región y había salido a dar una vuelta en bici. De acuerdo con esta misma información, tenía unos 40 años y tres hijas.

Las víctimas fueron descubiertas por un ciclista británico que pasaba por la zona, y que según declaró, había sido adelantado poco antes por el ciclista asesinado. El hombre contó que había salido a pasear cuando vio a una niña de siete años acercarse a él y derrumbarse al suelo. Luego se acercó al vehículo y comprobó que en su interior se encontraban un hombre y dos mujeres muertos. Detrás del coche descubrió el cuerpo sin vida de otro ciclista. La matanza, por tanto, acababa de producirse. Según la radio Europe 1, el testigo se cruzó con el vehículo del asesino, pero la policía no quiso confirmarlo.

El miércoles no estaba clara la identidad del que hasta ahora es el único testigo, aunque la prensa británica afirma que es un exmiembro de la Royal Air Force que posee una casa en las cercanías. Se sabe que fue él quien avisó a la policía y que, según informó esta, supo colocar a la pequeña herida en la cabeza en una posición lateral de seguridad que ayudó a salvar su vida.

Los nombres de las víctimas halladas cerca de una carretera que discurre por la zona boscosa de Combe D’Ire, en la parte alta del lago alpino Annecy, no se conocen todavía oficialmente. Se trata de un hombre que supuestamente conducía y de dos mujeres. La policía solo encontró dos pasaportes, uno de un británico de 50 años nacido en Bagdad, y otro de una mujer sueca de 74 años. El propietario del BMW se llama Saad al Hilli, aunque la policía no quiso confirmar que se trate de la víctima —así como del vínculo familiar existente entre los fallecidos— hasta que estén listos los resultados de ADN.

La prensa británica y la francesa, no obstante, ya dan por hecho que se trata de los Al-Hilli y han hecho un retrato de la familia basado en los testimonios de los vecinos del barrio de Claygate, en Surrey —a 30 kilómetros de Londres— en que residía la familia. De acuerdo con estas informaciones Saad al-Hilli, el padre, tenía una empresa de asesoría informática especializada en aeronáutica en la que su esposa, Iqbal, ejercía como secretaria pese a haber estudiado odontología. Ambos habían salido de Irak, su país natal, en 1970 por motivos políticos y estaban absolutamente integrados en la vida y cultura británicas. Investigadores de Londres entraron en la mañana del jueves en el domicilio de los al-Hilli en busca de indicios sobre la autoría y el móvil del homicidio.

En el lugar del homicidio los agentes hallaron una quincena de casquillos provenientes de una pistola semiautomática. El misterio es total también en cuanto a las causas de la muerte de la presunta madre, que “a priori no tenía huellas visibles” de violencia. Según la policía, se trata de “un crimen salvaje” que “sobrepasa ampliamente la ficción televisiva”.

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