El priismo vuelve a respirar poder

Los militantes del PRI, que reconocen los errores del pasado, sienten de nuevo la fuerza del mandato

Militantes del PRI en la sede del partido.
Militantes del PRI en la sede del partido.A. ESTRELLA (AFP)

Con la música de la canción Cielito lindo, que recomienda al que sufre o pierde que cante y no llore, Enrique Peña Nieto cerró el discurso en el que se presentó como nuevo presidente de México tras superar al candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

“Es el candidato del PRI democrático”, decía un militante del partido, Luis Ángel López, de 33 años, minutos después de que Peña Nieto hablase a las masas que se concentraron en la enorme explanada del viejo partido hegemónico, que gobernó el país sin alternancia de 1929 al 2000. “Antes era todo impuesto. Ahora sientes que tienes el derecho de decidir”, añadía su esposa, Sandra Fonseca, 29 años, e igualmente militante del PRI.

Los simpatizantes contaban sus historias personales con el Partido Revolucionario Institucional. Esperanza Zamora, de 69 años, una mujer humilde que ha tenido 13 hijos y de momento ha sobrevivido a nueve de ellos, decía que el PRI siempre ha estado con la gente sin recursos. “Yo me crie en lo peor, y ellos han estado ahí para ayudarme”, decía esta vendedora ambulante. Julio, jefe de la Porra Oriente, un grupo de basureros del pobre municipio de Nezahualcoyótl (Estado de México), explicaba que Peña Nieto logró que cobrasen un sueldo por su trabajo –“Un poco más del sueldo mínimo”– en lugar de ganar solo lo que dejasen las propinas de los vecinos, y por eso, decía, formaron un grupo que sigue y apoya al líder priista como si fuesen hinchas de un club de fútbol. Otro militante del PRI, Joaquín Montenegro, un músico de 22 años, reconocía que está con Peña Nieto “por interés”, porque el partido le ha abierto las puertas a tocar en eventos.

El mito mexicano habla de un partido, el PRI, que gobernaba sin libertades, pero tenía cubiertas las necesidades de su gente, hasta que su sistema de poder se derrumbó en el 2000, con la victoria del PAN, que ha gobernado hasta hoy. Ahora, el PRI se define como un nuevo partido, modernizado. “Somos una nueva generación. Ya no hay regreso al pasado”, aseveró Peña Nieto en su discurso en la sede del partido tras conocerse el primer recuento electoral. “De los errores se aprende”, comentaba a su vez Montenegro, el músico militante, “y nos hemos levantado con fuerza”.

El mundo del PRI rezuma poder. El edificio principal de su sede es una alta torre de hormigón con un extenso mural a su entrada, una alegoría de la Revolución Mexicana. Campesinos con rifles y machetes. Un ferrocarril. Un indígena con una bayoneta en la mano. Cuando uno entra en este lugar, donde trabajan cada día 800 personas, nota que está en la casa de algo más que un partido político. “El Sistema”, decía una secretaria del partido, “yo sé que hemos cometido errores, pero a mí no me corresponde juzgarlos, porque formo parte del Sistema”.

Los priistas no concebían la posibilidad de perder, se sabían de vuelta al puesto de mando que detentaron durante siete décadas y que perdieron en el 2000. “Fueron 12 años feos, muy duros sin el poder”, comentaba Ricardo Villanueva, 56 años.

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Sin esperar a que la autoridad electoral diese los resultados, sobre las once de la noche (seis de la mañana en España), la masa social del PRI dio por sentada la victoria por adelantado desde mediada la tarde. “Ya está hecho”. “Es una victoria absoluta, irrevocable”, decían a las seis de la tarde. Pasaron tres horas y, aún sin datos, la explanada de la sede del PRI ya era una fiesta desencadena de cumbia y gritos de triunfo. Allí estaban los basureros, los del sindicato petrolero y mucho otros habitantes del planeta PRI. “¡Ya ganamos!, ¡ya ganamos!, gritaba el maestro de ceremonias en el escenario central. “La fiesta del PRI es la fiesta de todo México”, dictaba al micrófono.

A ese escenario salió Peña Nieto con su esposa Angélica Rivera para hablar a sus miles de simpatizantes como virtual presidente de México. “Hoy no ha ganado un partido, ha ganado la democracia”, dijo. Peña hizo hincapié en su discurso en que será el presidente de todo el país. Una idea que en cierto modo conjuraba los miedos de parte de la ciudadanía de que la victoria de este partido suponga un retroceso a la política del partido único y sus acólitos.

Peña Nieto habló de un México unido en torno a sus retos, un país que debe hacer primar su bien por encima de los intereses de partido. Otro PRI para otro México. Un proyecto ambicioso para un país que todavía no se siente del todo libre de las cadenas de un pasado de fragilidad civil y lucha individual por la supervivencia. Hasta Julio, el hincha máximo de Peña Nieto, reflexionaba con un chiste sobre los problemas que comparten todos los ciudadanos de este país, priistas o no priistas. “Un comerciante mexicano lleva dos cubetas con cangrejos, una tapada y otra abierta. Y otro mexicano le pregunta, ‘¿Por qué llevas una tapada?’. El otro le responde: ‘en la cerrada llevo cangrejos japoneses, y ellos se ayudan a subir para escaparse. En la otra llevo cangrejos mexicanos, que cuando uno está subiendo, el otro lo jala pa’ abajo”.

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