“Si se corta la ayuda europea, este país se va al fondo del mar”

Los griegos viven con desánimo y escepticismo la resaca electoral

Dos hombres miran los titulares de la prensa griega.
Dos hombres miran los titulares de la prensa griega.ANDREAS SOLARO (AFP)

“Mire, mire las fotos del periódico: los que han ganado las elecciones tienen la cara triste, los que han perdido sonríen. Eso da una idea de cómo están las cosas en Grecia”. A Cleansis Tsironis, carnicero en el mercado central de Atenas, no le faltaba razón. Dentro del desánimo general, los partidarios de Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical, no parecían demasiado deprimidos por quedarse en la oposición. “Ahora que ya no tienen dónde robar, casi me dan pena los que deban ocuparse del Gobierno”, añadió el carnicero.

La celebración de la victoria electoral por los partidarios de Nueva Democracia fue breve y bastante forzada. Unos centenares de militantes se congregaron el domingo por la noche en la plaza Sintagma de Atenas para arropar al líder, Antonis Samarás, gritaron “Grecia es Samarás”, hicieron flamear las banderas y se fueron a su casa. “Habríamos preferido una mayoría más amplia”, comentó Ariana, una joven empleada del partido, “pero estamos seguros de que Samarás conseguirá levantar el país”. Su tono carecía por completo de entusiasmo.

“A mi edad, mis padres poseían dos casas y dos coches”, dice un periodista

El de ayer fue un lunes como cualquier lunes. Pareció frenarse la retirada de depósitos de los bancos y se alivió la incertidumbre de las pasadas semanas, pero la situación era la de siempre. Tras la noche electoral, los griegos despertaron para encontrarse con la misma quiebra y las mismas perspectivas oscuras. “Acabo de leer que Angela Merkel no nos dará un respiro aunque hayamos votado lo que ella nos exigía; hace bien, tiene razón, somos unos vagos y nos merecemos lo peor. Ya ve usted, tengo 31 años, vivo con mi madre porque me da pereza pagar un alquiler, me levanto cada día a las 4.30 de la mañana para venir a gandulear cargando cajas en el mercado: ¡azóteme, señora Merkel!”, comentó con sarcasmo, y en un inglés aceptable, un mozo llamado Giorgos, votante de Syriza y “harto” de la austeridad. “El Gobierno de la derecha se quemará en unas semanas, el futuro es de Syriza”, aseguró.

Votar es teóricamente obligatorio en Grecia. Pero el domingo, pese a tratarse de unas elecciones trascendentales, precedidas en mayo por otras elecciones que no permitieron formar una mayoría viable, solo el 60% de los griegos se acercaron a las urnas. “Yo fui a votar y voté lo que nos pedía Europa [Nueva Democracia], porque trabajo en una compañía de seguros y sé que si se corta la ayuda europea este país se va automáticamente al fondo del mar, pero no creo que con las condiciones de los acreedores podamos salir del agujero”, dijo Sandra, una joven abogada que almorzaba con varios colegas en una terraza céntrica. “En realidad pienso que Alexis Tsipras [el líder de Syriza] tiene parte de razón y que si los acreedores no nos conceden aún más créditos y una moratoria de unos cuantos años, para dedicar el dinero de la deuda a la actividad económica, ni ellos cobrarán ni nosotros tendremos ninguna posibilidad de recuperarnos”, agregó.

“El Gobierno de derecha se quemará. El futuro es Syriza”, vaticina un empleado
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“A mi edad, 32 años, mis padres poseían dos casas y dos coches y habíamos nacido ya yo y mi hermano; yo tengo una novia, un empleo y dos perros, y puedo estar contento porque la mayoría de mis amigos no encuentran trabajo”, explicó un periodista especializado en información económica. Para él, la prioridad debería consistir en “cambiar de arriba abajo un Estado grande e ineficiente, cuya única función es producir burocracia y absorber recursos que darían mucho más provecho en la empresa privada”.

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