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Sarkozy remonta lentamente en los sondeos en el cierre de campaña

Según las últimas siete encuestas, Hollande mantiene una ventaja de entre cuatro y siete puntos

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Pegada de carteles de Sarkozy en La Chapelle-des-Fougeretz, en Rennes. AFP

Nicolas Sarkozy todavía cree en una remontada heroica, sobre la línea de meta y con foto finish, para voltear la unánime opinión de los sondeos y los analistas. François Hollande tiene otros planes, y hoy ha dicho que está pensando adelantar la fecha de la investidura para poder verse antes de lo previsto con Angela Merkel y empezar a negociar el pacto de crecimiento para Europa.

Así llegan los dos candidatos al cierre de la campaña de las presidenciales. Uno resistiéndose a una derrota cantada y agarrándose a la magia de un recuento cardíaco el domingo por la noche, y el otro sintiéndose ganador pero llamando a los suyos a darle una victoria amplia para afrontar con más calma la tarea que le espera.

Las últimas encuestas coinciden en señalar que Sarkozy ha recuperado terreno y sugieren que la noche electoral será más larga y emocionante de lo previsto hace solo dos días. El presidente saliente sigue remontando gota a gota, y llega al último empujón con la menor desventaja de la campaña. El sondeo diario de Ifop, publicado a las seis de la tarde de hoy, pronostica un 52% a 48% favorable a Hollande, con un 16% de indecisos. Sarkozy gana un punto respecto al jueves, aunque irónicamente pierde tres en la pregunta que pulsa el pronóstico de los electores: solo el 20% de los encuestados piensa que logrará ganar, frente al 52% que cree que lo hará Hollande.

Las otras seis encuestas publicadas hoy conceden al socialista una ventaja más holgada, de entre cinco y siete puntos. La más favorable a Hollande, la de TNS Sofres, estima un 53,5% a 46,5%, pese a una subida semanal de 1,5 puntos del líder conservador. Otros dos sondeos anticipan un 53% a 47%, con avances del presidente de dos y un punto, respectivamente. Y los otros tres sitúan la diferencia en cinco puntos, 52,5% a 47,5% para Hollande.

Pese a todo, los politólogos no se atreven a considerar la cita cerrada, y subrayan que serán clave los indecisos que apoyaron en el primer turno a Marine Le Pen y François Bayrou. Pascal Perrineau, director del centro de investigaciones políticas de Sciences Po, afirma en una entrevista a France Info que “las líneas todavía se pueden mover, y no cabe descartar algunos elementos de sorpresa”.

En su último mitin, hoy, Sarkozy no ha ahorrado ningún recurso para tratar de movilizar a sus propios seguidores y los de los demás: ha reiterado que los sondeos mienten, ha aventado una supuesta conspiración mediática, ha atacado a un periodista que hacía su trabajo en directo, y ha tildado a Bayrou de incoherente por haber afirmado que votará a Hollande.

Mientras tanto, los notables del partido han seguido mostrando su división y desconcierto, y parecían pensar más en su propio futuro que en la victoria. El primer ministro, François Fillon, ha glosado las virtudes de las primarias, y el titular de Exteriores, Alain Juppé, ha ido todavía más allá y ha dado por perdida la elección al declarar: “Ya verán cómo, a partir del 7 de mayo, Bayrou se colocará como oposición al Gobierno de Hollande”.

Los socialistas no quieren lanzar las campanas al vuelo, pero atribuyen el último arreón de Sarkozy al natural reequilibrio de fuerzas que suele producirse en vísperas de toda elección entre la derecha y la izquierda. El resultado final dependerá de los trasvases de votos. Los electores de Le Pen planean votar entre un 40% y un 54% a Sarkozy, y entre un 15% y un 22% a Hollande, mientras este recibiría el 76% de los apoyos de los seguidores de Jean-Luc Mélenchon. Los analistas recuerdan que Hollande debe asegurarse un apoyo compacto del Frente de Izquierda.

Pero las tropas del centrista Bayrou también tienen mucho que decir, y aparentemente siguen divididas en tres bloques bastante similares: 38% Sarkozy, 30% Hollande y 32% abstención. Estas muestras son en todo caso frágiles porque afectan a grupos pequeños y se tomaron antes de que el líder centrista criticara agriamente el jueves la “deriva extremista” de Sarkozy.

Para poder ganar, el presidente necesitará arrastrar a su favor al mismo tiempo a una buena parte de los 6,3 millones de electores de Le Pen y de los 3,2 millones de seguidores de Bayrou. Otra posibilidad es que se produzca una gran movilización de abstencionistas que dé un vuelco a los pronósticos. Pero nada permite anticipar que se vaya a producir, según el sondeo de Le Monde. El 82% de los encuestados se dicen seguros de ir a votar, solo un punto más que antes de la primera vuelta.