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Sarkozy confía en que el debate reducirá su desventaja ante Hollande

Hollande mantiene su ventaja de entre seis y ocho puntos y está "preparado" para una cita "áspera"

Los expertos señalan que, en 45 años, los cara a cara no han modificado la tendencia precedente

Nicolas Sarkozy y François Hollande. Ampliar foto
Nicolas Sarkozy y François Hollande. AFP

El primer y único cara a cara entre los dos aspirantes a las elecciones presidenciales francesas (TF1 y France2, 21.00 horas locales), el gran acto teatral de una larga campaña, se celebrará esta noche, cuando solo faltan cuatro días para el voto y los sondeos indican que la partida final está prácticamente decidida. El socialista François Hollande, gran favorito desde hace un año, y Nicolas Sarkozy, el presidente saliente, serán observados con lupa durante dos horas y media por cerca de 20 millones de franceses, según calculan los organizadores, y muy probablemente por un número mayor de ciudadanos europeos. Pero los expertos advierten de que los debates franceses no suelen ser decisivos: llegan demasiado tarde como para hacer cambiar de idea a mucha gente, y suelen servir más para conformar a los electores con su opción que para modificarla.

“El miércoles será el gran momento de la verdad porque se abre la veda de la pesca de la anguila”, lanzó el martes el secretario general de la UMP, Jean-François Copé, desde el escenario de la plaza Trocadéro, donde Nicolas Sarkozy organizó su mitin del Primero de Mayo. Muchos fans del presidente confiaban en que el debate servirá para voltear las encuestas, y decían que su mayor experiencia y agresividad servirán para convencer a los electores de que el socialista no es idóneo para gestionar el timón del país.

Los politólogos de este país, lleno de ellos, enfrían las expectativas, y afirman que no cabe esperar milagros de los cara a cara ya que históricamente el debate ‘entre turnos’ no invierte la tendencia precedente ni ayuda a movilizar a los indecisos.

Según publicaba ayer Le Figaro, desde que se empezó a celebrar, en 1974, el debate solo ha conseguido cambiar de signo un máximo de 300.000 votos. Parecen pocos como para influir de verdad en una batalla que a día de hoy sitúa a Hollande con una ventaja de entre seis y ocho puntos.

Los detalles, que fueron pactados al martes por los responsables de comunicación de los dos candidatos, Frank Louvrier por parte de Sarkozy, y Manuel Valls por parte de Hollande, son sobre todo medioambientales: el tiempo global no podrá superar las dos horas y media, la temperatura del estudio será de entre 19 y 20 grados, la altura de las sillas será regulable, y los moderadores podrán interrogar a los candidatos acerca de cualquier acontecimiento importante que ocurra durante la emisión.

Sarkozy preparará el combate en el Elíseo durante el día de hoy. Su equipo tiene fe ciega en su capacidad dialéctica y en su raza de fajador peso pluma, e insiste en que ese 20% de indecisos que según las encuestas todavía no quiere o no sabe decir a quién votará el domingo puede acabar inclinándose hacia el presidente.

Durante la campaña, el jefe del Estado y sus colaboradores han acusado de forma reiterada a Hollande de esquivar la confrontación directa para evitar así responder sobre su programa, y el último mensaje enviado desde el cuartel general de Sarkozy afirma que este le obligará a “aclarar todos los puntos oscuros”.

En realidad, el aspirante socialista ha sometido su programa al ojo público muchas veces desde hace meses: empezó en los tres debates de las primarias socialistas de octubre, y acabó en una reciente conferencia de prensa en la que respondió a numerosas preguntas de casi 200 periodistas internacionales en París, sin límite de tiempo ni de temas. Además, ha concedido 120 entrevistas a medios franceses.

Sarkozy no ha tenido tanta deferencia con la prensa, a la que ha acusado varias veces de parcialidad e incluso de incurrir en actos de “terrorismo mediático”. La violencia en el lenguaje ha ido acompañada de algunos hechos desagradables. El martes, Sarkozy presentó una demanda contra el diario digital Mediapart, no por difamación sino por “uso y publicación de un documento falso”, después de que la web publicase una nota atribuida a los servicios secretos libios en la que se afirmaba que Muamar el Gadafi dio su acuerdo a aportar 50 millones de euros para financiar la campaña de Sarkozy en 2007.

El martes, antes del mitin de Trocadéro, Marine Turchi, una reportera de Mediapart, fue agredida por algunos militantes de la UMP. La web acusó ayer a Sarkozy de haber alimentado un clima de odio contra los periodistas, y reclamó a la Fiscalía de la República que actúe con la misma celeridad que aplicó al admitir la demanda.

Este clima tenso y el tono brutal han sido una constante en el campo de Nicolas Sarkozy desde que el presidente salió perdedor de la primera vuelta, momento en el que decidió incluir en su discurso muchas de las tesis sobre inmigración, identidad, fronteras, trabajo y familia que defiende el Frente Nacional de Marine Le Pen.

Sarkozy empezó la carrera electoral con una desventaja de casi 15 puntos y dada su elevada impopularidad se ha visto nadando a contracorriente todo el tiempo. En los meses de campaña oficial, desde que en febrero desveló que sería candidato, logró reducir las distancias con Hollande y llegó a colocarse en cabeza para la primera vuelta a raíz de los atentados de Toulouse y Montabuan, aunque después volvió a bajar y acabó llegando en segundo lugar a la primera meta con 1,5 puntos menos que su rival (28,6% frente a 27,1%).

Desde hace un año, cuando Dominique Strauss-Kahn fue denunciado por violación en Nueva York, Hollande ha sido el preferido de los franceses para suceder a Sarkozy. Desde que ganó el primer turno, el socialista ha logrado mantener una cómoda ventaja para el segundo, que según los días se ha movido entre los seis y los diez puntos. La distancia ha sido siempre mayor que la que Sarkozy tuvo hace cinco años ante Ségolène Royal, a la que se impuso en las urnas con el 53,06% de los votos.