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La islamización del Magreb

Los islamistas se perfilan como favoritos en las elecciones de Argelia

Los comicios de mayo serán los más transparentes de la historia del país

Abdelaziz Buteflika, tras jurar como presidente de Argelia en 2009.
Abdelaziz Buteflika, tras jurar como presidente de Argelia en 2009. AFP

“Esta cita es diferente de las anteriores”. El presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, ha repetido machaconamente que las elecciones legislativas que se celebrarán dentro de un mes en Argelia marcarán un antes y un después en la historia del país, que en julio celebrará medio siglo de independencia. “El contexto de las legislativas del 10 de mayo es diferente de las que se han celebrado anteriormente”, reconoce Mohamed Djerafa, coordinador de la Alianza Verde, que reagrupa a tres partidos islamistas (Movimiento de la Sociedad para la Paz, El Islah y Ennahda) convencidos de que ganarán en las urnas, como ha sucedido en los demás países del norte de África.

La preparación de la cita electoral ya ha sido distinta. El Ministerio del Interior ha legalizado a partidos políticos que llevaban años esperándolo. Nada menos que 44 formaciones concurren a las legislativas con 1.842 listas, a las que hay que añadir otras 211 formadas por independientes. En total hay 25.800 candidatos, de los que 7.646 son mujeres, para 462 diputados cuya principal tarea será reformar la Constitución.

Argel ha dejado de lado su susceptibilidad nacionalista para suscribir acuerdos con organismos internacionales, empezando por la Unión Europea, para que envíen observadores que supervisen las elecciones.

Un español, el eurodiputado popular José Ignacio Salafranca, encabezará a los 120 observadores de la UE. Las más prestigiosas ONG de seguimiento de procesos electorales, como la estadounidense Fundación Carter, sopesan todavía su participación.

Prueba de que, pese a todo, las legislativas del mes próximo serán las más trasparentes de la historia de Argelia —después de las de 1991, abortadas por un golpe de Estado— es que partidos como el Frente de Fuerzas Socialistas han renunciado a su tradicional boicoteo y esta vez presentan listas. Otras pequeñas formaciones, como los laicos del Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD), siguen enrocadas en su rechazo.

La precampaña —la campaña empieza el 15 de abril— ha estado marcada por intensas polémicas entre el Ministerio del Interior y la Comisión Nacional de Supervisión de las Elecciones Legislativas (CNSEL), un órgano independiente respaldado por 41 partidos. Nunca las decisiones de Interior habían sido tan discutidas.

Las disputas se centran en la inscripción, fuera de plazo, de 30.000 militares en el censo de votantes o en la papeleta electoral. Interior está empeñado en que haya una por cada lista mientras que los partidos prefieren una gran papeleta común, lo que dificulta el fraude, como quedó demostrado en Túnez o Egipto. Para mostrar su enfado la CNSEL hizo una huelga durante tres días.

Interior y los partidos, sobre todo la coalición islamista, coinciden en impulsar la participación. En las legislativas de 2007 esta alcanzó oficialmente el 37% del censo, pero se sospecha que en realidad fue bastante más baja. Un primer sondeo, publicado el jueves por el diario El Watan, prevé que ahora será del 44% de los 21 millones de argelinos con derecho a voto. Argelia tiene 34 millones de habitantes.

A ojos del régimen y su principal pilar, el antiguo partido único del Frente de Liberación Nacional (FLN), las elecciones deben servir ante todo para “transmitir la ilusión de su voluntad de reforma sin tocar los fundamentos del orden social”, escribe el columnista Kamal Benkusa. “De ahí que la participación sea un desafío relevante para el régimen, que legitimaría así sus supuestas reformas”, añade.

“Nuestra primavera es Argelia” es el eslogan con tintes nacionalistas con el que el Gobierno anima en los medios de comunicación a acudir a las urnas. Ha echado mano también de los imanes, que son funcionarios del Estado, para que, en su sermón del viernes en las mezquitas, inciten a los fieles a votar.

A la oposición y, en especial, a los islamistas también les interesa movilizar a esa amplia franja de argelinos que hasta ahora desconfiaba de unas elecciones que creía amañadas, pero que en el fondo simpatiza con ellos. Por eso la Alianza Verde repite hasta la saciedad que es hora de “romper con los comportamientos negativos”.

Abdelaziz Belkhadem, el líder del FLN, el antiguo partido único que sigue siendo hegemónico, vaticinó en diciembre que los islamistas podrían rondar el 40% de los sufragios. Más de un político laico, como Amara Benyunes, ha lamentado “la falta de cohesión de los demócratas frente a los islamistas”, que se han unido para vencer.

La encuesta encargada por El Watan arroja, sin embargo, un resultado sorprendente: el FLN seguirá siendo el partido mayoritario después del 10 de mayo. En un país en el que no hay tradición de sondeos puede significar que solo una parte de los electores se atreve a desvelar su voto ante el encuestador, o que aquellos que aborrecen al régimen tampoco depositarán esta vez su papeleta en las urnas.