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Intoxicados por la violencia

La ola de crímenes en muchas ciudades dispara la percepción de inseguridad

Militares patrullan este viernes las calles de Michoacán.
Militares patrullan este viernes las calles de Michoacán. EFE

“En Colombia la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes es casi el doble que la de México. Sin embargo, acabo de pasar unos meses allí y el mensaje que parecen sugerir el Gobierno y la prensa es que toda va bien. En cambio, llego a México y a los tres días ya estoy intoxicado por la violencia”, cuenta el historiador Marco Palacios e investigador de El Colegio de México para destacar cuán subjetiva es la percepción de la inseguridad y la responsabilidad de los medios de comunicación.

Dos encuestas publicadas esta semana ilustran la complejidad y las contradicciones en el sentir de los mexicanos sobre su vulnerabilidad ante la violencia. El índice del Instituto Nacional de Estadística y Geografía referido a enero apunta un ligerísimo aumento (inferior al 2%) de quienes sienten que su seguridad personal ha mejorado respecto al mismo mes de 2011 y que una gran mayoría está instalada en la idea de que para ellos las cosas seguirán igual. Por el contrario, cuando a los encuestados se les pregunta por la seguridad en general del país, el 11,6% considera que está mejor que hace un año.

Narcotráfico en México ampliar foto
Narcotráfico en México

El sondeo de la consultoría Parametría subraya que el 59% de la gente se siente menos segura que nunca en su barrio; un 79% piensa que su Estado no es seguro —en agosto de 2011 opinaban así el 93% de los consultados—, y el 90% que no lo es México. Pese a ello, en los últimos 11 meses disminuyó 17 puntos la opinión de quienes creen que el narco va ganando la guerra.

Podría decirse que con la violencia ocurre como en la economía —la tendencia que marcan las cifras macroeconómicas tarda en trasladarse al bolsillo de los ciudadanos—, pero en el caso de México inciden en su percepción múltiples factores como su dispersión territorial y que discurra por centros urbanos, su politización y visibilidad mediática, la rapidez en el crecimiento de los asesinatos —“hace tres años la tasa de homicidios en México era tres veces inferior a la de Brasil y hoy es casi idéntica”, recuerda el experto Alejandro Hope— y la propia dinámica de las rivalidades entre los grupos criminales.

Casi una decena de carteles de la droga operaban en 2006, pero varios están muy debilitados. Los más importantes en la actualidad son:

Cartel de Sinaloa. Dirigido por Joaquín El Chapo Guzmán, el capo de capos, desde su espectacular fuga del penal de Puente Grande en 2001. Está presente en al menos 16 de los 32 Estados mexicanos, y tiene conexiones con EE UU y Centroamérica. En 2004 afilió a su organización como brazo armado al cartel de los hermanos Beltrán Leyva, pacto que se rompió en 2008 dando lugar a una ola de violencia. En su guerra contra los Zetas mantiene alianzas con los restos del cartel del Golfo, Los Caballeros Templarios de Michoacán y el cartel de Jalisco Nueva Generación, cuyos sicarios son presuntamente los llamados Matazetas, que actúan en Veracruz. En 2011 ha perdido a una decena de sus líderes.

Los Zetas. Fundado por desertores de las fuerzas especiales del Ejército se unieron en 1999 al cartel del Golfo. En 2008 declara la guerra a sus antiguos socios en Tamaulipas y otros Estados. Desde entonces su crecimiento es espectacular. Operan en 17 Estados con fuerte presencia en el corredor del golfo de México. Dirigidos por el exmilitar Heriberto Lazcano, El Lazca, son famosos por ensañarse con sus víctimas. En 2011 perdieron a 17 jefes.

Los Caballeros Templarios. Herederos de la Familia Michoacana, nacen hace 11 meses y dominan en cinco Estados. Como sus antecesores, además de narcos pretenden ser un movimiento sectario-religioso con influencia política. Son dirigidos por Servando Gómez Martínez, La Tuta, maestro de escuela.