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El soldado Bradley Manning se enfrentará al consejo de guerra

El tribunal militar considera que hay pruebas suficientes que le inculpan en la filtración de documentos secretos a Wikileaks

El soldado Bradley Manning. Ampliar foto
El soldado Bradley Manning. AP

El magistrado del Ejército norteamericano Paul Almanza, que ha instruido el caso contra Bradley Manning en su etapa preliminar, ha anunciado este jueves que ha encontrado pruebas suficientes que inculpan al soldado de sustraer y filtrar los documentos secretos de Wikileaks, y por tanto abre formalmente un consejo de guerra. En la vista preliminar, que concluyó el jueves 29 de diciembre, los fiscales del Pentágono acusaron a Manning de traicionar a su patria y de haber puesto en manos de los talibanes y Al Qaeda información que pone en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos.

“El oficial investigador llegó a la conclusión de que los cargos y las especificaciones son adecuados en su formulación y que hay motivos razonables para creer que el acusado cometió las ofensas descritas. Recomendó que los cargos se presenten a un consejo de guerra general”, informó el Distrito Militar del Ejército de EE UU en Washington en un comunicado. El magistrado tenía de plazo hasta el día 16 para llegar a una conclusión. La acusación había aportado 300.000 folios en concepto de pruebas y testimonios.

La fiscalía militar presentó 22 cargos contra Manning. Entre ellos, el más grave es el de asistencia al enemigo, o alta traición. En el último día de vista preliminar, el capitán del Ejército Ashden Fein aportó pruebas que demostraban que los cables de Wikileaks habían acabado en diversos informes propagandísticos elaborados por Al Qaeda, destinados a fomentar los ataques contra EE UU. La defensa, a cargo del abogado civil David E. Coombs pidió la combinación de los cargos en tres, y una pena máxima de 30 años.

El Pentágono, por su parte, pedirá la perpetua. “Si se le condena por todos los cargos, Manning se enfrenta a una pena máxima de degradación al grado más bajo entre los soldados alistados, E-1; la pérdida de su paga y complementos; confinamiento de por vida; y un licenciamiento deshonroso”, añade el Distrito Militar en su comunicado. A Manning sólo se le expulsaría del Ejército cuando haya cumplido su pena. Lo más probable, si es declarado culpable (y Almanza ha visto pruebas suficientes para ello) es que acabe sus días en la única prisión de máxima seguridad del Pentágono, en Fort Leavenworth, Kansas.

Precisamente este jueves, la defensa había pedido que el magistrado retrasara su decisión y le permitiera presentar a seis testigos adicionales. El abogado Coombs había solicitado inicialmente que testificaran 38, entre ellos algunos altos cargos de la Administración de Barack Obama. El magistrado los rechazó a todos menos a cuatro. La fiscalía militar pudo presentar a 20, con los que construyó su caso y sobre cuyos testimonios acusó a Manning de traidor.

Coombs, por su parte, retrató a Manning como una persona con problemas de identidad sexual y de género, y defendió que debería haber sido expulsado del Ejército antes de ser destinado a Irak en 2009. En la base Hammer, en Bagdad, Manning había protagonizado diversos estallidos violentos, y le había confesado a al menos un superior que era transexual. Ese superior, el sargento Paul Adkins, debería haber iniciado los trámites de expulsión de Manning, dado que entonces aun estaba vigente la ley que impedía a las personas con conductas homosexuales servir abiertamente en el Ejército.

A Manning se le acusa de haberse descargado 700.000 documentos secretos del Pentágono y el Departamento de Estado de las redes militares CIDNE y SIPRNet, a las que tenía acceso por ser analista de inteligencia en Irak. Según el Pentágono, contactó con Julian Assange, fundador de Wikileaks, y le entregó la información que, posteriormente, éste publicó en su portal web y en otros medios. En 2010, EL PAÍS publicó, en colaboración con Wikileaks, los cables del Departamento de Estado, que dejaron a la diplomacia de EE UU al desnudo, y los informes secretos de Guantánamo, que daban pruebas de las torturas contra los detenidos en aquella cárcel.