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El primer ministro iraquí pide a los kurdos que capturen al vicepresidente

El 'número dos' en la presidencia está acusado de dirigir escuadrones de la muerte

El alto cargo, de confesión suní, niega las acusaciones y sale de Bagdad

La minoría suní ve una persecución sectaria en marcha por parte del Gobierno

Prensa iraquí con la noticia de la orden de detención contra el vicepresidente. Ampliar foto
Prensa iraquí con la noticia de la orden de detención contra el vicepresidente. AFP

El primer ministro iraquí, el chií Nuri al Maliki, ha pedido este miércoles a las autoridades kurdas que entreguen al vicepresidente, Tarik al Hachemí, un suní, a las autoridades judiciales para que se enfrente a la acusación de que habría dirigido escuadrones de la muerte. "Pedimos a nuestros hermanos en la región de Kurdistán que asuman la responsabilidad y entregue a la persona buscada al poder judicial. Su huida a otro país crearía problemas", ha dicho Al Maliki en rueda de prensa. El pasado lunes, apenas horas después de que los últimos soldados estadounidenses abandonaran el país, el Gobierno emitió una orden de detención contra el vicepresidente.

Al Hachemí, que ha negado los cargos, se ha trasladado a la región semiautónoma del Kurdistán, después de que un tribunal dictara una orden de arresto en su contra. El Gobierno iraquí ha difundido a través de la televisión vídeos de las confesiones de supuestos guardaespaldas del vicepresidente, que aseguran que éste ordenó asesinar a tiros o con bombas a varias personas. La minoría suní del país (20%) ve en el caso una persecución por parte de la mayoría chií que hoy controla el Gobierno.

Las acusaciones contra Al Hachemí se fundamentan en los testimonios, mostrados en lunes en televisión, de tres de sus guardaespaldas, que confesaron tras ser detenidos que el vicepresidente les ordenó cometer atentados terroristas. Uno de los guardaespaldas hablaba en la confesión mostrada en televisión de intentos de asesinatos con bombas de carretera y con pistolas con silenciadores y precisa que las órdenes las daba el vicepresidente y en ocasiones el director de su gabinete.

"Juro que soy inocente y no he cometido ningún pecado contra mi país ni contra ningún ciudadano iraquí", dijo el martes Al Hachemí en una rueda de prensa desde Erbil, capital del Kurdistán iraquí, transmitida por la televisión Al Bagdadiya. En su respuesta pública, Al Hachemí consideró que el objetivo de la orden de arresto es perjudicar su imagen como político y subrayó que las circunstancias del caso son "sospechosas" ya que se llevó a cabo un interrogatorio y una investigación en 48 horas sobre unos supuestos crímenes "antiguos y complicados".

Al Hachemí viajó al norte de Irak en el momento en que se conocieron las acusaciones y la orden de detención. Se mostró dispuesto a comparecer ante la Justicia, pero pidió trasladar el proceso judicial al Kurdistán iraquí, ya que no volverá a Bagdad hasta que la situación vuelva a la normalidad en su domicilio, cercado por tanques y sin su equipo personal de protección.

La primera consecuencia de la acción judicial contra Al Hachemí ha sido resucitar el fantasma de la división religiosa en el país. El vicepresidente pertenece a la minoría suní que controlaba el país en la época de Sadam Husein frente al 80% de chiíes. En el Irak posterior a la invasión, los chiíes son mayoría en las instituciones y el riesgo de que la violencia cambie de bando siempre ha estado latente.

El bloque político de Al Hachemí, Al Iraqiya, el segundo más importante en el Gobierno de unidad nacional que preside Nuri al Maliki y que se formó hace solo un año, decidió el martes boicotear las reuniones del Ejecutivo, donde tiene ocho ministros. El sábado pasado, Al Iraqiya resolvió suspender su participación en el Parlamento por lo que considera la politización de la Justicia, el incumplimiento de la Constitución y el sectarismo de la fuerzas de seguridad.

Para terminar de hacer la comparación con las purgas políticas de la dictadura, el ex primer ministro Iyad Alawi, hoy líder de Iraqiya, acusó al actual primer ministro de actuar como Sadam Husein. Allawi reclamó esfuerzos internacionales para evitar que el primer ministro chií enfrente a las confesiones suní y chií. "Esto es aterrador, presentar confesiones fabricadas", dijo Allawi. "Me recuerda personalmente a lo que solía hacer Sadam Husein de acusar a sus oponentes políticos de ser terroristas y conspiradores”.

La situación se observa con preocupación desde Washington, que el pasado domingo retiró a sus últimos soldados de Irak y presentó el fin de la misión como si el país asiático estuviera ya en la senda de una democracia estable. El vicepresidente de EE UU, Joseph Biden, urgió anoche (hora española) al primer ministro Al Maliki, y al presidente del Parlamento, Osama al Nuyaifi, a solucionar la crisis política que vive el país árabe, informó Efe citando un comunicado de la Casa Blanca. Biden habló por teléfono por separado con ambos para "discutir el clima político actual" en Bagdad tras la orden de arresto contra el vicepresidente.

Durante la conversación, Biden les dijo que el Gobierno que preside Barack Obama está "vigilando muy de cerca" esta crisis en Irak. El vicepresidente también hizo hincapié en la "urgente necesidad" de que el primer ministro y los dirigentes de los otros bloques políticos de Irak "se reúnan y trabajen juntos sobre sus diferencias", precisó la Casa Blanca.