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El régimen sirio acepta la presencia de observadores de la Liga Árabe

El Gobierno se compromete a abrir un diálogo con la oposición y acuartelar a sus tropas

Manifestantes opositores en las calles de Homs.
Manifestantes opositores en las calles de Homs. REUTERS

 

El Gobierno sirio firmó ayer, tras varias semanas de dudas y dilaciones, el plan de pacificación de la Liga Árabe. La propuesta incluye el acuartelamiento de las tropas actualmente desplegadas por el país en misiones represivas, el inicio de un diálogo sin exclusiones con la oposición y la entrada de observadores en Siria. La presión de Rusia, uno de los últimos aliados del régimen de Damasco, parece haber sido determinante en la decisión del presidente Bachar el Asad.

Existen serias dudas sobre la voluntad siria de cumplir las condiciones establecidas por la Liga Árabe, que deberían aplicarse en cuestión de semanas. La oposición a El Asad considera que el presidente sólo trata de ganar tiempo y de evitar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, que Rusia, después de amenazar con el veto, se muestra ahora dispuesta a respaldar. El Asad ya aceptó en junio pasado la entrada en Siria de observadores de la ONU y ofreció todo tipo de garantías al secretario general de la organización, Ban Ki-moon, pero luego puso un inconveniente tras otro y logró que la iniciativa quedara en vía muerta.

El ministro sirio de Asuntos Exteriores, Walid Muallem, aseguró ayer que el objetivo del régimen dictatorial consiste en superar la “actual crisis política” para construir “un modelo de democracia”. Muallem se mostró convencido de que los observadores árabes comprobarían que el Gobierno de Damasco no miente cuando afirma que no existe una revuelta popular contra el régimen, sino “grupos terroristas armados que acosan a las fuerzas de seguridad y aterrorizan a los ciudadanos”.

La presión de Rusia parece haber sido determinante en la decisión de El Asad

Según los términos del acuerdo, los observadores árabes podrán moverse “libremente” por el país, pero gozarán de la “protección permanente” del Ejército sirio. En principio, sólo las instalaciones militares están vedadas a la misión de la Liga Árabe. El Gobierno de Bachar el Asad sigue impidiendo la entrada en el país de periodistas; sólo acepta a aquellos a los que invita, y no les permite libertad de movimientos. Los pocos periodistas que han logrado acceder a las zonas de conflicto lo han hecho clandestinamente y por muy poco tiempo.

El domingo fue una nueva jornada de manifestaciones contra Bachar el Asad en las principales ciudades sirias. La oposición consiguió por primera vez organizar una marcha en el centro de Damasco, aunque ésta fue rápidamente disuelta por la policía. Fuentes del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, una organización opositora basada en Londres, dijeron que el domingo murieron 24 personas en distintos choques entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes.

Desde mediados de marzo, cuando comenzaron las protestas, han muerto más de 5.000 personas, según estimaciones de la ONU. La situación se ha hecho cada vez más caótica y violenta, ya que a las fuerzas militares y policiales del régimen sirio, ayudadas por bandas armadas progubernamentales conocidas como shabiha, se oponen ahora miles de desertores agrupados en el llamado Ejército de la Siria Libre y bandas armadas antigubernamentales.

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