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Los socios de Merkel se renuevan

Rainer Brüderle, titular del ministerio de Economía alemán, deja la cartera para centrarse en el liderazgo del grupo parlamentario de su partido, el liberal FDP, y le sustituye Philipp Rösler, ministro de Sanidad

Los socios de Angela Merkel en el Gobierno federal alemán, los liberales del FDP, dieron un paso crucial en la renovación de su cúpula. El futuro presidente del partido, el ministro de Sanidad Philipp Rösler, asumirá la cartera de Economía en sustitución de Rainer Brüderle. El veterano político pasará a dirigir el Grupo liberal en el Parlamento (Bundestag). Tras los reveses electorales recientes y hundidos en todas las encuestas, los liberales darán a Rösler el mando del partido en el Congreso federal del viernes. Guido Westerwelle, su predecesor, permanecerá como ministro de Exteriores en el Gabinete de Merkel. Bajo su batuta alcanzó el FDP el inusitado éxito electoral de 2009, cuando obtuvieron casi el 15% de los votos que les permitió pactar con Merkel la actual coalición de Gobierno. Rösler, su antiguo pupilo de 38 años, lo desbanca ahora y pasará así a ocupar el escaño a la derecha de Merkel en el Bundestag, reservado para el vicecanciller federal de Alemania. Le esperan tiempos difíciles en la coalición y en el partido.

Las refriegas por la dirección de los liberales se han prolongado desde que se estrellaron en las elecciones regionales de Baden-Württemberg, donde una coalición análoga a la de Merkel entre democristianos (CDU) y liberales gobernaba desde 1996. Cayeron 5 puntos y designaron presidente a Rösler. El doctor en medicina nacido en Vietnam y adoptado por una familia alemana envidó para hacerse con Economía. Es un ministerio de peso discreto -los asuntos de dinero se resuelven en Hacienda, que lleva con mano de hierro el halcón democristiano Wolfgang Schäuble- pero de mayor visibilidad y proyección que Sanidad. Sus dificultades para sacar a Brüderle desataron una lucha de poder que ha durado semanas. Con 65 años, el curtido Brüderle se enrocó hasta conseguir una alternativa aceptable a cambio de dejar el Gobierno.

Se enfrentan ahora a la tarea ingente de insuflar confianza a unas filas que se ven venir lo peor. Rössler tendrá que lidiar, además, con unos socios democristianos bien conscientes de su desgaste. Su espada de Damocles son los comicios de 2013, para los que casi nadie cree que el FDP obtenga un resultado suficiente para participar en un Gobierno. Hasta entonces, Rösler debe fijar el rumbo en un barco que hace agua. El ala más conservadora del partido ya trata escorarlo hacia un euroescepticismo de regusto populista en medio de la crisis de deuda europea.