Víctimas de la gran tijera
Ha llegado la primavera, la época de los brotes verdes. Pero lo único que se nota es la desnudez de los arbolillos, flacos y pelados, tiritando ante la gran tijera que ya está cortándolos sin piedad alguna. Aquí esperamos por lo general a las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo para que aparezcan en toda su crudeza los podadores con sus máquinas cortadoras: sólo en Cataluña han empezado a trabajar a toda velocidad y sin temor a que se les oiga y aviste, debidamente engalanados como víctimas del centralismo y cargados con el fardo de la pesada herencia del pasado. Las elecciones ya se celebraron hace unos meses y no se puede esperar ni un día más para la gran poda.
No hay que pronunciar las palabras prohibidas pero, eso sí, hay que mantener las promesas electorales: todos los políticos del mundo recuerdan las palabras de Bush padre a las que se atribuye el fracaso electoral ante Clinton, que le dejó tirado como presidente de un solo mandato. “Lean mis labios: no, a más impuestos”. Y luego los subió, claro: ¿cómo no iba a hacerlo si las arcas públicas se habían vaciado con la crisis? Esta vez será distinto. Tendremos el milagro de los panes y de los peces. Con menos impuestos y menos ingresos de entrada, claro está. Todo huele a unos déficits de caballo o alternativamente al hundimiento de nuestros sistemas asistenciales.
Paul Krugman lo ha contado con enorme gracia, referido a Estados Unidos, donde todo esto es así y siempre mucho más, en proporción a la dimensión colosal del país: “Obama está fallando totalmente a la hora de retar a la filosofía que domina la discusión en Washington - una filosofía que dice que los pobres deben aceptar grandes recortes en ayudas médicas (Medicaid) y cupones de alimentos, la clase media debe aceptar grandes recortes en el seguro médico (Medicare) (en realidad el desmantelamiento de todo el programa), y las corporaciones y los ricos deben aceptar grandes reducciones en los impuestos que tienen que pagar. ¡Sacrificio compartido¡”.
Krugman titula su estupendo artículo ‘Obama desaparecido’. Sirve como emblema aquí y allí: no es Obama quien está desaparecido, es la política, que se está retirando cada vez más bajo el diktat de la economía y de los mercados, de las agencias de rating y de la banca. La poda también se está llevando, pues, los últimos márgenes de autonomía de la política. Justo ahora es el momento ideal para hablar de soberanías nacionales o de independencias. Cuando nada queda, todos sueñan y se sienten con derecho a tener algo de este bien que tanto escasea. Sirve para muy poco pero tiene las virtudes balsámicas del consuelo. Como las religiones y los remedios de nuestras abuelas.


























































