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Los Verdes alemanes ganan su primer Estado tras el desastre nuclear japonés

Los democristianos de Merkel pierden Baden-Württemberg, donde gobernaban desde 1953. -Los ecologistas liderarán una coalición con los socialdemócratas

Fue un salto unísono de júbilo. Los simpatizantes de Los Verdes reunidos en el Kunstgebäude de Stuttgart prorrumpieron en aplausos y corearon el lema oficioso de su campaña, "¡Mappus fuera!". Anunciaban así el cambio político en el próspero land y la salida del primer ministro Stefan Mappus. Los resultados oficiales provisionales dan la friolera del 24,2% de los votos a Los Verdes. Las caras de felicidad entre los simpatizantes expresaban también algo de sorpresa: uno de cada cuatro votantes de Baden-Württemberg han elegido ese partido. Grandes aplausos, más tarde, a la entrada del candidato Winfried Kretschmann, que será el primer jefe de Gobierno de Los Verdes en un Estado federado alemán: estamos ante "algo así como una victoria electoral histórica". Los Verdes avanzaron 12 puntos con respecto a las anteriores elecciones, hasta el definitivo 24,2% que le permitirá formar como socios mayoritarios una nunca vista coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD), que logra el 23,1%.

Al otro lado de la Plaza del Palacio, en el corazón de la capital de Baden-Württemberg, los democristianos de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el primer ministro Mappus parecían petrificados media hora después de conocerse los primeros sondeos. Caras largas en la sede del Parlamento regional, sonrisas torcidas e incredulidad ante la pérdida de un land crucial que dominaron durante casi 60 años. Desde siempre. Si bien siguen siendo la primera fuerza política de la región, la CDU cayó 5,2 puntos, hasta el 39%.

Las de ayer fueron elecciones decisivas para Alemania. Marcarán a fuego el ecuador de la segunda legislatura de Merkel. Aunque hubiera tenido otro resultado que la histórica caída de la CDU de Angela Merkel, la campaña electoral de Baden-Württemberg ya había abierto una brecha profunda en la política de la coalición de centro-derecha que preside. Con sus decisiones de la pasada semana, el Ejecutivo democristiano-liberal de Berlín hizo del landtag de Stuttgart un plebiscito de alcance nacional. Han perdido.

Cuando Merkel alertaba el viernes en Mannheim contra "experimentos políticos" en la región, se refería a la novedad de que un verde pudiera presidir el Gobierno de un Estado. Sin embargo, bien le habría convenido aplicarse el cuento. En un par de semanas, Merkel ha protagonizado sorprendentes virajes en dos frentes polémicos: el de la energía nuclear y el del compromiso internacional con sus aliados.

Primero fue el volantazo nuclear que siguió al desastre de Fukushima. La doctora en Físicas Merkel defendió siempre el uso de la energía nuclear. El pasado otoño, su coalición aprobó el polémico aplazamiento del apagón atómico. Fue una decisión arriesgada y aplaudida por los sectores conservadores y empresariales. Cuando Fukushima hizo cristalizar el descontento antinuclear de millones de alemanes, Merkel dio marcha atrás y anunció una moratoria sobre el aplazamiento, así como el cierre provisional de siete centrales.

Otra sorpresa fue la abstención de Alemania en la votación de Naciones Unidas sobre el ataque a Gadafi. El centro-derecha alemán es tradicionalmente atlantista, pero el Gobierno de Merkel ordenó la semana pasada retirar sus barcos de guerra del mando de la OTAN en el Mediterráneo. Los conservadores de todo el país quedaron atónitos. También la oposición de verdes y socialdemócratas. El Gobierno parecía dirigir la política internacional del país con la mirada puesta en las elecciones regionales. Según criticaba el exministro de Exteriores Joschka Fischer (Los Verdes), el país "se anquilosa en el provincialismo".

En total, 11 millones de ciudadanos estaban llamados a las urnas en dos länder contiguos, Baden-Württemberg y Renania-Palatinado. El primero, con más de 10 millones de habitantes, es el tercer Estado por Producto Interior Bruto (PIB) y población. La CDU lo gobernaba desde un año después de su fundación en 1952, cuando Merkel aún no había nacido. Además, el revés afecta de lleno al liberal FDP -que logró ayer el 5,3% de los votos-, que desde 1996 participa en Stuttgart en coaliciones de Gobierno como la que dirigen Merkel y Westerwelle. Ahora se verá qué precio les imponen sus partidos. Merkel tiene bien controlada a una CDU sin alternativa de liderazgo. Westerwelle podría pagarlo muy caro.