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Derecha y ultraderecha compiten por el voto anti-inmigración

Francia expulsa a 30.000 irregulares por año

Francia no está dispuesta a acoger a las oleadas de emigrantes que puedan originar los conflictos en el norte de África. Esto es el principal mensaje que se deduce de dos intervenciones públicas del ministro francés de Interior, Claude Guéant, que ha anunciado otra vuelca de tuerca a la política contra los inmigrantes. Si hasta ahora se venía expulsando a 30.000 personas por año -son cifras del propio ministro-, se necesita aún más "eficacia" de aquí en adelante.

"Es muy importante responder a las preocupaciones de la gente", afirma el ministro en una entrevista audiovisual para Orange-Le Figaro. "Los franceses tienen la impresión de que un exceso de inmigración, una inmigración irregular, no deseada, les perturba, les molesta. Desde el Gobierno tenemos el deber de tomar en cuenta esta preocupación". Pocos días antes ya había dicho que los franceses sienten "que no están en su casa", a fuerza de verse en medio de tanta inmigración irregular.

Con estos argumentos, el ministro francés de Interior pretende explicar las elecciones cantorales celebradas el domingo pasado. El resultado se saldó con un retroceso del partido de Nicolas Sarkozy (la UMP) frente a un avance de la extrema derecha (Frente Nacional), encabezada por Marine Le Pen. La denuncia de la inmigración irregular ha sido el caballo de batalla de los ultraderechistas franceses, que ahora acogen sarcásticamente la aproximación del gobierno de Sarkozy a sus posiciones, ofreciendo al ministro del Interior un carné "honorario" de su partido.

A un año de las elecciones presidenciales, a las que Nicolas Sarkozy llega en una posición débil, el intento de sus hombres de confianza para culpabilizar a los inmigrantes evoca todos los miedos: a los guetos donde se hacinan las poblaciones procedentes de la inmigración; a los jóvenes franceses, hijos de inmigrantes, que reaccionan -a menudo con violencia- a su mala integración en la sociedad. La competencia por el voto anti-inmigración está planteada con toda su crudeza entre la derecha de Sarkozy y la extrema derecha de Le Pen.