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Arroja la toalla el encargado de preparar un nuevo Gobierno en Bélgica

El rey Alberto II acepta la renuncia del ex ministro socialista Johan Vande Lanotte, tercera persona a la que había encargado, desde junio de 2010, que intentara poner de acuerdo a los partidos para formar un Ejecutivo

Los más de 30.000 manifestantes que el domingo reclamaron en la calles de Bruselas una salida rápida a la crisis política belga han recibido esta tarde un baño de agua gélida con la dimisión del mediador real, Johan Vande Lanotte, cansado de tres meses de infructuosas gestiones para acercar a los partidos flamencos y valones a la formación de un Gobierno. Vande Lanotte ya presentó su renuncia al rey el pasado día 6, pero el Alberto II le pidió enseguida que continuara en sus esfuerzos. Hoy se la ha aceptado.

Vande Lanotte ha fracasado, como otros lo hicieron tras las elecciones de pasado 13 de junio, en poner de acuerdo a siete partidos sobre la nueva reordenación del Estado y con su salida abre un nuevo periodo de incertidumbre nacional. El socialista flamenco, que trata bilateralmente con los partidos sobre cómo abordar el futuro, aunque en las pasadas jornadas lo hizo con los bloques flamenco y valón por separado, no había logrado ni que se sentaran todos junto (socialistas, democristianos y verdes flamencos y valones más la secesionista Nueva Alianza Flamenca, N-VA, de ideología liberal) en torno a la misma mesa.

El problema es el de siempre, la oposición de los valones a ceder más poderes y dineros a los flamencos. Las últimas disputas giraron en torno a la pretensión de Flandes de recibir la plena transferencia de la políticas de empleo y del subsidio de paro.

El Rey emprenderá de inmediato nuevas consultas con los partidos para ver si tiene sentido nombrar un nuevo mediador. Instar a la participación de los liberales en las discusiones podría contribuir a que la N-VA fuera más transigente. El espectro de una nuevas elecciones inquieta en Bélgica, cercana a convertirse en el país que más tiempo ha estado sin formar Gobierno y temerosa de más polarización política.