Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Análisis:

Un país envenenado y sin rumbo

Italia vive uno de los periodos más sucios de su historia reciente. El clima político se ha envenenado por completo, la estabilidad y el bipartidismo se han hecho pedazos, el Gobierno no se gobierna ni a sí mismo y el fango surge libre por todas las alcantarillas. Nadie pensaba que la etapa final de la controvertida aventura política del magnate milanés fuera a ser Versalles. Pero seguramente pocos sospechaban que el nivel de bajezas, venenos, chantajes, vendettas, amenazas e insultos iba a ser tan ínfimo y mezquino como el que se ha vivido en las últimas semanas.

El doloroso viaje desde la mayoría absoluta y amorosa del PDL hasta la actual situación de minoría, desgaste y odio abierto se ha estancado este agosto en un ruidoso callejón sin salida: todos se insultan, todos conspiran y están divididos, todos se entregan a la vendetta y, entretanto, preparan su futuro por debajo de la mesa yde los cajones repletos de secretos (verdaderos o falsos, eso da igual) sobre los adversarios para filtrar a la prensa. La casta política y la periodística, unidas como una lágrima y dando lo peor de ellas mismas.

Los killers del primer ministro atacan al infame Fini a través de sus diarios afines publicando cada mínimo detalle sobre un pequeño escándalo inmobiliario monegasco supuestamente protagonizado por su ex aliado y por el cuñado de este. Los finianos responden amenazando a Berlusconi con no votar su inmunidad judicial y con revelar al mundo sus turbias alianzas estratégicas con Gaddafi y Putin. Bossi responde a una pregunta de los periodistas levantando el dedo medio y luego llama "stronzo" (gilipollas) a Pierferdinando Casini, el líder democristiano. Este define al líder de la Liga como un "traficante de bancos" y "notorio cobrador de comisiones en la I República". La revista católica de base Familia Cristiana aprovecha la confusión de la curia berlusconiana y escribe que la esencia del berlusconismo consiste en "destruir al disidente" y en "librarse como sea de los delitos propios y ajenos".

Berlusconi, obsesionado con seguir siendo inmune al menos unos meses más, dedica las vacaciones a agitar las aguas del mercado político con una campaña de fichajes, eufemismo que designa la tendencia de moda en esta agitada pretemporada política: la compra de diputados de la oposición (finianos y democristianos, sin excluir los del Partido Democrático, ala moderada y ateo-devota) para recomponer la perdida mayoría.

Si algo no le falta a Berlusconi es dinero (Mondadori acaba de ahorrarse cientos de millones de impuestos que le reclamaba Hacienda gracias a una ley ad empresam). Pero en este momento resultan poco creíbles sus promesas de prebendas, cargos y contratos a largo plazo. Sin el apoyo de Fini, de la patronal, de la FIAT y sobre todo de la Iglesia católica, cada vez más distanciada de su diabólico aliado (o eso parece), la soledad política del Cavaliere y su falta de ideas para resolver los problemas del país son cada vez más patentes.

El encantamiento ha durado 15 años pero la princesa se ha despertado gruñendo. Si hay algo que no tolera el votante italiano son la división de las familias y las riñas en público. Y muchos votantes que antes disimulaban o preferían mirar hacia otro lado saben ya que el único plan real que Berlusconi ofrece a sus compatriotas consiste en reformar la Constitución para acallar a la prensa, diseñar una justicia tolerante con los delitos de cuello blanco y la mafia política e instaurar un sistema presidencialista, más a la rusa que a la francesa, que le permita terminar sus días como intocable soberano del pueblo.

De hecho la propia Liga Norte, que hoy ha conectadola máquina que alargará unas semanas la vida de este gabinete vegetativo, será, en cualquier momento de viento favorable, el anestesista que la desenchufe. En las verdes praderas padanas se mueve como pez en el agua Giulio Tremonti, el tecnócrata que podría unir finalmente al excéntrico Bossi con Europa, pero también con la curia más cercana al Opus Dei y a Comunión y Liberación.

Todos ellos verían con buenos ojos como sustituto temporal, e incluso algo más, de Berlusconi, al superministro de Economía, único artífice del reciente y traumático ajuste presupuestario de 25.000 millones de euros exigido por Bruselas y el FMI que ha dividido al centro derecha y ha truncado de golpe el delirio triunfalista de Berlusconi.

Su estruendoso silencio de los últimos tiempos tiene varias lecturas, la más obvia de las cuales es que Tremonti está esperando que la manzana caiga madura del árbol justo dentro de su ambiciosa cesta.

En todo caso, las variantes que ofrece el desolador ocaso de la II República son casi infinitas, y nadie descarta milagros o golpes de efecto, desde un nuevo triunfo arrollador de Berlusconi hasta un final craxiano con exilio al Caribe en avión privado incluido.

Mientras gran parte de la población asiste impertérrita al espectáculo, los jóvenes del Pueblo Violeta y los viejos luchadores de la izquierda, con Andrea Camilleri y Paolo Flores D'Arcais al frente, han llenado una vez más el agujero negro del centroizquierda y han convocado manifestaciones para exigir la renuncia de Berlusconi.

Por su parte, Pierluigi Bersani, el líder del PD, ha anunciado una campaña porta a porta para explicar a los italianos por qué Berlusconi debe marcharse. Quizá ignorando que, a estas alturas de partido, los italianos saben muy bien que son los amigos de Berlusconi, y no sus enemigos, los únicos que pueden acabar con él.