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Los desposeídos

Los 'akhdam', una casta inferior de la sociedad yemení, sobreviven como pueden en Yemen, donde se los margina

Al principio no los ves, pero si prestas un poco de atención, te das cuenta de que están ahí. Barriendo las calles, recogiendo chatarra, revolviendo entre la basura... Son los akhdam, literalmente sirvientes en árabe, una casta de desposeídos en lo más bajo de la escala social yemení. Los más pobres de entre los pobres. Me llama la atención sobre ellos Natalia Tapies, una española que trabaja aquí con la ONG Care International.

Por más que oficialmente no se reconozca ninguna discriminación hacia ellos, la realidad es muy diferente. Los akhdam están estigmatizados. La repulsión que despiertan está condensada en un crudo dicho popular: "Si un perro chupa tu plato, lávalo; si un khadem [singular de akhdam] chupa tu plato, rómpelo". Y sin embargo este medio millón de yemeníes, de los que 100.000 viven en Saná, son musulmanes araboparlantes como el resto de la población, aunque no pertenecen a ninguna de las tres tribus principales.

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Su origen es motivo de discusión, pero la versión más extendida es que son descendientes del ejército etíope que en el siglo VI invadió brevemente el país. En venganza por aquella ocupación, quienes quedaron en Yemen habrían sido condenados a la esclavitud. Sea como fuere, nada parece justificar que quince siglos después, estos yemeníes de tez más oscura que la media sigan confinados a los márgenes de la sociedad y condenados a un círculo vicioso de miseria y marginación.

Muchos yemeníes bien pensantes hablan de automarginación, pero la realidad es que salir de ella requiere un mínimo de medios y educación, a los que ni los akhdam ni sus hijos tienen acceso. E incluso cuando encuentran un trabajo como chatarreros o barrenderos, nadie quiere ningún trato con ellos porque les consideran sucios.