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Israel compensa a la ONU por los daños en Gaza

A mediados de enero de 2009 Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU, recibía estupefacto la noticia del bombardeo del cuartel general en Gaza de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados palestinos (UNRWA). Asistía a una conferencia de prensa junto a Tzipi Livni, entonces jefa de la diplomacia israelí y una de las más firmes impulsoras de la guerra que asoló la infraestructura económica y educativa de la franja, además de causar 1.400 muertes. Diez días después, los escombros del enorme almacén de la agencia todavía desprendían humo. Ahora, el Gobierno israelí ha confirmado el pago de 10,5 millones de dólares (7,4 millones de euros) en compensación por los daños a numerosos edificios del organismo internacional en Gaza. "El acuerdo final cierra la disputa entre las partes", afirmó un portavoz de la ONU.

Decenas de colegios y hospitales fueron severamente dañados por la artillería y la aviación israelíes. Aún hoy boquetes de varios metros de extensión pueden observarse en las paredes de los colegios de UNRWA en Beit Lahia o Beit Hanún, las ciudades más próximas a la frontera con Israel. No hay modo de tapar los agujeros. El bloqueo israelí de la franja continúa con el inestimable respaldo de Egipto y el silencio de los países occidentales. El cemento es un bien preciadísimo y de los fondos para la reconstrucción -más de 4.000 millones de euros- prometidos por líderes de todo el mundo no se ha visto un solo billete.

La decisión de pagar la compensación sirve para curar heridas que causaron profundas cicatrices. El Ejército israelí y el Gobierno que encabezaba Ehud Olmert justificaban los bombardeos de las escuelas y otros edificios de la ONU con el argumento de que los milicianos palestinos los utilizaban para disparar sus cohetes. Un pretexto tildado de falso por el indignado jefe de UNRWA, John Ging, extremadamente cuidadoso en el control de sus instalaciones.

Previsiblemente, la resolución de este conflicto afectará poco, o nada, a otro expediente que gestiona Naciones Unidas y que es un quebradero de cabeza para la diplomacia hebrea: la tramitación del Informe Goldstone, que atribuye al Ejército israelí la comisión de crímenes de guerra, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En marzo, dicho consejo votará sobre la remisión del informe al Consejo de Seguridad y, eventualmente, al Tribunal Internacional de Justicia. Muy improbable es que termine en La Haya, dado el derecho de veto del goza EE UU en el Consejo de Seguridad.