Golpe al bastión talibán en Pakistán

El Ejército toma el control de Kotkai, punto estratégico en la ofensiva contra los insurgentes

El Ejército de Pakistán ha anuciado este sábado que ha tomado la localidad de Kotkai, en Waziristán del Sur, en la que combatía contra los insurgentes talibanes desde el pasado domingo. Además de tratarse de un punto estratégico en la ruta hacia la base militar de Sararogha, Kotkai tiene especial valor simbólico por ser el lugar natal del líder de los talibanes paquistaníes, Hakimullah Mehsud, y de su lugarteniente qari (recitador del Corán) Husain. La campaña contra ese feudo talibán y de Al Qaeda supone un paso clave para frenar la violencia extremista en este país nuclear.

"Kotkai era un bastión de los terroristas, con la mayoría de las casas convertidas en búnkeres", declaró el portavoz del Ejército, el general Athar Abbas, durante una conferencia de prensa. Abbas dijo que las fuerzas de seguridad entraron en esa localidad el viernes por la noche y que habían dedicado la jornada de hoy a limpiar la zona de explosivos y minas. "Los insurgentes están abandonando sus armas y afeitándose la barba para tratar de confundirse entre los civiles y evitar la captura", añadió.

Casi 200 muertos tras una semana de combates en Waziristán del Sur
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Los militares ya tomaron Kotkai el pasado lunes, pero los talibanes la recuperaron al día siguiente, lo que da una idea de la dificultad para avanzar. "La ofensiva progresa bien, pero es lenta porque la zona es muy montañosa y los insurgentes resisten porque tiene fortificaciones en los puntos más altos", explicó Abbas, que dijo que se habían interceptado comunicaciones que indicaban varias deserciones. También informó de la muerte de tres soldados y 21 terroristas en las últimas 24 horas, algo que como el resto de sus datos no se puede confirmar de forma independiente.

Desde hace una semana, unos 30.000 hombres entre soldados y fuerzas auxiliares tribales, apoyados por aviones de combate, helicópteros de ataque y fuego de artillería pesada, tratan de desalojar a los talibanes de su feudo en Waziristán del Sur. Hasta ahora han muerto 25 soldados y 167 terroristas. Se trata de una de las siete agencias tribales que separan Pakistán de Afganistán, en las que los lazos familiares con los talibanes afganos, la ausencia del Estado central y el terreno montañoso e inhóspito han permitido que prosperen todo tipo de grupos fuera de la ley, desde traficantes de armas y drogas hasta Al Qaeda y sus afines, a menudo apoyándose unos a otros.

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El diario Los Angeles Times aseguraba el viernes que aviones no tripulados estadounidenses, los llamados drones, están apoyando al Ejército de Pakistán en su ofensiva. La asistencia incluiría imágenes tomadas por esos aparatos exclusivamente para la campaña de Waziristán del Sur, lo que permitiría a los paquistaníes cubrir los huecos en su propia información. De ser así, sería la vez que EE UU se ha implicado más en una operación militar paquistaní y la primera vez que Islamabad acepta este tipo de ayuda.

Tanto el portavoz militar como el ministro de Información, Qamar Zaman Kaira, lo han negado negaron hoy en su comparecencia ante la prensa. "La información de Los Angeles Times no es correcta", afirmó el general Abbas, quien insistió en que Pakistán "no quiere ninguna clase de apoyo o interferencia" en la actual campaña militar. "Lo que queremos es replicar el éxito de la operación de Swat con nuestros propios recursos y el apoyo de nuestra opinión pública", declaró.

El asunto de los drones es uno de los más delicados en las relaciones entre Pakistán y EE UU. Washington recurre a esos aparatos para llevar a cabo operaciones sin tener que desplegar fuerzas dentro de territorio paquistaní. Consciente de que el 95% de sus habitantes consideran negativas esas acciones (según una encuesta del instituto Pew publicada el pasado agosto), el Gobierno protesta formalmente contra esas violaciones de su soberanía, aunque todo parece indicar que ambas partes han llegado a un acuerdo al respecto. El problema es que los ataques de los drones han causado muchas bajas civiles, entre 242 y 700 desde 2006 cuando empezaron a usarse. De ellos, sólo 14 eran peces gordos de Al Qaeda, su objetivo.

Ayer mismo, un misil disparado por un de esos aparatos mató a 25 personas en Bajaur, otro distrito de las zonas tribales de noroeste de Pakistán, según la cadena Express 24/7. El objetivo era la casa de un jefe talibán local, maulvi Faqir Mohammad, quien al parecer abandonó el lugar poco antes del ataque. Según esa televisión, tres de los muertos eran extranjeros, aunque otros medios aseguraron que la mayoría de ellos eran afganos.

La sombra del portavoz del Ejército paquistaní, Athar Abbas, se proyecta sobre el mapa en el que explica la evolución de la ofensiva contra los talibanes.
La sombra del portavoz del Ejército paquistaní, Athar Abbas, se proyecta sobre el mapa en el que explica la evolución de la ofensiva contra los talibanes.AFP

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