Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El principal rival de Karzai denuncia un fraude masivo en las elecciones afganas

La Comisión de Quejas electorales registra más de 200 denuncias contra el proceso de votación

Las elecciones supuestamente democráticas, que costaron 160 millones de euros procedentes de las donaciones internacionales a Afganistán, están a punto de descarrilar. Aún sin datos de participación (podría estar en torno al 40-50%) ni resultados parciales de ninguna de las 34 provincias del país, el principal rival del presidente Hamid Karzai en los comicios del jueves pasado, el ex ministro de Exteriores Abdulá Abdulá, ha acusado este domingo al Gobierno de robar las elecciones.

"Los informes preliminares que estamos recibiendo son alarmantes. Puede haber miles de irregularidades en todo el país. (...) Esto debe ser evitado. Es muy importante para la supervivencia del proceso y de la esperanza de una mejor vida para el pueblo afgano", ha asegurado Abdulá en conferencia de prensa. El portavoz electoral de Karzai, Waheed Omar, ha tildado a Abdulá de "irresponsable", ha negado las acusaciones y se ha remitido a la Comisión Electoral Independiente (CEI), que anunció para el martes los primeros resultados preliminares.

El paso dado por Abdulá, que dijo tener pruebas de sus acusaciones, lleva implícito un mensaje: está dispuesto a sacar a sus seguidores a la calle si no hay segunda vuelta, que tendría que celebrarse en algún momento del otoño si Karzai no supera el 50% de los votos. Ni el presidente afgano ni la comunidad internacional desean una prolongación de un proceso que ha resultado caro y peligroso para los afganos y para los más de 100.000 soldados extranjeros que están en alerta.

En las últimas horas se han producido numerosas reuniones entre candidatos en busca de alianzas con las que hacer frente a una eventual segunda vuelta. El candidato hazara Ramazan Bashardost, al que algunas encuestas situaban en tercer lugar, ha dejado hoy claras sus intenciones de seguir independiente al acusar a Karzai y a Abdulá de cometer fraude en sus áreas de influencia.

Richard Holbrooke, enviado especial del presidente Barack Obama a la zona, trata de hacer juegos malabares con una situación muy compleja. "Hemos tenido elecciones reñidas en Estados Unidos y puede que aquí tengamos algo así. No me extrañaría en absoluto", ha dicho. Holbrooke asegura que EE UU esperará al veredicto de la CEI y de la Comisión Central de Quejas antes de comentar nada sobre los comicios. Ésta es la versión pública. La privada, que Holbrooke ha trasladado a los candidatos el monumental enfado de Washington sobre la manera en la que se ha desarrollado un proceso que debería haber dotado de legitimidad a la nueva estrategia de Obama, en la que la reconstrucción será clave.

La voz de EE UU pesa en Afganistán: tiene desplegados más de 60.000 soldados repartidos en dos misiones, una propia, Libertad Duradera, y otra dependiente de la OTAN. De los 1.334 soldados extranjeros muertos en ocho años, 796 son estadounidenses.

La Comisión Central de Quejas, que está compuesta por expertos afganos y extranjeros nombrados por Naciones Unidas, ha reconocido hoy haber recibido 225 denuncias de irregularidades, de las que 150 tienen prioridad y 35 alta prioridad porque pueden afectar al resultado. Su portavoz, Grant Kippen, ha dicho que están al tanto de "quejas significativas" sobre intimidación a votantes, cambios del contenido de urnas e interferencias de funcionarios del Gobierno en el trabajo de los interventores de la CEI.

Fuentes de la CEI justificaron la tardanza en ofrecer resultados en la escasez de medios en un país en el que sólo el 30% de las carreteras están asfaltadas y donde muchas aldeas sólo son accesibles en burro.

En Afganistán no hay censo. El 50% de los hombres y el 85% de las mujeres son analfabetos. Para inscribirse en el registro electoral bastaba que el varón cabeza de familia presentara su identidad y declarara el número de mujeres a su cargo. Nadie comprobaba. Las tarjetas electorales podían comprarse en el mercado negro por el equivalente a 10 dólares. De los 16,6 millones de personas registradas, un número ya elevado para un país que no sobrepasa los 30 millones, han podido votar siete millones según algunas fuentes. Los observadores de la UE declararon el sábado que las elecciones habían sido justas a pesar de no tener datos oficiales.