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Maliki lanza un ultimátum a Al Sáder para que disuelva su milicia

El primer ministro condiciona la participación política del clérigo chií al desmantelamiento del Ejército del Mahdi.- Al Sáder responde que hará lo que le ordenen los líderes religiosos chiíes

ue hará loEl clérigo radical chií Muqtada al Sadr disolverá su milicia, el "Ejército del Mahdi", si cuenta con la aprobación del máximo liderazgo religioso de la ciudad santa de Nayaf, según anunció hoy el jeque Hasan al Zarqani, asistente de Sadr. "Muqtada al Sadr pedirá la opinión de los máximos responsables religiosos chiíes sobre la disolución del 'Ejército del Mahdi', y cumplirá las órdenes que le den", remarcó al Zarqani en declaraciones a la prensa. El asistente de Sadr aludía al máximo clérigo chií iraquí, ayatolá Ali Sistani, que reside en Nayaf, donde se encuentra el

El primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, ha lanzado un ultimátum al clérigo radical chií, Múqtada Al Sáder, para que desmantele su milicia si quiere participar en el proceso político iraquí. El clérigo radical chií, que ha supuesto un enorme quebradero de cabeza tanto para el Gobierno iraquí como para el ejército estadounidense desde que cayera el régimen de Sadam, tendrá que disolver el Ejército del Mahdi si quiere presentarse a las próximas elecciones. Su respuesta ha sido que consultará con los líderes religiosos chíes y que hará lo que le ordenen.

"Se ha tomado una decisión: que [Al Sáder] no tendrá ya derecho a participar en el proceso político o de tomar parte en futuras elecciones a menos que ponga fin a las actividades del ejército del Mahdi", ha dicho Maliki en una entrevista con la CNN. Es la primera vez que Maliki pide la disolución de la milicia de Al Sáder mencionándolo por su nombre y supone un paso más en el enfrentamiento del Gobierno con el clérigo radical, que no suele plegarse a la política oficial de Bagdad. Es más, ha anunciado que seguirán los ataques sobre el inmenso barrio bagdadí de Sáder City, feudo chií del clérigo radical, donde ayer se reavivaron los combates entre las milicias y los soldados regulares después de una semana de relativa calma. "Hemos abierto la puerta a la confrontación, una confrontación real contra estas bandas y no pararemos hasta que logremos el control total de esas áreas [dominadas por los leales a Al Sáder].

Avisado de la decisión del Gobierno, el clérigo radical acudirá al líder supremo del chiísmo iraquí, el ayatolá Ali Al Sistani, que reside en la ciudad santa de Nayaf, para consultarle. El jeque Hasan al Zarqani, asistente de Al Sáder, ha informado de que su jefe "pedirá la opinión de los máximos responsables religiosos chiíes y cumplirá las órdenes que le den". Los partidarios de Al Sáder cuentan con un bloque propio en el Parlamento iraquí, formado por 30 diputados, y tenían cinco ministros en el Ejecutivo de Maliki, hasta que se retiraron el año pasado por discrepancias con el primer ministro.

Crisis en Basora

La decisión del Gobierno llega apenas unos días después de una violenta crisis en Basora, la segunda ciudad del país y su principal puerto petrolífero. El ejército regular lanzó una ofensiva hace dos semanas para recuperar el control de la ciudad, lo que originó violentos combates entre los chiíes leales a Al Sáder y los soldados del Gobierno. El conflicto se extendió a otras ciudades del país, sobre todo Bagdad, y se cerró el pasado 30 de marzo con cuentos de muertos, hasta 700 según la ONU.

Además, el anuncio de Maliki llega apenas dos días antes de la manifestación convocada por Al Sáder para reunir a un millón de personas en Bagdad contra la ocupación estadounidense. El enfrentamiento entre el Gobierno, compuesto mayoritariamente por chiíes, y los millones de seguidores de Al Sáder amenaza con dividir aún más el país y a los chiíes entre sí, poniendo de nuevo a Irak en riesgo de guerra civil.

Violencia

Mientras, continúa la violencia en el país. Ocho personas han muerto en una explosión en Basora. Por el momento, se desconoce el origen del estallido. Según testigos citados por France Presse, se trata de un ataque aéreo estadounidense sobre una casa que ha quedado totalmente destruida, aunque el ejército americano lo ha desmentido.

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