Mao quería expulsar de China a 10 millones de mujeres

Documentos desclasificados revelan la particular visión que tenía el líder comunista de las mujeres

El Departamento de Estado de EE UU ha hecho público unos viejos documentos que arrojan luz sobre las relaciones con China y la visión que tenía Mao Zedong de las mujeres, informa la BBC.

Los archivos desclasificados son un resumen detallado de las conversaciones que mantuvieron el fundador de la República Popular China y el secretario de Estado Henry Kissinger en una residencia de descanso del líder comunista cercana a Pekín. Las conversaciones abarcan un amplio espectro de temas, incluidas las entonces espinosas relaciones que ambas potencias mantenían con la Unión Soviética y Taiwán.

Pero durante ese encuentro, el líder chino hizo una sorprendente oferta a su huésped norteamericano: enviar 10 millones de mujeres chinas a Estados Unidos que el padre de la revolución consideraba que sobraban en el país más poblado del mundo.

Las transcripciones muestran que los comentarios de Mao sobre las mujeres chinas fueron un tema recurrente durante esa entrevista. Aunque la conversación giró sobre asuntos de interés común para ambos países, como la necesidad de incrementar el comercio bilateral, Mao aprovechó el menor resquicio para reiterar su descabellada oferta a Kissinger, alegando que en China había un excedente de mujeres. Su oferta inicial, según estos documentos ahora desclasificados, pasaba por enviar a Estados Unidos decenas de miles de mujeres, pero según fue avanzando la conversación incrementó su petición hasta los 10 millones.

El ofrecimiento chino provocó risas e hilaridad entre los miembros de la delegación estadounidense, que en ningún momento pensaron que Mao podía estar hablando en serio. Kissinger siguió la corriente a Mao pensando de que todo se trataba de un chiste. Pero Mao, lejos de plegar velas, empezó entonces a quejarse de que sus compatriotas tenían demasiados niños. Hasta el punto de expresar el temor a que una invasión soviética del país podría prosperar por el mero hecgho de que las mujeres no sabían luchar.

Ante la avalancha de comentarios misóginos, un consejero advirtió a Mao de que sus palabras, de filtrarse, podrían causar un hondo malestar entre buena parte de la sociedad china. Mao se vio obligado a pedir disculpas a la intérprete que traducía sus palabras y acordó con Kissinger eliminar dichos comentarios ofensivos de las grabaciones.

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