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Lisboa alumbra un Tratado "para una Europa más moderna, eficaz y democrática"

El nuevo texto firmado en la capital portuguesa incluye un sistema de decisión más ágil y pretende dar a la Unión una personalidad más unitaria de cara al exterior

Foto de familia ante el Monasterio de los Jerónimos de los jefes de Gobierno que han firmado el Tratado de Lisboa.
Foto de familia ante el Monasterio de los Jerónimos de los jefes de Gobierno que han firmado el Tratado de Lisboa. REUTERS

La ciudad de Lisboa ha alumbrado hoy el Tratado que regirá los destinos de la Unión Europea en las próximas décadas, el texto que sustituye a la fracasada Constitución Europea. Un tratado que "recoge lo mejor del patrimonio europeo" para conseguir "una Europa más moderna, más eficaz y más democrática", como ha dicho el primer ministro portugués y presidente de turno de la UE, José Sócrates, al abrir la ceremonia solemne de la firma, que tiene lugar en el magnífico Monasterio de los Jerónimos de Lisboa, frente a la desembocadura del Tajo.

Los líderes de los Veintisiete se han reunido en el monasterio lisboeta, donde Portugal rubricó en 1985 su entrada en la UE, para estampar su firma en el nuevo Tratado de la UE, un acuerdo fraguado tras siete años de negociaciones plagadas de escollos. Con el nuevo texto, la UE intenta agilizar el funcionamiento de la institución tras la entrada de 12 nuevos socios, sobre todo en lo tocante a la toma de decisiones y a la personalidad propia de cara al exterior.

El primer ministro portugués, José Sócrates, ha sido el encargado de abrir la ceremonia con un discurso en el que ha ensalzado los valores europeos y defendiendo el Tratado pese a ser el hermano pobre de la Constitución fracasada por los 'noes' de Francia y Holanda. Ha dicho que el nuevo Tratado "vence la parálisis política" en que entró la UE tras esos 'noes' y ha agradecido el trabajo previo de la presidencia alemana y de su canciller, Angela Merkel, para llevarlo a buen puerto.

Más en concreto, ha subrayado que el Tratado "reconoce la Carta de Derechos Humanos con valor jurídico pleno", responde al "reto de facilitar la toma de decisiones" y "refuerza el papel de los parlamentos nacionales". Además, ha destacado que "define una nueva arquitectura institucional, con una presidencia nueva, con una nueva ponderación de votos que dan un nuevo equilibrio y un mejor funcionamiento a la UE". En resumen, un nuevo Tratado "que recoge lo mejor del patrimonio europeo pero que no mira al pasado, sino que es un Tratado para el futuro, para una Europa más moderna, más eficaz y más democrátrica".

Siete años de negociaciones

Con la firma se pone fin a siete años de duras negociaciones, desde el encargo de la Comisión Europea a un grupo encabezado por el ex primer ministro francés Valéry Giscard D'Estaign para que elaborara una Constitución para Europa. En medio, los debates en la redacción del texto, con la inclusión o no de un reconocimiento de la influencia cristiana en el nacimiento de Europa, su aprobación en la cumbre de Roma de 2004 y los procesos de ratificación en los distintos estados, con los referendos que dieron el visto bueno, en España y 17 países más, y los 'noes' de franceses y holandeses que echaron por tierra el proyecto, que debió retomarse con ambiciones reducidas.

También este Tratado deberá ser ratificado por los estados antes de su entrada en vigor en 2009, pero esta vez sólo Irlanda lo someterá a referéndum. Los demás lo harán pasar por sus Parlamentos. El nuevo texto incorpora un nuevo sistema de decisión llamado de doble mayoría, que combina población y miembros. Para aprobar algo, será necesario el apoyo del 55% de los estados miembros que representen al menos el 65% de la población. Era necesario un sistema de este tipo que eliminara la unanimidad, que haría casi imposible el funcionamiento de una institución con 27 miembros. Además, el Tratado elimina el derecho de veto en 40 áreas, entre ellas las políticas de inmigración y cooperación policial y judicial.

Pretende también dotar a la UE de una mayor cohesión y personalidad propia a la hora de actuar en la escena internacional. Para ello, refuerza la presidencia, que pasa a tener un mandato de dos años y medio y acaba con las rotaciones cada seis meses. Además, incorpora la figura de un ministro de Exteriores con rango de vicepresidente de la Comisión y con más atribuciones. Por el momento, el español Javier Solana, actualmente Alto Representante de la UE para la política exterior, seguirá en su puesto.

Las claves del Tratado

Toma de decisionesA partir de 2014, la toma de decisiones se realizará por el sistema de doble mayoría: se requerirá el apoyo del 55% de Estados miembros que representen al 65% de la población. Los asuntos de política exterior, presupuestaria y fiscal seguirán exigiendo unanimidad.

Reforma institucionalLos líderes de la UE elegirán a un presidente del Consejo por dos años y medio, renovables, en lugar de la vigente presidencia rotatoriade seis meses. El jefe de la diplomacia ve reconocido su papel y se refuerza su poder en calidad de vicepresidente de la Comisión. Los ministros de Economía y Finanzas de los países donde circula el euro tendrán un portavoz.

Derechos de ciudadaníaLa Carta de Derechos fundamentales será de aplicación legal en todos los Estados miembros, salvo en Reino Unido.

ParlamentosEl Parlamento Europeo pasa a tener 751 escaños, repartidos por un criterio de población. Además, los Parlamentos nacionales tendrán el poder de devolver proyectos a la Comisión Europea para su revisión. Para que los proyectos sean devueltos a la Comisión, se deberá reunir la oposición de un tercio de los Parlamentos nacionales.

La ausencia de Brown

Entre los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete que han firmado el Tratado de Lisboa no había 27, faltaba uno. El primer ministro británico, Gordon Brown, ha estado ausente debido a un xompromiso en el Parlamento de su país, por lo que la firma de Reino Unido ha sido la de su ministro de Exteriores, David Miliband. Aunque Gordon Brown sí estará presente en la foto de familia y en el almuerzo de celebración, su ausencia en la firma de un Tratado que regirá los destinos de europa en las próximas décadas es una muestra del euroescepticismo del jefe del Gobierno británico, que tampoco solía acudir a las reuniones de ministros de Economía (Ecofin).

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