Indignación en sectores brasileños por la absolución del presidente del Senado

La cámara brasileña absolvió a Calheiros de corrupción

La oposición, la prensa y diversas organizaciones de la sociedad brasileña mostraron ayer su indignación por la votación del miércoles en la que se decidió mantener en su puesto al presidente del Senado, Renán Calheiros, sobre quien pesan graves acusaciones de corrupción.

La reacción, sin embargo, fue muy distinta en el Ejecutivo y en el sector gubernamental, que pidieron "respetar" lo que calificaron de decisión "soberana" del Senado sobre un asunto que fue considerado "interno" hasta por el propio presidente del país, Luiz Inácio Lula da Silva.

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Sobre Calheiros pesan acusaciones de corrupción y delitos fiscales por las que el Consejo de Ética del Senado recomendó que fuera despojado de su escaño, algo que fue rechazado el miércoles por el pleno de la Cámara.

Pese a una fuerte corriente de opinión en favor de la destitución de Calheiros, que según algunas encuestas estaba respaldada por el 85% de los brasileños, el líder del Senado salvó su escaño en una votación secreta y a puerta cerrada. De los 81 senadores, 40 votaron por su absolución, 35 respaldaron su desafuero y seis se abstuvieron.

Lula, que conoció el resultado durante su visita oficial a Dinamarca, dijo que "hay que acostumbrarse a acatar las decisiones de los organismos, según establece la Constitución", y pidió tratar el caso con "seriedad". Añadió que "lo que le interesa al presidente es que el Senado vuelva a funcionar", tras casi cuatro meses virtualmente paralizado por los escándalos en torno a Calheiros.

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Clima tenso

La oposición y la prensa acusaron al propio Lula de haber ejercido fuertes presiones políticas para "salvar" a Calheiros, influyente líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que es a su vez el de mayor peso en la coalición de Gobierno, que agrupa a fuerzas de todo el espectro político.

El vicepresidente del Senado, Tiao Viana, del Partido de los Trabajadores (PT), reconoció que "el clima está tenso, el resentimiento crece y la hostilidad aumenta", lo que parece vaticinar una seria crisis en momentos en que el Parlamento debe votar asuntos de importancia vital para el Gobierno.

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