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Toque de queda en Irak tras la victoria en la Copa de Asia

50.000 aficionados testigos del triunfo iraquí en el estadio de Yakarta reclaman la paz en el país árabe

Como maná caído del cielo se ha recibido hoy en Irak el primer título continental para el fútbol iraquí, conseguido esta tarde en un agónico partido en el que su selección se ha impuesto por 1-0 a la de Arabia Saudi en Yakarta (Indonesia). Es la primera alegría nacional para un país arruinado por la violencia terrorista y sectaria con atentados a diario.

Las autoridades iraquíes se han apresurado a declarar el toque de queda para todos los vehículos que circulen hoy por Irak, con especial antención en Bagdad, ante el temor a que las celebraciones de la afición sean aprovechadas por los grupos violentos para perpetrar nuevos atentados. La decisión busca impedir que los "terroristas, extremistas suníes y criminales aprovechen la alegría del pueblo por los éxitos del equipo nacional iraquí" para volver a sembrar la tragedia, ha declarado un portavoz del Ejército a la televisión estatal.

Tras el pase a la final ante Corea del Sur, una multitud se reunió el pasado miércoles en las calles para bailar y celebrarlo, momento que aprovecharon los grupos extremistas para colocar dos coches bomba en dos barrios de Bagdad que causaron 50 muertos. Esta vez, las autoridades han impuesto esta medida en las ciudades de Bagdad y Kirkuk, y la provincia septentrional de Nínive, según ha informado hoy el general Qasem Ataa al Musaui, portavoz oficial del plan de seguridad para Bagdad.

Disparos al aire

En Bagdad, justo después de que se acabara el partido, se escucharon repetidos disparos al aire, pese a las advertencias previas del gobierno para que los ciudadanos no utilizaran las armas de fuego para expresar su alegría. La victoria de la selección iraquí cambió el ambiente en las calles de Bagdad, que momentos antes de que empezara el partido se encontraban totalmente desérticas, salvo por las patrullas policiales. También se sumó a la fiesta hoy el primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, que felicitó por teléfono a los jugadores y ordenó que se recompense con 10.000 dólares a cada uno de ellos. Tanto el presidente del país, Yalal Talabani, como el presidente del parlamento iraquí, Mahmud Al Mashadani, entre otros responsables y dirigentes, felicitaron al pueblo y al equipo por su victoria.

La dimensión de la hazaña tuvo su fiel reflejo en las palabras del comentarista de la televisión iraquí, quien no cesó de alabar el "histórico" gol marcado por el jugador Yunes Mahmud a la salida de un córner y de apelar a la unidad nacional. "Al Anbar (feudo de la insurgencia suní), Nayaf, Kerbala (ciudades santas para los chiíes) y todas las provincias están preparando para celebrar el gol", gritaba el comentarista minutos antes de que los ciudadanos se echaran a las calles para olvidar su sufrimiento, aunque sólo sea por un día.

La final fue seguida en directo, en el estadio de Tumult Bung Karno de la capital indonesia, por el presidente y vicepresidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono y Yusuf Kalla, el presidente de la FIFA, Josepp Blatter, y el presidente de la Confederación de Fútbol Asiática, Mohamed Bin Hamman. No hubo ninguna delegación iraquí. Unos 50.000 espectadores se dieron cita en el estadio, donde reinaba un gran ambiente y un abrumador apoyo de la afición indonesia a Irak. Además, en las gradas colgaban carteles pidiendo la paz en Irak y la unidad de los iraquíes.

El héroe

Se da la triste circunstancia de que todos los jugadores del equipo iraquí tienen familiares muertos a causa de la violencia que sufre el país. El capitán del equipo, el delantero Yunes Mahmud, se transformó en el héroe de la noche al marcar el gol de la victoria en el minuto 71. Se hizo así justicia, porque Irak controló el juego desde el principio y sólo en los últimos minutos Arabia Saudí logró hacer presión frente a la portería contraria.