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Los diputados brasileños deciden doblarse el sueldo

Los congresistas (diputados y senadores) de Brasil decidieron ayer, casi por unanimidad, doblarse el sueldo base, que pasa de 12.800 reales (unos 5.000 euros) a 24.600 (10.000 euros). Esta subida es ligeramente superior en lo que se refiere a los extras que perciben: de 50.000 reales (18.000 euros) mensuales para sus gastos extraordinarios (como el salario de sus secretarios, alojamiento, gasolina y teléfonos) pasarán a recibir unos 120.000 reales (40.000 euros). Todo ello, aplicado a 15 pagas anuales. Este incremento consolida a los parlamentarios brasileños como los mejor pagados del mundo.

Los diputados han justificado este aumento del 100% diciendo que no pueden ganar menos que un miembro del Supremo, que gana exactamente 24.600 reales.

Hace unos días, el Parlamento aumentó en un 8% el sueldo base de los trabajadores, que pasa de 350 reales (130 euros) a 375 (139 euros). El alza, sin embargo, ha disgustado al Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que lo considera demasiado alto y quiere rebajarlo a 268 reales (100 euros), alegando que el aumento del 8% decidido por el Parlamento desarticula las cuentas públicas de la Seguridad Social.

El ex presidente de la República Fernando Henrique Cardoso solía decir que Brasil es un país “rico, pero injusto”. De hecho, Brasil, a pesar de sus grandes riquezas y posibilidades de desarrollo, continúa el primero en la lista de los países con peor distribución de la renta del mundo. Y es el que paga más impuestos directos e indirectos: la carga tributaria llega al 40%.

Durante su primer mandato, Lula no quiso suprimir antiguos privilegios que consolidaban las desigualdades, como los sueldos de lujo de los funcionarios del poder público y ciertas jubilaciones millonarias. Por el contrario, la única reforma afectó a los jubilados ?incluidos los que perciben la pensión mínima?, a quienes ahora se les obliga a pagar impuestos. Esta medida provocó la salida del PT de tres diputados y una senadora, Heloísa Helena, que en las pasadas elecciones compitió con Lula por la presidencia de la República.

Se calcula que el 50% del trabajo en Brasil es ilegal, pagado con dinero negro. Millones de trabajadores no contribuyen a la Seguridad Social, que está al borde de la quiebra. Los empresarios, pequeños y grandes, se niegan a legalizar a los trabajadores, porque la cantidad que deben pagar al Estado por cada trabajador es desorbitada. De ahí que la reforma de las leyes del trabajo sea uno de los desafíos del segundo mandato de Lula.