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SUCESO

Una mujer, novena víctima mortal del francotirador de Washington

Varios testigos afirman haber visto huir al agresor en una Chevy Astro de color crema.- 1.000 agentes investigan incluso a soldados que hayan recibido instrucción militar de élite

El francotirador que desde el pasado 2 de octubre ha asesinado a nueve personas en el área de Washington ha reaparecido esta madrugada en Virginia con el asesinato de una mujer, Linda Franklin, de 47 años, en el aparcamiento al aire libre de un centro comercial en el condado de Fairfax, a menos de 10 kilómetros del centro de Washington. Se da la circunstancia de que Franklin trabajaba como analista del FBI, el organismo que persigue frenéticamente al asesino del rifle desde su primer crimen el pasado 2 de octubre.

La policía ha confirmado, después del análisis balístico, que el asesinato es obra del también conocido como asesino del tarot, en referencia al naipe de la muerte que dejó el francotirador tras uno de sus ataques, en el que se autoproclamaba "Dios". "El análisis balístico relaciona de forma concluyente este caso con los demás que se han producido en la zona", ha declarado el jefe de policía del condado de Fairfax, Tom Manger.

Manger ya anunciaba esta mañana, antes de tener la confirmación oficial, que varios testigos coincidían en señalar que una persona con lo que parecía ser un rifle automático subió en una furgoneta Chevy Astro de color crema tras el disparo y tomó la carretera 50, que conduce a Washington.

Oficialmente, las únicas huellas que había dejado hasta ahora eran varios casquillos de munición .223, como la correspondiente a un fusil de asalto M-16 -con capacidad para acertar un blanco a más de 500 metros- y una carta de tarot. Los criminólogos creen que el asesino podría tener un empleo en la región cuyo horario explicaría su modus operandi.

Un arranque de furia

El FBI supone que el francotirador comenzó a actuar por un arranque de furia y tomando pocas precauciones. Su primer intento, el 2 de octubre a las 17.20, resultó fallido: disparó contra el empleado de una tienda de licores, pero sólo rompió un cristal. Apenas 44 minutos después, a las 18.04, asesinó a un hombre de 55 años que caminaba por un aparcamiento. A las 7.41 de la mañana siguiente mató a otro hombre, de 39 años, que segaba el césped en un jardín.

Media hora más tarde, a las 8.12, cayó una nueva víctima mortal en una gasolinera. Casi inmediatamente, a las 8.37, mató a una mujer sentada en un banco. A las 9.58 asesinó a otra mujer que limpiaba su automóvil en una gasolinera. Y a las 21.20 de ese mismo día, 3 de octubre, abatió a un hombre que cruzaba una calle.

El modo de actuación cambió a partir de entonces. "Ya no hay furia, sino juego. El asesino disfruta con la atención de los medios de comunicación y refuerza la sensación de poder que obtiene matando con el placer de eludir a la policía. Ahora es mucho más cauto", ha señalado Brent Turvey, un científico forense que ha trabajado para el FBI.

Más de 1.000 agentes con equipos sofisticados y helicópteros están buscando al francotirador, en una persecución que, según se conoció el lunes incluye la investigación en el Pentágono de soldados que recibieron instrucción militar como francotiradores de elite.