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“Ich bin ein Madrileño”

En esta nueva encrucijada histórica lo de Madrid es bastante peor que lo de Berlín en 1963, dónde va a parar. Ahora los países que restringen la libertad suponen todo el mundo occidental

Una terraza de Madrid, el 5 de febrero de 2021.
Una terraza de Madrid, el 5 de febrero de 2021.JUAN MEDINA

El 26 de junio de 1963, en plena Guerra Fría, el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, llegó a Berlín oeste, el trocito de la ciudad que había quedado como una isla en medio de la Alemania soviética. Una Alemania que en una de esas paradojas graciosísimas de la historia y del comunismo en general, decidieron llamar República Democrática Alemana. Ya ven que los juegos demenciales de palabras, como socialismo o libertad, no son de ahora. Tras la construcción del muro, el Berlín libre se comunicaba con el mundo exterior gracias a un puente aéreo. Así llegó Kennedy, que en un discurso memorable defendió la ciudad como emblema de libertad con una frase: “Ich bin ein Berliner”. Lo dijo en alemán: “Yo soy berlinés”. Pues bien, creo sin duda que ahora la cosa está muchísimo peor, y que si Kennedy tuviera que viajar hoy a algún sitio lo haría a Madrid, se sentaría en una terraza o se metería en un atasco y diría emocionado: “Ich bin ein Madrileño”.

En esta nueva encrucijada histórica lo de Madrid es bastante peor que lo de Berlín en 1963, dónde va a parar. Piénsenlo: ahora los países que restringen la libertad suponen todo el mundo occidental. Todos han caído en garras de la dictadura de la razón científica. En la frontera norte de Madrid está la república socialista de Castilla y León, con durísimas limitaciones para combatir el coronavirus. Al sur no digamos, la república socialista de Andalucía, y dentro la república comunista total de Cádiz, uno de los reductos más tristes del planeta, como todo el mundo sabe. Si sales de España, que además no se puede, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia, languidecen dirigidas por comunistas redomados, como el exdirigente de Goldman Sachs y expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, a quienes no les tiembla el pulso para encerrar a la gente en casa y, como denunció Isabel Díaz Ayuso al convocar elecciones, “cierran los comercios y la hostelería, destruyen el tejido empresarial, imponen cómo pensar y cómo vivir”. Solo Madrid resiste ahora y siempre a la tentación de reforzar la atención primaria y cosas así. Si Kennedy se subió a una pasarela para observar el otro lado del muro de Berlín, en Madrid las familias llevan sus niños al puerto de Navacerrada y ante la llanura castellana les muestran el mundo sin libertad.

Tendrán que poner alambradas que la gente saltará a la desesperada para intentar venir a tomarse un vermut. Se harán túneles, partirán globos aerostáticos caseros para salir a cenar y pasar un poco del toque de queda, que a las doce está la calle llena. También Madrid resiste gracias a su puente aéreo, que trae de media Europa a turistas alemanes y franceses que en la ciudad paladean conmovidos el aire de libertad, “esta forma de vivir a la madrileña, que es única”. Sin Kennedy, ya no sé quién puede venir a Madrid a hacer un discurso, porque el mundo entero está echado a perder. Quien mejor puede empatizar con nuestro Gobierno madrileño a lo mejor es el presidente de China, donde tampoco te puedes fiar de lo que dicen, aseguran que todo va fenomenal y ya no hay restricciones de ningún tipo.

Kennedy también sufrió los bulos y las noticias falsas tras su discurso. Dijeron que se había equivocado al decir su frase en alemán, y como el Berliner es también un popular pastel, lo que dijo realmente sería algo así como: “Yo soy un pastel de crema”. El berliner en Madrid se llama berlina o bomba de crema, y ahora que lo pienso sería un lema mucho mejor que socialismo y libertad para Díaz Ayuso: “Yo soy una bomba (de crema pastelera)”.

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