“No podemos tener enseñanza obligatoria hasta los 16 años sin los medios para acompañar a todo el alumnado”

José Antonio Martínez, experto en educación y miembro del Consejo Escolar del Estado, cree que el sistema educativo español está anquilosado

José Antonio Martínez, experto en educación, en Madrid este 3 de septiembre.
José Antonio Martínez, experto en educación, en Madrid este 3 de septiembre.VICTOR SAINZ

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José Antonio Martínez (Cartagena, 68 años) ha pasado casi cuatro décadas a pie de aula. Además de profesor de Matemáticas, buena parte de ese tiempo ha sido director de un instituto público de Madrid y representante de Fedadi, la principal asociación de directivos de centros de secundaria. Ahora, ya jubilado, mantiene un puesto en el Consejo Escolar del Estado como personalidad de reconocido prestigio. “El sistema está anquilosado. No tenemos unos resultados brillantes, y tampoco malísimos, pero no mejoran, no progresan de acuerdo a lo que sería razonable”, resume.

Pregunta. Si pudiera cambiar algo del sistema educativo para mejorarlo, ¿por dónde empezaría?

Respuesta. Es complicado. Pero hay cosas que, sin necesidad de grandes inversiones, pueden producir efectos positivos muy rápidamente. Por ejemplo, lo que tiene que ver con la mejora de la selección del profesorado y su carrera profesional y la gobernanza del sistema, sobre todo de los centros.

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“El sistema actual está expulsando a un capital humano de gran valor y difícilmente reemplazable”

P. ¿En qué consistirían los cambios para el profesorado?

R. En modificar los sistemas de acceso [a un puesto en la escuela pública]. Hay modelos que no necesariamente pasan por un examen de oposición que hoy es prácticamente igual que el que yo hice hace 40 años. Y hoy las circunstancias son esencialmente distintas. Creo que va en la buena dirección la propuesta del MIR educativo [un sistema conjunto de formación y acceso a una plaza, similar al de los médicos de la sanidad pública, pero adaptado a los profesores] que ya se planteó hace años tanto desde el PP como desde el PSOE. Y después está la carrera profesional; es fundamental incentivar a la gente, tanto con la posibilidad de mejoras salariales como de responsabilidad. El sistema actual [sin apenas incentivos] está expulsando a un capital humano de gran valor y difícilmente reemplazable y eso no tiene perdón. Hay gente muy buena que se jubila voluntariamente a los 60 años porque no aguanta más. Un sistema educativo que no tiene en cuenta su capital humano está condenado a ser mediocre siempre.

La propuesta del MIR educativo [acceso a una plaza similar al de los médicos de la sanidad pública] va en la buena dirección

P. ¿Y en cuanto a la gobernanza?

R. Aquí me refiero a la desprofesionalización del ámbito de decisiones, tanto en el nivel de la Administración como en el de los centros. En la Administración, en muchas comunidades, los puestos importantes se cubren, cada vez más, no en función de la capacidad y el conocimiento, sino del amiguismo y de la posición política e ideológica. Aunque todavía más importante es esa profesionalización en los colegios e institutos, que es donde se produce el hecho educativo. Los centros tienen cada vez menos autonomía real –solo se les da en situaciones como la actual, cuando la Administración no sabe qué hacer–, pero deberían poder gestionar mucho más libremente los medios, los recursos, incluso los currículos, para poder adaptarlos a las distintas realidades. El ejemplo de Portugal [que hizo una reforma en este sentido hace unos años] es bastante elocuente… El problema es que hay una teoría, que a mí cada día me convence más, que dice que el sistema no se mueve en función de lo que necesita el alumno, sino sobre todo de los intereses de los diferentes grupos que forman el tinglado educativo.

P. ¿Qué grupos?

R. Los padres, el profesorado, las asociaciones de la escuela concertada…

P. ¿Y esto se suma a la batalla política como escollo para acordar las reformas necesarias?

R. Yo creo que esos intereses afectan tanto o casi más… En la medida en que la batalla política bebe de esas fuentes.

P. Hay quien piensa que justo ahora, con la emergencia, es el momento de acometer los cambios más peliagudos. Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana van a trabajar en los primeros cursos de ESO por ámbitos, es decir, agrupando materias.

R. Se lleva hablando un montón de tiempo de flexibilizar y recortar el currículo tan rígido que tenemos. Yo probé cosas parecidas en mi instituto hace años, reduciendo el número de profesores que enseñaba en los cursos de la ESO, y funcionaron muy bien. Igual que en su día funcionó la diversificación curricular mientras existió [programas con menos asignaturas para los alumnos con dificultades]. Lo importante del sistema es que establezca canales de recuperación. Y para eso sí que hacen falta muchos recursos. No podemos tener una enseñanza obligatoria hasta los 16 años sin los medios necesarios para acompañar a todo el alumnado. A todo, no solo al que no tiene problemas, y detectando los problemas desde el momento en que se producen.

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Sobre la firma

J. A. Aunión

Coordinador del espacio de Educación de EL PAÍS. Especializado en información educativa durante más de una década, también ha trabajado para las secciones de Local-Madrid, Reportajes, Cultura y EL PAÍS_LAB, el equipo del diario dedicado a experimentar con nuevos formatos.

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