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Glashütte, el pueblo alemán convertido en capital mundial de los relojes con denominación de origen

Esta localidad al sur de Sajonia lleva 175 años fabricando los modelos más codiciados. Ahora recibe un reconocimiento a la altura de la mejor relojería Swiss Made gracias al saber hacer de firmas como NOMOS Glashütte, que da vida a sus icónicos diseños en este lugar consagrado al tiempo.

Imagen del pequeño pueblo alemán de Glashütte.
Imagen del pequeño pueblo alemán de Glashütte.

Asentado en un valle digno de cuento, entre campos de cultivo y exuberantes bosques, se erige el pequeño pueblo alemán de Glashütte. Con apenas dos mil habitantes, esta localidad al sur de Sajonia es una de las capitales mundiales de los relojes. Desde hace 175 años los modelos más codiciados por coleccionistas y amantes de la relojería se fabrican en este lugar que recientemente ha sido reconocido por el parlamento alemán como denominación de origen protegida. Del mismo modo que ocurre con el Champagne o el queso manchego, la Legislación Glashütte otorga un estatus especial a los relojes fabricados en este pueblo en el que prácticamente la población entera se dedica a la industria relojera dándoles la misma protección jurídica que a los modelos ‘hechos en Suiza’. Un hito –es solo la segunda vez en el último siglo que se otorga la denominación de origen protegida a un producto técnico en Alemania– que confirma la reputación intachable de los relojes de Glashütte y los protege de imitaciones y falsificaciones.

La firma NOMOS Glashütte es una de las mejores representantes de este saber hacer germano y en su fábrica, que sigue estando regentada a día de hoy por sus dueños originales, se produce la mayor cantidad de relojes con esta demandada denominación de origen. En ella se da vida a modelos tan icónicos como Tangente, Ludwig, Orion, Club o Metro siguiendo los estrictos requisitos de fabricación y estándares de calidad que exige la denominación de origen Glashütte y celebrando, al mismo tiempo, la artesanía y tradición que definen este pueblo desde hace casi doscientos años. “La fábrica de NOMOS Glashütte supera con creces los requisitos de la ley y produce sus once calibres en talleres propios, con una integración vertical de fabricación de hasta el 95% y con una calidad que no tiene nada que envidiar a cualquier otra”, presume Uwe Ahrendt, director general de la marca. Así es como la casa alemana lidera la industria de los relojes duraderos milimétricamente con un diseño impecable.

Club Sport neomatik polar y Club Sport neomatik petrol, dos versiones de la deseada colección Club Sport.
Club Sport neomatik polar y Club Sport neomatik petrol, dos versiones de la deseada colección Club Sport.Holger Wens

Buenos ejemplos de lo anterior son sus nuevos modelos: Club Sport neomatik polar y Club Sport neomatik petrol, dos versiones de la deseada colección Club Sport que tan bien combina el estilo de un reloj de alta gama con las prestaciones necesarias para no quitárselo en el día a día. Tanto en su versión en azul polar como aquella teñida en verde petrol, su esfera brilla gracias a un pulido radial permitiendo ver con claridad los números encastrados de las horas y las manecillas, que incluso se iluminan en la oscuridad. Su diseño radiante y sin complicaciones lo convierten en protagonista de las muñecas más elegantes, gracias a un discreto diámetro de 37 milímetros y una correa metálica flexible integrada en la caja que es sinónimo de comodidad y sofisticación.


Los números encastrados de las horas y las manecillas de ambos modelos se iluminan en la oscuridad.
Los números encastrados de las horas y las manecillas de ambos modelos se iluminan en la oscuridad.

Desde el punto de vista técnico, el calibre automático DUW 3001 tiene un diseño ultrafino –solo 3,2 milímetros de altura– y alberga el Swing System de NOMOS para marcar el ritmo. Fabricado, por supuesto, en el taller que la firma posee muy cerca de la estación de tren de Glashütte, el Club Sport neomatik cumple los estándares de calidad asociados a la denominación incluso debajo del agua. Gracias a su caja de acero inoxidable con cristal de zafiro abovedado, este modelo es resistente al agua hasta 200 metros de profundidad y resulta de lo más cómodo en la muñeca durante cada brazada. ¿Un par de datos más? Su cristal de zafiro cuenta con recubrimiento antirreflectante y su reserva de marcha es de 43 horas. Sin duda, se trata de un reloj automático robusto y de gran precisión en el que la única duda radica en decantarse por su versión azul polar o verde petrol. Dos opciones que, como el mejor Champagne, son apreciadas y celebradas por los paladares más exigentes.

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