Patrick Criado

Patrick Criado: “¿Qué más da que por la calle la gente se quiera hacer fotos contigo si al final llegas a casa y estás solo?”

Con solo 25 años es uno de los actores más ocupados de la industria televisiva. Ahora triunfa como uno de los protagonistas de la serie del año, ‘Antidisturbios’, y lo veremos muy pronto en la que tal vez es la serie española del siglo, ‘La casa de papel’

Itziar Matamoros
El actor Patrick Criado (Madrid, 1995), protagonista de la serie 'Antidisturbios', posa vestido de Emporio Armani durante una entrevista para ICON en el Hotel Urso del centro de Madrid.
El actor Patrick Criado (Madrid, 1995), protagonista de la serie 'Antidisturbios', posa vestido de Emporio Armani durante una entrevista para ICON en el Hotel Urso del centro de Madrid.Saul Ruiz

Dos rasgos llaman la atención de Patrick Criado (Madrid, 1995): sus rizos rubios y una mirada clara que le dota de cierto aspecto de buen chico. Cuesta desprenderse de esa impresión cuando lo hemos conocido a través de papeles en los que ha dado vida al malo de la historia: desde narcotraficantes a machistas sin remedio, pasando por macabros psicópatas con cierto aire fascinante. Sale en su defensa diciendo que todos ellos “fueron lo que fueron por las circunstancias que les tocó vivir” antes de recordar al oscuro Fernando Rueda (Mar de Plástico), al polifacético Daniel Arteaga Vargas (Vivir sin permiso) o al caprichoso Nuño de Santillana (Águila Roja), papel que le catapultó a la fama con solo 14 años. A pesar de que reconoce divertirse mucho cuando hace de malo, son muchos los registros con los que cuenta en su portfolio. “En realidad, lo que más me cuestan son los personajes más parecidos a mí mismo”, confiesa.

Patrick, criado prácticamente entre cámaras, habla con pasión de uno de sus últimos trabajos: el que, de la mano de Rodrigo Sorogoyen, le subió al furgón de los antidisturbios más famosos de la pequeña pantalla. Vestirse del idealista agente Rubén Murillo para la entrega que firma Movistar+ (considerada “la serie del año”, según gran parte de la crítica española) ha sido, en boca de Patrick, su papel más importante hasta el momento. Parece ser un imán para los éxitos y el próximo será uno ya establecido: La casa de papel (Netflix), la más vista del mundo en la plataforma. Su incorporación se anunció para la temporada final, junto a Miguel Ángel Silvestre.

“Aluciné cuando viví en primera persona la magnitud de este éxito mundial. Allí, en Dinamarca, no esperaba encontrarme tal cantidad de gente que había venido a ver el rodaje: calles cortadas, un número increíble de personas, muchísimas especulaciones sobre tu personaje… Algunas no iban mal encaminadas y te quedabas diciendo: ‘¡Qué cabrón! ¿Cómo puede saber ciertas cosas?’”, recuerda. “Es un fenómeno mundial y se nota. En un primer momento te puede la presión al pensar que te van a ver millones de personas, pero luego compruebas que trabajas con gente de a pie y ya todo va bien”.

Aunque ha llegado al cuarto de siglo hace poco más de un mes, su currículum delante de la cámara daría para presumir ante actores veteranos. Pero lo cierto es que él estudió para estar detrás, como realizador de cine. “Sería un sueño poder dirigir mi propio proyecto, aunque a la vez da mucho vértigo porque el trabajo de director requiere unas cualidades muy particulares y es tremendamente sacrificado”.

¿Cómo ha hecho para estar viviendo su época dorada como actor en plena pandemia? Más que época dorada, diría que estoy pasando por un momento privilegiado por poder ejercer y trabajar con gente a la que admiro. Considero que he tenido una suerte tremenda, porque como actor siempre estás un poco pendiente de que alguien escriba un personaje para ti, con tus condiciones físicas y características. Que te salga bien el casting y estés en un buen momento. Por ejemplo, si a Rodrigo Sorogoyen no se le hubiera ocurrido escribir un perfil joven como Rubén Murillo que encajara conmigo para Antidisturbios, yo no estaría ahí. Los actores somos frágiles en este sentido… Que todos los factores se hayan alineado para que yo pueda o haya podido trabajar en todas estas series es para considerarse muy afortunado.

Antidisturbios es ya un fenómeno, ¿qué ha supuesto para usted este rodaje? He aprendido muchísimo de Ruy (Sorogoyen). Sobre todo que, para hacer un proyecto como este, hay que entender bien qué se está contando y cómo es tu pieza en esa pirámide que formamos todos, y que tiene que funcionar de forma coordinada. Una de las cosas más interesantes es que Rodrigo te hace muy partícipe del proyecto. Sientes que trabajas con él y no para él.

De cualquier forma, Patrick Criado nunca pensó realmente en ser actor, sino que fue más bien la profesión la que le eligió a él. La manera en la que empezó fue fortuita. “Era un niño muy inquieto, siempre estaba haciendo el tonto, así que mi madre pensó que me lo pasaría bien formando parte de un grupo de teatro y me apuntó”. La organizadora del taller, una tal Anabel, tuvo buen ojo al contarle a su madre “que el niño tenía madera de actor”. Desde entonces, a través de un amigo de la familia que trabajaba en la profesión, le fueron ofreciendo pequeños papeles.

Su primera oportunidad llegó en 2005, participando en Amar en tiempos revueltos. “Eran cosas ocasionales, nunca me lo tomé como un trabajo. Mi infancia fue normal, como la de cualquier niño. Jugaba al fútbol, tenía mis amigos y nadie me consideró nunca ni especial ni distinto”. Añade, con cariño, que recuerda que su primer papel fue de figurante y solo tenía que pasar con su madre de la mano en una escena. Después, siguió coqueteando con la televisión a través de pequeñas intervenciones en Los Serrano o El Comisario y así continuó hasta que le propusieron viajar al Siglo de Oro de Águila Roja, donde estuvo seis años dando vida al consentido vástago de la marquesa de Santillana. “Mis padres siempre me apoyaron, pero lo que más les agradezco es que hayan sabido mantenerme los pies en la tierra. De no ser así, siendo tan pequeño, es muy fácil que se te vaya la olla”, explica.

¿Qué le diría el Patrick de hoy a aquel preadolescente que entró en Águila Roja en 2009? Pues le diría: “Calma”. Que esto es una carrera de fondo, pero que es importante no solo hacer bien tu trabajo, sino saber mantener la cabeza en su sitio. En todos los aspectos de la vida, cuando no te escogen para algo, es porque hay otros trabajos que te están esperando o bien porque es tu momento para experimentar otra clase de vivencias. Le diría que disfrute, que no se acaba el mundo, que no se deje llevar ni por la presión, ni la que nos autoimponemos, ni la que nos ponen a nuestro alrededor. Que todo llega.

Patrick mantiene un gesto calmado, aunque confiesa que, en ciertos ámbitos, no le gusta estar en el punto de mira. A pesar de todo lo que ha vivido, de los viajes y los sitios increíbles que ha conocido durante los rodajes, de las largas jornadas de trabajo y esos días de hermandad continuada con otros compañeros y compañeras con los que llegó a intimar tanto, reconoce que estas experiencias, aunque enriquecedoras, pueden llegar a ser duras y cansadas. Le gusta su profesión, aunque cree que el truco para ser feliz es “no olvidar nunca quién eres y de dónde vienes”. Este joven, natural del barrio madrileño de La Elipa, se ha puesto frente a actores como José Coronado, Rodolfo Sancho, Leonor Watling, Pedro Casablanc o Carmen Maura, pero no se ha sentido tan intimidado por ellos como cabía esperar.

“Me imponen más los directores que los actores; con estos últimos es fácil trabajar porque vamos todos a una”, explica. Aunque tiene grandes amigos del mundillo, como Federico Aguado (a quien conoció en el rodaje de Mar de plástico), con el que prepara los castings y queda a menudo, la mayor parte de sus amistades son “gente de mi barrio, los de toda la vida”. Define la fama como “una mentira”. “¿Qué más da que por la calle la gente se quiera hacer una foto contigo y que te reconozca, si al final llegas a casa y estás solo?”, argumenta, encogiéndose de hombros, y añadiendo que “al final, todos somos lo mismo y no importa demasiado a qué nos dediquemos”.

Sus compañeros en La Casa de Papel, Miguel Herrán y Jaime Lorente, desmontaron esa imagen idílica que tiene su profesión en entrevistas para ICON. ¿Comparte sus opiniones encontradas sobre la fama? La fama no es real y además es algo absolutamente efímero, que sube y baja. Hoy estás en el punto de mira y mañana no. Creo que este altibajo perjudica mucho porque hace que nos creemos corazas para defendernos de ese punto mediático. Lo cierto es que estos compañeros que mencionas han llegado a un nivel de fama que yo ni he olido. Lo que yo he vivido en nada se parece a eso, pero aún así me lo puedo imaginar porque la fama me ha hecho experimentar situaciones incómodas, incluso algunas que me han llegado a enfadar. Muchas veces sales con tus amigos a tomar unas cervezas, a despejarte en un entorno conocido y tranquilo, como cualquier otro trabajador, y tienes que aceptar que te observen y te hagan fotos, a veces a escondidas y sin preguntarte. Soy una persona muy amante de mi intimidad y de mi privacidad y, aunque sé que esto va con mi profesión y lo acepto, me hubiera gustado nacer en una época en la que no todo el mundo pudiera hacerte una fotografía por la calle. Hay que ir con mucho cuidado porque estamos muy expuestos y te la pueden liar… Igual que hay gente muy respetuosa que te para para decirte que tu trabajo le gusta, y eso es maravilloso, también me he encontrado con personas que faltan el respeto, que te cogen literalmente del brazo sin preguntar para que te hagas una foto con ellos, invaden tu espacio y luego, se van sin dar ni las gracias. ¡Me ha pasado más veces de las que me gustaría! En estos momentos, he aprendido a negarles la foto, porque la educación debería ir por delante y nadie está obligado a nada.

Nominado como mejor actor revelación en los Goya con su interpretación al más joven de La Gran Familia Española de Daniel Sánchez Arévalo (2014), Patrick Criado reconoce que también hubo momentos muy duros, incluso nos habla de una época en la que dudó si quería seguir dedicándose a ser actor. Se encontraba sin trabajo, con pocos ánimos, en un año en el que no tenía mucho que hacer y arrepintiéndose de no haber seguido formándose para otras cosas. Su padre le dijo entonces que, si algo se le daba bien, había que intentar ir a por ello y quizá fue eso lo que le hizo no tirar la toalla. Tomó entonces la decisión de irse unos meses a Londres: viajó, vivió y aprendió inglés.

Aunque escasa laboralmente, resultó ser al final una época dulce. “La vida me ha enseñado que no hay que impacientarse demasiado si las oportunidades no llegan, especialmente en una profesión como esta”, dice y nos habla, con cierta nostalgia, de aquellos tiempos en los que podía hacer algo que la situación actual no nos permite: viajar. Antes de la pandemia conoció Tailandia y Vietnam.

Mientras llegue ese momento, seguirá dedicándose a las cosas que le apasionan: el cine y la música y, siempre que se lo permitan, irá a tocar la guitarra con su padre, quien le introdujo en este arte al que ahora dedica gran parte de su tiempo libre. “Me siento un privilegiado por todo lo que estoy viviendo y muy agradecido de que cuenten conmigo, pero tampoco puedo decir que, por tener más trabajo, estoy en la época más feliz de mi vida. Todos los momentos tienen algo bonito y de todos se aprende. Este oficio hay que quererlo, respetarlo y aprender siempre de él, pero también hay que verlo como lo que es: una profesión”.

¿En qué cree que su día a día se diferencia y se parece un día cotidiano al de cualquier ciudadano? Esta profesión es inestable, no tiene horarios. Igual estás trabajando casi 24 horas durante una grabación durante unos meses y después a lo mejor no vuelves a hacer nada en dos años. Personalmente, esto hace que necesite centrarme en el resto de aspectos de mi vida, porque creo que es muy fácil dispersarse. Sigo trabajando para que esto no ocurra, es uno de mis grandes retos. Fuera de ello, no creo que mi día a día sea tan diferente al de cualquiera, especialmente cuando no estoy rodando. Llego a mi casa, me siento en el sofá a ver series o películas, salgo a correr, voy a boxeo, canto, me gusta cocinar. Hago de todo, pero no soy maestro en nada (risas) y lo de la guitarra cada vez me gusta más: me relaja, me permite no pensar. Puedo estar un día entero tocando sin parar.

¿Alguna canción que le salga particularmente bien? Cuando te empecé a querer, de Juanito Makandé.

¿Y algún actor o actriz español con el que le encantaría trabajar en el futuro? Con Javier Bardem. Le respeto y admiro muchísimo profesionalmente, creo que es de los mejores actores que ha dado este país y es, sin duda, de los mejores del mundo.

Junto a La casa de papel tiene pendiente de estreno Bajo cero, dirigida por Lluís Quílez. “Hay otros proyectos sobre la mesa, pero por fechas, y también por los plazos y los retrasos que está causando el coronavirus, se están retrasando. Ahora mismo hay muchas dificultades, así que está todo un poco en el aire”. Patrick sonríe con aire misterioso cuando pedimos saber más sobre La casa de papel. No puede desvelar nada. Le hago prometer, medio en broma, que no harán sufrir demasiado a El Profesor. Su favorito en la serie, me dice, es Palermo. “Todo lo que hace Rodrigo de la Serna me encanta, aunque Berlín (Pedro Alonso) también es brillante”.

Con este último comentario, nos despedimos. Fuera está chispeando, pero me cuenta que no le importa la lluvia, que se irá dando un paseo hasta su casa, a “solo” 25 minutos de allí. “Y si viene un nuevo confinamiento, ¿qué serie me recomendarías?”, le pregunto. “Antidisturbios, por supuesto, pero también hay otra que acabo de ver y me ha gustado mucho: El Colapso (Francia, 2019) que va de un mundo que se desmorona. Como está pasando ahora”.

Vestuario: Emporio Armani. Peluquería: Abel Maya para Arte Efímero Salón. Maquillaje: Ismael Illescas para Bobbi Brown. Producción: Alberto Álvarez. Localización: Hotel URSO. Mejía Lequerica, 8 (Madrid).

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