Labi Siffre, héroe de todo lo demás
Crecí leyendo que los hombres de verdad, sean lo que sean, no presumen. Hoy en día, todo el mundo presume.


Como le ha ocurrido a tantos, he descubierto al músico de folk británico Labi Siffre gracias al cine. Primero fue hace tres años, con la banda sonora de Los que se quedan, tragicomedia de Alexander Payne ambientada en los años setenta en un colegio de Nueva Inglaterra, donde un antipático profesor de historia antigua tiene que pasar las Navidades con los alumnos castigados en el campus. La melancolía que transmite la película tenía su perfecta réplica en Crying Laughing Loving Lying, tema de 1972 del álbum del mismo nombre. Siffre, músico y escritor homosexual nacido en 1945 de madre anglobarbadense y padre nigeriano, tuvo una carrera reconocida —entre 1970 y 1975 publicó seis discos y cuatro más entre 1988 y 1998—, pero luego se perdió en el tiempo.
En los ochenta, después de diez años alejado de la industria musical, lanzó Something Inside So Strong, que se convirtió en un himno anti apartheid y en su mayor éxito. Después, su figura se volvió a desvanecer. Se dedicó a escribir —poesía, ensayos, teatro— y a vivir con su pareja, Peter John Carver Lloyd, y el amante de ambos, Rudolf van Baardwijk, un trío de largo recorrido que se instaló en España. Sus dos compañeros fallecieron en 2013 y 2016 respectivamente. Según Siffre, el amor siempre fue más importante que su trayectoria.
Entre tanto, su preciosa voz nunca desapareció del todo. En I Wonder, Kanye West usaba un sampler de una de mis canciones favoritas, My Song. Eminem o Jay-Z son otros dos raperos que han usado su material como base de algunos de sus temas. En el caso de Eminem, Siffre le permitió el uso de I Got The..., de su Remember My Song (1975), si quitaba de la canción las referencias sexistas y homófobas. Eminen aceptó.
Ahora, Siffre vuelve 28 años después con un nuevo disco titulado Unfinished Business. La película que lo ha devuelto a la actualidad, Valor sentimental cierra su intenso drama paternofilial con la optimista Cannock Chase. Cuando vi la película en el festival de Cannes empecé a escucharla en bucle. Me alegraba los paseos de madrugada.

Es curioso que en estos años la nueva vida de Siffre apenas haya tenido eco en España, pese a que cuenta con todos los ingredientes de una buena historia. Nada nuevo: la abundancia que caracteriza estos tiempos se rige por esa tendencia peligrosa e irresponsable a inundarnos hasta la asfixia de los mismos temas dejando de lado todo lo demás. Y la historia de Siffre pertenece a todo lo demás.
En una extensa historia que publicó The Guardian, Siffre aseguraba que su homosexualidad fue un problema de cara a la industria y él nunca dudó sobre sus prioridades. En 1998, un ictus paralizó a su marido, su compañero desde los años sesenta. Hasta su muerte, en 2013, el músico se dedicó a cuidarlo. Tres años después, falleció su otra pareja. Como cuenta en la entrevista, la familia que formaban los tres fue el centro de su vida. También afirma que nunca cambiaría su forma de ser, y que lo suyo nunca fue saber venderse: “Crecí creyendo que los hombres de verdad, sean lo que sean, no presumen. Hoy en día, todo el mundo presume. Aunque a la gente le cueste creerlo, ser rico y famoso nunca estuvo en mis planes”.
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