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“Soy una mierda en todo lo que no sea actuar”: Cillian Murphy, el nominado al Oscar más humilde de la historia

La gran estrella de ‘Oppenheimer’ es uno de esos actores alérgicos a Hollywood que procuran vivir lejos, posar poco, promocionar lo justo y centrarse en proyectos que defiendan exactamente las causas en las que cree

Cillian Murphy
Cillian Murphy en la aldombra roja del London Film Festival en 2016.John Phillips (Getty Images)
Eva Güimil

Esta semana, Cillian Murphy (Cork, 47 años) ha recibido su primera nominación al Oscar por su papel en Oppenheimer –un anuncio que le sorprendió tomando el té plácidamente con su mujer y sus padres–. Por ese mismo trabajo ya se llevó, hace unas semanas, el Globo de Oro al mejor actor principal. Pero para la mayoría del público, Murphy sigue siendo el sanguinario Thomas Shelby de la exitosa Peaky Blinders y, para quien jamás ha visto un trabajo suyo, es un meme.

Internet ha memeficado su permanente actitud de incomodidad y tecleando “Cillian decepcionado” se pueden encontrar miles de bromas en redes sociales. Su rostro se ha hecho un hueco en la red, entre gatitos tristes y coreografías clonadas, pero él vive ajeno al suceso porque carece de redes sociales. Es, en sus propias palabras, “demasiado viejo para ello”.

Su conversión en evanescente fenómeno pop no está asociada a su exitosa interpretación de Oppenheimer, sino que ocurrió en Tumblr en julio de 2017, cuando un usuario acompañó varias fotos del actor en ruedas de prensa con el texto: “Cillian Murphy siempre parece como si alguien en algún lugar lo estuviera decepcionando”. En todas Murphy parecía ajeno a la conversación con los periodistas, se mantenía serio, distante y con aire displicente. A partir de ahí las redes hicieron su magia y su imagen se multiplicó como había sucedido con el #sadAffleck (surgida a raíz del escarnio por la profunda tristeza que Ben Affleck aparentaba durante una entrevista promocional de La liga de la justicia).

Puede usted no recordar el nombre de Murphy, pero es difícil que olvide su cara, esos inmensos ojos azules en los que Matt Damon, su compañero en Oppenheimer, afirmó que a veces “nadaba”. Su rostro anguloso puede ser demoníaco o armónico. ”Tiene la bendita maldición de la belleza”, dijo de él Sally Potter, que lo dirigió en The Party (2017), “pero a él no le interesa lo más mínimo”. Podría ser un galán clásico, pero ha manifestado un absoluto desinterés por la comedia romántica. También por las promociones, las alfombras rojas, las entrevistas y todo lo que implique el juego de Hollywood y no la pura interpretación.

Cillian Murphy en el estreno de '21 gramos' en Los Ángeles en 2003.
Cillian Murphy en el estreno de '21 gramos' en Los Ángeles en 2003.Steve Granitz (WireImage)

“Nunca he estado interesado en esas cosas. Siempre me ha interesado solo el trabajo. Soy una mierda en cualquier otra cosa que no sea un actor. Soy una mierda para ser una celebridad. Soy una mierda en las alfombras rojas. Soy una mierda en los programas de entrevistas. Soy una mierda en todas las cosas que implica el trabajo promocional”, afirmó.

La intensidad de su mirada también cautivó a Christopher Nolan. Mientras preparaba Batman Begins (2005) se encontró una foto de Murphy en 28 días después y no se pudo quitar de encima aquellos “ojos locos”. Hizo una audición para el papel principal, aunque ambos sabían que no era el candidato adecuado para ser Bruce Wayne. “Cuando comenzó a actuar, todo el equipo, todos en la habitación, prestaron atención”, confesó Nolan fascinado. Hasta ese momento los villanos de Batman siempre habían sido estrellas: Jack Nicholson, Arnold Schwarzenegger, Jim Carrey… Iba a costar convencer al estudio de que aquel irlandés desconocido podía ser un buen antagonista, pero en cuanto vieron las pruebas no tuvieron dudas: habían encontrado a su Espantapájaros.

Murphy pasó a formar parte de la troupe de Nolan. Además de la saga del murciélago, tiene un papel relevante en Origen (2010) y aparece en Dunkerque (2017). Cuando el director se planteó llevar a la pantalla la monumental American Prometheus de Kai Bird y Martin Sherwin, una biografía de Robert Oppenheimer, el científico tras la bomba atómica, tenía claro quién sería su protagonista. “Trato de no pensar en los actores mientras escribo, pero los ojos de Cillian son los únicos ojos que conozco que pueden proyectar esa intensidad”, declaró a The New York Times.

Cuando el director lo llamó (técnicamente fue su mujer quien lo llamó, porque Christopher Nolan no tiene teléfono) no dudó en aceptar: sabía que hay pocos personajes tan agradecidos. El papel era de una complejidad extraordinaria, también en el aspecto físico. Oppenheimer sobrevivía a base de Martinis y tabaco y el ya de por sí espigado Murphy tuvo que perder mucho peso, además de vivir 57 días imbuido en el nada sofisticado sistema de rodaje de Nolan, que no incluye hoteles lujosos ni limusinas con chofer. “No fue glamouroso. Trabajando con Chris todo es equitativo, nadie tiene remolques o maquillador personal y todo el mundo se sube al mismo autobús. Es cine independiente a gran escala y así es como disfruto trabajando”, explicó a Los Angeles Times.

Robert Downey Jr. y Cillian Murphy en la gala de los Governor's Awards en Hollywood este mes de enero.
Robert Downey Jr. y Cillian Murphy en la gala de los Governor's Awards en Hollywood este mes de enero.Christopher Polk (WWD via Getty Images)

El resultado ha sido inmejorable. Murphy ha conquistado ya el Globo de Oro y es un firme candidato a llevarse la estatuilla en la próxima gala de los Oscars, donde Oppenheimer parte como la película con más nominaciones. Además ha sido un éxito de taquilla: lleva recaudados más de trescientos millones de dólares, una cifra nada desdeñable para un film de más de tres horas sobre un físico. Algo a lo que ha contribuido el fenómeno Barbenheimer, el estreno simultáneo de ambas que consistió en mostrarlas como una experiencia indivisible y no como una encarnizada lucha en taquilla. Murphy fue de los que se apuntaron al evento, aunque tuvo que ver la película de Greta Gerwig en solitario: el estreno de Barbie lo pilló en la presentación mundial de su película en París y cuando llegó a casa su mujer y sus hijos ya la habían visto.

La agotadora promoción de Oppenheimer ha sido terreno pantanoso para una persona tan celosa de su intimidad, aunque ha tenido una buena escuela. Peaky Blinders, el drama de gángsters británico que se emitió durante seis temporadas, se convirtió en un éxito impredecible que hizo de Murphy una estrella internacional. El sangriento Thomas Shelby, un Tony Soprano elegante y apolíneo, aparece estampado en camisetas, su estilo es desgranado en elogiosos editoriales de moda y su ya icónico corte de pelo –del que tantas ganas tenía de librarse el actor– es uno de los más solicitados en las barberías.

La televisión aporta una popularidad desmedida, algo que no estaba en su agenda cuando aceptó el papel, pero la emisión de la serie en Netflix multiplicó su audiencia. “No me gusta que la gente me fotografíe. Me parece ofensivo”. Cuando se le acercan extraños es consciente de que la gente quiere ver a Shelby, no a él. “La gente espera que sea misterioso y fanfarrón”, explica. Y por ello teme decepcionarlos. “A veces me siento un poco triste por no poder proporcionar su carisma y arrogancia. Shelby no puede estar más lejos de mí”.

Crecer “como irlandeses”

Cillian Murphy es hijo de dos maestros del condado de Cork. Tiene tres hermanos y se crió en un ambiente cultural que favoreció su primera pasión: la música. En la adolescencia formó un grupo, Sons of Mr Green Genes (Hijos del señor genes verdes), al que en 1996 Acid Jazz Records le ofreció un contrato de grabación, la máxima aspiración de cualquier músico... si no fuera porque mientras esperaba la oferta se le había metido dentro el gusanillo del teatro. Una representación de La naranja mecánica le había cambiado la vida y cuando tuvo que elegir entre continuar con la banda o aceptar un papel en la obra de teatro Disco Pigs de la dramaturga irlandesa Enda Walsh, no tuvo dudas. La obra se convirtió en un pequeño fenómeno que tuvo otra feliz consecuencia: le permitió conocer a la que sigue siendo su esposa.

Repitió el papel en su adaptación cinematográfica y ahí fue descubierto por la directora de reparto de 28 días después (2002), que supo que había encontrado al protagonista perfecto. Si el film de zombies –o infectados– de Danny Boyle lo puso en el mapa, su interpretación de una adolescente transexual en Desayuno en Plutón (2005), la adaptación de Neil Jordan de la novela de Patrick McCabe, le consiguió su primera nominación a los Globos de Oro. Para prepararse para el papel pasó semanas recorriendo los clubs de travestis de Londres maquillado y vestido como su personaje. A Jordan no le apetecía volver a abordar una temática que ya había retratado en Juego de lágrimas –ambigüedad sexual, IRA y clubs nocturnos–, pero fue Murphy quien le insistió durante años. Aunque la película obtuvo críticas tibias, su compleja interpretación salió bien parada.

Cillian Murphy en la fiesta de  los premios Men of the Year organizados por la revista GQ en Londres en 2006.
Cillian Murphy en la fiesta de los premios Men of the Year organizados por la revista GQ en Londres en 2006.Fred Duval (FilmMagic)

Otro brillante director británico, Ken Loach, le proporcionó el que hasta ahora es su papel favorito, el del médico que abandona su profesión para luchar por la libertad de Irlanda en El viento que agita la cebada (2006). Murphy es un irlandés orgulloso de sus orígenes. Tras pasar catorce años en Londrés volvió a Irlanda en 2015 para criar a su hijos “como irlandeses” y cerca de sus abuelos. También para huir de los vientos del Brexit que se cernían sobre Inglaterra, “Nos sentíamos como ratas de un barco que se hundía, era el momento adecuado para volver”, confesó.

Su vida está muy lejos de la que se le supone a una estrella. No es un obseso del trabajo, disfruta de los meses que pasa entre un proyecto y otro, le gusta pasar tiempo con su familia, pasear a su perro, cocinar, –su mujer y él son vegetarianos– y charlar con su amigo Colin Farrell. La música sigue siendo importante en su vida y también correr (ha participado en la media maratón de París).

Mientras promociona Oppenheimer en la carrera hacia los Oscars, a regañadientes pero con profesionalidad, finiquita un proyecto mucho más pequeño y personal en el que lleva tiempo trabajando, la adaptación de Small Things Like These de Claire Keegan, una obra desgarradora sobre la complicidad de la sociedad irlandesa en las lavanderías de la Magdalena, la tragedia de miles de mujeres irlandesas que durante años fueron sometidas a abusos en asilos dirigidos por monjas católicas. Un drama nacional que ya abordó hace veinte años Peter Mullan en la devastadora Las hermanas de la Magdalena (2002). Esta vez Murphy, además de como protagonista, ejercerá de productor por primera vez junto a Matt Damon y Ben Affleck.

Se estrenará en febrero durante el Festival de Cine de Berlín, por lo que tendrá que multiplicarse, algo que no le preocupa. Está orgulloso de la historia que tiene entre manos. “En Irlanda todavía no hemos procesado lo que pasó con la iglesia y el arte puede ser un bálsamo para ayudarnos con ello”. Eso, y no las alfombras rojas, es por lo que un día decidió ser actor.

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Sobre la firma

Eva Güimil
Eva Güimil (Mieres, 1972) ha sido directora y guionista de diversos formatos de la televisión autonómica asturiana. Escribe sobre televisión en EL PAÍS y ha colaborado con las ediciones digitales de Icon y 'Vanity Fair'. Ha publicado la biografía de Mecano 'En tu fiesta me colé'.
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