La reina Letizia y el futuro de la lana española protagonizan el ecuador de Madrid Design Festival
La Institución Libre de Enseñanza acoge un proyecto transversal que ha contado con la visita de la reina y que aspira a revitalizar el ‘oro blanco’ por medio de la industria y el diseño contemporáneo


Durante siglos, la lana española, apodada ‘oro blanco’, viajó por toda Europa alcanzando un valor económico y social que conectó a comunidades rurales de la Península Ibérica con florecientes ciudades, particularmente de Extremadura a Flandes. La foto actual, sin embargo, desvela un futuro desolador: el 90% de la lana española no encuentra una salida comercial y su consumo mundial se ha reducido al 1% entre las fibras textiles. Como consecuencia, el ganado ovino ha caído en picado (10 millones de ovejas menos en apenas medio siglo) provocando el abandono rural y la pérdida de la trashumancia.
Lanzar un mensaje de alerta sobre esta situación, proteger y plantear alternativas que contribuyan a la revitalización económica y social de esta industria milenaria, son los objetivos que persigue Alianza por la Lana, la iniciativa impulsada desde 2025 por Madrid Design Festival junto a un grupo de profesionales del sector. Durante estas semanas, las diferentes exposiciones y actividades gratuitas que acoge el Instituto Libre de Enseñanza (Paseo del General Martínez Campos, 14), una de las sedes del certamen madrileño bajo el subtítulo de Fiesta Design, se han propuesto poner en valor este recurso natural dentro de la industria y del diseño contemporáneo. El mensaje es claro: mucho más cualitativa que las fibras sintéticas al mantenerse intacta con el tiempo, regular la temperatura o resultar hipoalergénica, la lana es además un activo sostenible, ya que puede descomponerse en pocos meses y aporta nutrientes al suelo.
Propiedades positivas que justifican la recuperación del ganado ovino y que la reina Letizia respaldó el año pasado con una Audiencia Real junto a sus impulsores en el Palacio de la Zarzuela. Con la visita, en esta edición, a las principales instalaciones (abiertas al público de forma gratuita hasta el 22 de febrero), su majestad refuerza el papel institucional dentro de la causa, que este año incorpora a su agenda el proyecto estratégico de Metamorfosis junto a marcas y profesionales del sector, para regenerar el paisaje a través del pastoreo y el diseño.

La iniciativa, según desvelan en el festival, medirá el impacto real de seis rebaños (más de 4.400 ovejas) en distintos territorios del país, con el fin de postularse como una herramienta eficaz en la gestión territorial al desarrollar sistemas de geolocalización y trazabilidad completos, promover nuevos productos con lana certificada o evaluar su impacto en la mejora del suelo, ya sea al prevenir incendios o revitalizar la economía de las zonas rurales. En paralelo, el ILE acogerá otras muestras con el futuro de la lana como centro temático. El recorrido arranca con la instalación Relevo Generacional, diseñada por la artista Kavita Parmar junto al patrocinio de Amazon, que pone en primer plano el gran reto que asumen los antiguos oficios en general, que no es otro que su continuidad entre las nuevas generaciones.
Una pieza dedicada a la trashumancia y la lana española, ideada por colectivos creativos como Las Hidalgas o Made in Slow, será el núcleo de una exposición que plantea la visión de este material históricamente infravalorado como un recurso cultural y económico en alza a través del diseño, la tecnología o el acceso a nuevos mercados de pequeños talleres a través del comercio electrónico. Un relato que mira al pasado con respeto (para no perderlo) y al futuro con responsabilidad sin caer en la nostalgia.

Siguiendo con la lana como hilo conductor, la próxima parada es Materia en tránsito: la lana como territorio postnatural, la instalación de Mónica Sánchez-Robles comisariada por Francisco Cuéllar. Una reflexión sobre el presente asfixiado que vive un material que llegó a sustentar la economía del país en el pasado, siendo el principal agente de la trashumancia, una práctica declarada en 2023 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La muestra reflexiona sobre el papel de las vías pecuarias como antiguos corredores biológicos, que mantenían el ecosistema en equilibrio al fertilizar los suelos o prevenir los incendios con el movimiento estacional de los rebaños.
Hoy, sin embargo, gran parte de la lana se desecha, ya que esquilar cuesta más que venderla. Un gran mundo en forma de ovillo que acapara el centro de la sala, representa metafóricamente la distancia entre el valor cultural y el valor de mercado.
Dentro también del marco de Fiesta Design, se podrán ver otras instalaciones vinculadas al material como JATORRI, volver a casa, creada por Villalón Studio. El proyecto que lidera la interiorista María Villalón, se acoge a la filosofía sostenible del restaurante con tres estrellas Michelin Azurmendi, entendiendo el diseño no solo como capa estética sino como un ejercicio consciente de volver al origen. En este contexto, la lana de Latxa, un elemento profundamente ligado al territorio vasco donde pertenece el restaurante, se alza como protagonista.
A través de lanas, hilos y volúmenes, en la obra Movimiento número 4, de la madrileña Koral Antolín, artista conocida por convertir el lenguaje textil en su principal forma de expresión, el visitante comparte una reflexión sobre la vida como un flujo constante (la trashumancia en sí), entre tradición textil y experimentación contemporánea. Y en la propuesta de devolver a la lana su lugar primordial dentro de la industria, la instalación Raíces, de la artesana textil Regina Dejiménez, visibiliza el proceso que acompaña a una pieza de mobiliario fabricada en este material hasta llegar al consumidor final.

Con un diseño envolvente de 180 grados, creado por Javier Cuñado, la butaca Badminton de Actiu –la marca de mobiliario especializada en entornos corporativos que impulsa esta muestra– es el eje de la sala que evidencia las diferentes fases en las que intervienen personas, oficios y demás elementos naturales para hacerlo posible. “Habla de esa cadena de valor que muchas veces permanece oculta”, explica Dejiménez. Como sucede en mucho ámbitos de la vida cotidiana (y no solo en el de la lana), es el gran impulsor de todo lo que hacemos.
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